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Los africanos que se cortan y hacen cicatrices en la cara

  • La escarificación, como se conoce la realización de cortes superficiales en la piel con fines rituales, ha sido utilizada durante muchos siglos en partes de África para indicar la herencia tribal de una persona. Es una tradición que se ha vuelto menos frecuente, pero todavía hay gente que quiere llevar las marcas de sus ancestros. Este artículo contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad de algunas personas.
En la ciudad de Quidah, en el sur de Benín, un ritual de vudú está a punto de ocurrir tras dos días de ceremonia.

Los Houeda, uno de los grupos étnicos en Benín, consideran que la escarificación de niños, usualmente en su rostro, los conectará con sus ancestros.

A los niños se les da nombre nuevos, se les corta el pelo al rape y se les lleva a un convento donde un oráculo los ayuda a comunicarse con antiguas generaciones.

"Esta es parte de nuestra tradición y es muy importante para mí", dice Genevieve Boko. Su hija de seis meses, Marina, y sus sobrinos Luc y Hospice, de 10 y 12 años, están por hacerse la escarificación.

El lugar donde se hará la incisión se marca con cenizas y en pocos segundos se hacen las cortaduras.
"Mis amigos me preguntaron si me dolió y si lloré y dije que ‘No’", dijo Luc después. "Antes, cuando caminaba por la calle con mi hermano mayor que tiene las cicatrices, la gente no creía que era mi hermano. Ahora estoy contento porque lucimos igual".

Desde que su esposo murió, Gamba Dahoui, ha estado a cargo de las escarificaciones locales. Ella limpia las incisiones con plantas medicinales y ginebra. También coloca carboncillo en las heridas para ayudar a que cicatricen.

Dahoui siempre usa el mismo cuchillo, ignorando la recomendación oficial de utilizar nuevas hojillas esterilizadas para cada persona con el fin de evitar el riesgo de infecciones por transmisión sanguínea como el tétano y el VIH:

Sin embargo, la escarificación se está volviendo menos popular. Un número cada vez mayor de familias solo toma parte en la primera parte de la ceremonia antes de que se hagan las incisiones.

"Con mis cicactrices me identifican adonde quiera que vaya", dice Fleury Yoro, quien viene de Atacora en el norte del país. "Si hubiese podido elegir no habría querido quedar con cicatrices así".
Yoro dice que cuando estudió en la mayor ciudad de Benín, Cotonou, muchos se burlaban de él por sus cicatrices. Algunas personas "no quería que nadie pensara que ellos podían ser amigos de un salvaje así", agrega.

Otros tienen diferentes razones para decidir que no pasarán las cicatrices a las generaciones más jóvenes. Sinkeni Ntcha practicó el ritual con sus primeros tres niños y después dejó de hacerlo "debido al Sida", dice. "Las navajas tienen que ser cambiadas cada vez, pero los jefes se negaron".

Para Ntcha, pertenciente a los Otomari, las marcas "no sirven para nada". Indica que la cultura tradicional se puede expresar en otros formas a través del lenguaje, danzas, ceremonias de iniciación y la arquitectura.

Muchos Otomari siguen optando por la escarificación, incluyendo algunas mujeres que se hacen cortaduras en sus espaldas y en el abdomen para "mostrar tu valor", dice Edith (foto de arriba). Los estampados son muchas veces similares a los diseños en las paredes de los edificios locales.

Marina, la hija de Genevieve Boko, (abajo) tenía seis meses cuando fue marcada. En algunas zonas de Benín a los bebés se le hace la escarificación a la semana de haber nacido.

En la vecina Nigeria las preocupaciones sobre los derechos del niño llevaron a algunos estados a promulgar leyes que prohíben la práctica en menores.

Pero esta no es una medida que sería bien recibida por todos en Benín.

"No estamos violando los derechos de los niños, simplemente le estamos enseñando a los niños de donde vienen y lo que pasarán en la vida", señala Telesphore Sekou Nassikou, editor jefe de una estación de radio de Natitingou en el noroeste del país.

Para él, las cicatrices llevan un mensaje. "Tengan cuidado, hay dolor en este mundo y lo tendrás en tu vida. Sin embargo el dolor parará, si lo puedes resistir".

BBC

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