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Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

La revista de Historia de la BBC ha resumido, según la opinión de veinte arqueólogos e investigadores, los enigmas y misterios más desconcer...

En Siberia: Hallan el brote de peste más antiguo del mundo

El hallazgo de ADN en restos de un grupo de cazadores-recolectores revela el brote de peste más antiguo conocido, ocurrido hace más de 5.000 años. La cepa causó la muerte principalmente de niños y jóvenes.


Hace unos 5.500 años, grupos de cazadores-recolectores que habitaban la región del lago Baikal en Siberia (Rusia) se alimentaban en grandes cantidades de urogallos, ciervos, alces, peces, focas y marmotas.

Esta población se convirtió en víctima del brote de peste más antiguo que se conoce, afectando especialmente a niños y adolescentes, detalla una investigación publicada el miércoles (17.06.2026) en la revista Nature.

El origen de la peste más antigua en Asia

En el ADN obtenido en cuatro sitios de sepultura de la zona se encontró la cepa más antigua conocida hasta ahora de Yersinia pestis, la bacteria de la peste. Las muertes ocasionadas presagiaron el inmenso sufrimiento que este patógeno causó a la humanidad.

Los científicos explicaron que el brote fue particularmente letal para los jóvenes, a juzgar por los sitios de entierro, y lo atribuyeron a rasgos genéticos que ya no están presentes en la versión actual del patógeno.

"Los hallazgos cambian fundamentalmente la forma en que pensamos sobre los orígenes y el impacto temprano de uno de los patógenos más trascendentales de la humanidad", afirma el autor principal, el genetista evolutivo Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague.

Transmisión zoonótica de la peste

La evidencia también respalda que las marmotas fueron la especie transmisora original de la bacteria, y que la peste surgió en el centro o noreste de Asia antes de propagarse por Eurasia.

"Es solo gracias al desarrollo de métodos para estudiar el ADN antiguo que hemos descubierto que ha estado presente durante mucho más tiempo de lo que sabemos por los registros históricos. Es una enfermedad zoonótica, un patógeno que se mantiene principalmente en roedores en lugar de humanos, pero que ha pasado repetidamente a los seres humanos con efectos devastadores", señala el coautor Ruairidh Macleod, genetista evolutivo de la Universidad de Oxford.
Las epidemias que causaron un gran número de muertes en Europa

El segundo caso más antiguo conocido de peste data de hace entre 5.300 y 5.000 años en Letonia, a unos 5.000 km de distancia.

Dos epidemias mataron a un gran porcentaje de la población europea: la Plaga de Justiniano en el siglo VI y la Peste Negra en el siglo XIV, cuando la peste se transmitía a las personas a través de picaduras de pulgas infectadas, que eran transportadas por ratas.

Un brote que se produjo mucho antes de la agricultura

Durante mucho tiempo se había supuesto que los brotes significativos de peste ocurrieron solo después de que la humanidad comenzó la agricultura y estableció asentamientos con altas densidades de población.

También se pensaba que las primeras cepas pudieron haber sido leves. El descubrimiento de que la peste mató a cazadores-recolectores prehistóricos que deambulaban por un paisaje boscoso remoto en grupos de docenas de personas contradice esas nociones.

En las cercanías del lago Baikal se detectó Y. pestis en 18 de los 46 cuerpos examinados, una tasa más alta que en algunas fosas de entierro de la peste medieval. Para Macleod, encontrar evidencia de un brote de peste letal a gran escala entre estos cazadores-recolectores fue una "sorpresa total".
Una etapa de transición para la peste

Los investigadores recuperaron múltiples genomas de Y. pestis preservados en los dientes de las víctimas enterradas por la peste. Estas cepas estaban muy cerca de la raíz ancestral de una bacteria que se había separado de su predecesor evolutivo solo dos siglos antes.

"El patógeno parece representar una etapa de transición en la evolución de la peste: ya era capaz de causar una enfermedad grave, pero aún no poseía el conjunto completo de adaptaciones observadas en las cepas pandémicas posteriores", explica Willerslev.

Niños y jóvenes, principales afectados

Las cepas antiguas carecían de un gen que facilitaba la transmisión a través de pulgas. Tampoco producía dolorosas inflamaciones en los ganglios linfáticos más cercanos, como ocurrió en las epidemias posteriores.

Sin embargo, estas cepas poseían una variante genética ausente en las cepas de peste posteriores que puede causar complicaciones inflamatorias graves en niños, lo que explicaría por qué muchos de los enterrados eran menores.

"Esta susceptibilidad es mayor para los niños de 8 a 12 años, y es claramente un patrón de mortalidad completamente diferente al que vemos en otros sitios de cazadores-recolectores de Baikal donde no se detecta la peste", cuenta Macleod.

La trampa de las marmotas

Estos cazadores-recolectores entraban en estrecho contacto con las marmotas, y los investigadores señalan que probablemente los roedores propagaron la infección. En otros sitios de entierro se hallaron colgantes hechos con los dientes frontales de marmotas, que habrían sido una fuente de alimento.

"Es posible que algunas personas hayan entrado en contacto con una marmota infectada, probablemente al manipularla o al comer carne de marmota mal cocida", explica Macleod.

Después de que el patógeno dio el salto de las marmotas a las personas, los investigadores creen que se propagó a través de la transmisión de humano a humano, por ejemplo, al toser.

"Las infecciones por peste están generalizadas entre los individuos, y aparentemente muchas personas estrechamente emparentadas murieron de peste al mismo tiempo", detalla Macleod.

"Este brote devastó a las comunidades de cazadores-recolectores de la época. Está claro que al menos unas pocas personas quedaron con vida para enterrar a los muertos, y claramente sabían quién era quién, ya que los hermanos jóvenes fueron sepultados juntos en tumbas compartidas", concluye Macleod.

Fuente: DW

Groenlandia revela un misterio histórico: la humanidad contamina con mercurio desde hace 4.000 años

El hallazgo obliga a recalcular el mercurio de origen humano y a mejorar los modelos de emisiones actuales.


El ser humano contamina el medioambiente con mercurio desde antes de lo que se pensaba, según un estudio internacional con participación del CSIC y publicado en la revista Science Advances. En concreto, los resultados apuntan a que las emisiones antrópicas de metal tóxico comenzaron al menos durante la Edad de Bronce, hace unos 4.000 años.

Para llegar a esta conclusión, los expertos han reconstruido la historia de la contaminación por este elemento con datos recogidos en un núcleo de hielo de más de 1.200 metros (m) extraído en el marco del Proyecto de Núcleos de Hielo del Este de Groenlandia abarca todo el Holoceno, desde hace 11.700 años hasta la actualidad.

Este núcleo fue tratado en tres fases: primero, se cortó meticulosamente en trozos más pequeños, equivalentes a periodos de cinco años; segundo, se limpió para evitar la contaminación cruzada; y tercero, los trozos de hielo se derritieron en el laboratorio para su análisis.

"Este registro es único por su duración y su alta resolución temporal", ha destacado el investigador del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC) y autor del estudio, Ari Feinberg.

Según el equipo investigador, las emisiones de mercurio en el pasado fueron de una magnitud lo suficientemente relevante para que dejara huella en el hielo de Groenlandia. "Solemos pensar que los humanos llevamos contaminando el planeta solo un par de siglos, pero esta nueva investigación revela que, en el caso de mercurio, hablamos de milenios", ha explicado Feinberg.

Las fuentes de estas primeras emisiones podrían haber sido el refinado de minerales de cobre y estaño o el uso de cinabrio, un mineral rico en mercurio muy apreciado como pigmento rojo y como medicamento, de acuerdo con los expertos. De hecho, el investigador ha apuntado a cómo arqueólogos han encontrado niveles altos de mercurio en huesos humanos procedentes de yacimientos funerarios de la Península Ibérica, "lo que sugiere que el cinabrio se utilizó de forma generalizada en ese periodo".

"La señal captada en el núcleo de hielo de la remota zona central de Groenlandia podría ser un indicio temprano de que las emisiones de mercurio ya eran lo suficientemente elevadas como para extenderse por toda la atmósfera del hemisferio norte", ha explicado.

Además, los datos del núcleo de hielo muestran que la contaminación no ha hecho sino agravarse con el tiempo. Por esta parte, los científicos han señalado que la acumulación de mercurio en Groenlandia se multiplicó por 2,7 desde el siglo XIII y por 7,4 a partir de 1840, coincidiendo con la revolución industrial. La metodología empleada permite distinguir estas emisiones humanas de los picos naturales de mercurio provocados por erupciones volcánicas, como las del volcán Laki, en Islandia, en 1783, o la del volcán Novarupta, en Alaska, en 1912.

El CSIC ha destacado que este avance contribuye a conocer mejor el origen y la evolución de las emisiones históricas de este contaminante al medio ambiente por parte del ser humano. "Este estudio podría ayudar a determinar cuándo comenzaron las emisiones humanas, un dato que no solo zanjaría un debate abierto en la comunidad científica, sino que permitiría monitorizar con más precisión el cumplimiento de los convenios internacionales sobre el uso de este metal tóxico", ha concluido el también investigador del IQF-CSIC y autor del estudio Alfonso Saiz López.

Asimismo, ha apuntado al Convenio de Minamata sobre el Mercurio, que busca desde su entrada en vigor en 2017 proteger el ecosistema y la salud humana de la contaminación por mercurio mediante la reducción de su uso. Según Feinberg, la capacidad para evaluar su eficacia y pronosticar la recuperación del ecosistema "se ve dificultada por las incertidumbres asociadas a las emisiones históricas causadas por el ser humano a lo largo de la historia".

Dado que aporta nuevas evidencias de que los seres humanos comenzaron a alterar los niveles de mercurio en el medioambiente antes de lo que se pensaba, obligará a reevaluar la cantidad de mercurio de origen humano presente en la actualidad. "Esperamos que esto ayude a mejorar los modelos actuales de emisiones de mercurio y con ello poder monitorizar y limitar su uso", ha añadido el investigador.

Fuente: el economista

El enigma del Boeing 727 que desapareció sin dejar rastro hace 23 años

El destino del Boeing 727-223, que despegó sin permiso y sin iluminación desde el aeropuerto Quatro de Fevereiro en Luanda (Angola) el 25 de mayo de 2003, continúa siendo uno de los enigmas más desconcertantes de la historia de la aviación. 


Aquel día, poco antes del atardecer, la aeronave (que había permanecido inmovilizada durante aproximadamente 14 meses debido a deudas impagadas y disputas contractuales) despegó a pesar de no tener autorización para hacerlo. Hoy, más de dos décadas después, no existe ninguna pista que permita reconstruir con precisión la trayectoria del vuelo o lo que ocurrió tras el despegue.

El avión se fabricó en el año 1975 y, en sus orígenes, formó parte de la flota de American Airlines, donde operó durante años hasta ser retirado del servicio comercial a finales del verano de 2001. Posteriormente, en marzo de 2022, aterrizó en Angola para servir como aeronave de carga para el transporte de combustible diésel. 

Sin embargo, la aeronave pronto se vio envuelta en una serie de complicaciones administrativas y logísticas: facturas sin pagar, documentos extraviados o robados y diversos problemas de seguridad que dificultaban su operación. Apenas dos meses después, en mayo de 2002, el avión quedó estacionado el aeropuerto, inmóvil y aparentemente olvidado.

El misterio del Boeing 727-223

Se cree que el 25 de mayo de 2003, dos individuos accedieron a la aeronave. Uno de ellos habría sido el piloto e ingeniero de vuelo estadounidense Ben C. Padilla, mientras que el segundo, John M. Mutantu, era un mecánico de la República del Congo. Ninguno de los dos contaba con la certificación necesaria para operar un Boeing 727, por lo que requerían un tercer tripulante para poder manejarlo con seguridad.

Poco después, el avión comenzó a desplazarse por la pista sin establecer ningún tipo de comunicación con la torre de control. Desde la torre intentaron contactar repetidamente con la aeronave, pero no recibieron respuesta. Sin luces exteriores y en completo silencio operativo, el avión logró despegar y puso rumbo suroeste sobre el océano Atlántico antes de desaparecer del radar. 

En ese momento llevaba aproximadamente 53.000 litros de combustible, lo que le otorgaba una autonomía estimada de unos 2.400 kilómetros. Desde entonces no se ha vuelto a tener noticias ni del avión ni de los dos ocupantes.

No se conoce con precisión la distancia que pudo haber recorrido la aeronave tras el despegue, pero algunos informes señalan que llegó a solicitar autorización para aterrizar en las Islas Seychelles. 

La distancia aproximada entre el punto de salida y ese destino es de unos 5.149 kilómetros. Sin embargo, para cubrir este recorrido, el avión habría tenido que repostar en algún otro lugar intermedio, algo de lo que no existe ningún registro oficial.

La hermana de Padilla, Benita Padilla-Kirkland, declaró en 2004 que su familia creía que él podría haber estado al mando y que quizá el avión se había estrellado en algún lugar remoto de África o incluso que él pudiera estar retenido contra su voluntad. 

Por otro lado, en julio de 2003 surgió el rumor de un posible avistamiento del avión en Conakri, Guinea, aunque posteriormente el Departamento de Estado de Estados Unidos descartó esta información. Documentos filtrados más tarde indicaron que se realizaron búsquedas internacionales en distintos países, incluyendo Sri Lanka y Nigeria, sin ningún resultado.

Las desapariciones más misteriosas de la historia

En 1935, Amelia Earhart quería completar la primera vuelta al mundo sobre la línea del ecuador. Sin embargo, Earhart y su navegante Fred Noonan desaparecieron poco después de despegar de Lae, en Papúa Nueva Guinea, el 2 de julio de 1937. 

Las condiciones meteorológicas en la ruta eran complicadas y se cree que pudieron contribuir a la desorientación de la aeronave, lo que habría llevado a Earhart a quedarse sin combustible en algún punto del Pacífico. A lo largo de los años también han surgido teorías alternativas, como la posibilidad de un aterrizaje forzoso en una isla bajo control japonés, seguido de su captura o ejecución, aunque ninguna de estas hipótesis ha sido confirmada.

La misteriosa tragedia que ayudó a consolidar la leyenda del Triángulo de las Bermudas se remonta al 5 de diciembre de 1945, cuando cinco bombarderos estadounidenses desaparecieron durante una misión de entrenamiento en las proximidades de Florida. 

Un extenso informe militar de más de 500 páginas planteó como explicación más probable que los pilotos se desorientaron durante el ejercicio, lo que, sumado a un posible agotamiento de combustible, habría provocado su caída en el océano. Finalmente, la desaparición de los 14 aviadores fue clasificada oficialmente como «causa desconocida».

El vuelo MH370 de Malaysia Airlines (MH370/MAS370) fue un vuelo comercial internacional de pasajeros operado por la aerolínea Malaysia Airlines que desapareció el 8 de marzo de 2014 mientras cubría la ruta entre el Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur, en Malasia, y su destino previsto, el Aeropuerto Internacional de Pekín-Capital, en China. La causa de su desaparición continúa sin esclarecerse hasta el día de hoy. Este caso es considerado uno de los mayores enigmas de la historia de la aviación moderna.

Fuente: ok

El misterio del déjà vu: investigación revela qué ocurre en el cerebro

Los investigadores diseñaron un experimento capaz de provocar artificialmente esta sensación en un entorno controlado.


Los denominados ‘déjà vu’ llevan décadas despertando la curiosidad tanto de científicos como de la población general. Esa extraña sensación de estar viviendo una situación que ya ocurrió anteriormente sigue siendo uno de los fenómenos más intrigantes relacionados con la memoria humana. Ahora, una investigación liderada por el Dr. Akira O’Connor, especialista en memoria de la Universidad de St Andrews, en Escocia, ha aportado nuevas pistas para comprender por qué se produce esta experiencia.

El estudio plantea que el ‘déjà vu’ podría estar relacionado con un conflicto interno en los mecanismos de la memoria. Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores diseñaron un experimento capaz de provocar artificialmente esta sensación en un entorno controlado.

Un experimento para recrear la sensación de haber vivido algo antes


Durante la investigación, los participantes leyeron diferentes listas de palabras relacionadas entre sí. Entre ellas aparecían términos como “mojado”, “nieve”, “invierno”, “hielo” o “congelar”, todos vinculados a una palabra concreta que, sin embargo, nunca llegaba a mostrarse: “frío”.

Este procedimiento generó un falso recuerdo en muchos de los voluntarios. Aunque la palabra clave no había aparecido en ningún momento, varios participantes tenían la firme impresión de haberla visto previamente.

Los investigadores denominaron a estas palabras ausentes “señuelos críticos resueltos”. Se trata de términos que resultan familiares para el cerebro debido al contexto en el que aparecen, aunque realmente nunca hayan formado parte de la lista presentada.

El conflicto de memoria que podría explicar el déjà vu

Los resultados fueron especialmente llamativos. De los 21 voluntarios que participaron en el estudio, 16 experimentaron esta sensación de familiaridad. Además, los científicos observaron que el efecto era más intenso cuando los participantes eran capaces de detectar que aquello que les resultaba conocido en realidad no había ocurrido.

Según los autores, este hallazgo refuerza la idea de que el ‘déjà vu’ podría ser una señal generada por el cerebro cuando detecta una contrdicción entre distintas informaciones almacenadas en la memoria. En lugar de tratarse de un recuerdo real, sería una especie de mecanismo de comprobación que alerta de que algo no encaja completamente.

Las resonancias magnéticas realizadas durante el experimento respaldaron esta hipótesis. Los investigadores comprobaron que las áreas cerebrales relacionadas con el control y la supervisión de la memoria permanecían activas mientras se producía el conflicto cognitivo.

Aun así, los expertos advierten de que el descubrimiento tiene ciertas limitaciones y que todavía queda mucho por investigar sobre este fenómeno. Lo que sí parece cada vez más claro es que el ‘déjà vu’ podría estar menos relacionado con recuerdos ocultos y más con la forma en que nuestro cerebro verifica continuamente la información que procesa.

Fuente: larazon.es

12 científicos en EE. UU. han muerto o desaparecido y hay preocupación

Los científicos muertos o desaparecidos tenían vínculos con programas nucleares o espaciales y, en algunos casos, con proyectos clasificados. Rhian Lubin analiza los casos.


“Algo está pasando”, advirtió la representante por Florida Anna Paulina Luna a sus seguidores en X.

“¿Quién mató a los científicos?”, planteó la congresista de Carolina del Sur Nancy Mace.

Las republicanas forman parte de un número creciente de legisladores que alertan sobre los 12 científicos estadounidenses que han muerto o desaparecido desde 2022, todos con vínculos con programas nucleares o espaciales y, en algunos casos, con proyectos clasificados.

Además, en su publicación, Luna añadió: “Si te inquieta la cantidad de científicos que han desaparecido, muerto o se han suicidado recientemente, en relación con estos casos y otros, tu intuición es correcta”.

En algunos casos ya se identificaron sospechosos. Sin embargo, la falta de información sobre los otros alimentó teorías conspirativas, mientras investigadores y aficionados intentan encontrar vínculos entre ellos. A la vez, tanto el Congreso como la Oficina Federal de Investigación (FBI) iniciaron pesquisas, aunque todavía se conocen pocos detalles sobre una posible conexión entre los casos.

Los legisladores del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes investigan ahora 10 de los casos y a finales de abril enviaron cartas al FBI, al Pentagon y al Departmento de Energía para advertir que “estas muertes y desapariciones podrían representar una grave amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y para el personal con acceso a secretos científicos”.

“Sabemos que hay muchos países en el mundo que querrían tener nuestro conocimiento y nuestras capacidades nucleares”, dijo el presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, James Comer, en Fox & Friends. “Estas personas estaban en la primera línea de ese trabajo, y ahora están muertas o desaparecidas”.

A partir de ahí, las especulaciones se intensificaron tras la muerte del investigador de ovnis David Wilcock, quien falleció el 20 de abril, según confirmó la oficina del forense del condado de Boulder. Su caso eleva a 12 el total de episodios considerados misteriosos.

Sin embargo, en varios de ellos la policía descartó la intervención de terceros, y la NASA afirmó que no hay indicios de una amenaza a la seguridad. A la vez, familiares de las víctimas rechazaron las teorías de conspiración. Por su parte, el presidente Donald Trump señaló que “con suerte” todo se trata de una “coincidencia”.

‘The Independent’ analiza los casos.


Tres investigadores de la NASA en California muertos o desaparecidos y un astrofísico de Caltech asesinado frente a su casa

Frank Maiwald, Michael Hicks y Monica Reza trabajaban en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, mientras que el astrofísico Carl Grillmair formaba parte del Centro de Procesamiento y Análisis Infrarrojo de Caltech y los cuatro estaban en la zona de Pasadena, a las afueras de Los Ángeles, donde tres murieron y uno sigue desaparecido.

El científico Michael Hicks, especializado en cometas y asteroides, dejó el laboratorio en 2022 y falleció en julio de 2023, sin que se informara la causa.

La hija de Michael Hicks, Julia Hicks, dijo a CNN que su padre había tenido “problemas médicos conocidos” y que no entendía la relación entre su muerte y la de otros científicos desaparecidos. Además, señaló que, al 21 de abril, ni funcionarios electos ni agencias federales se habían comunicado con ella.

Frank Maiwald, investigador de 61 años nacido en Alemania y radicado en Pasadena, murió el 4 de julio de 2024 y la causa de su muerte no fue divulgada.

Por su parte, Monica Reza, de 60 años y reconocida científica de materiales, desapareció el 22 de junio de 2025 tras salir de excursión en el Bosque Nacional Ángeles. Dirigía el Grupo de Procesamiento de Materiales del laboratorio de la NASA y en los años 90 codesarrolló una superaleación a base de níquel utilizada en motores de cohetes. Según una carta enviada a la Oficina Federal de Investigación, el Comité de Supervisión de la Cámara citó informes que la vinculaban con el general retirado de la Fuerza Aérea William McCasland, también desaparecido en febrero en Albuquerque, Nuevo México.

“Informes incluso sugieren un vínculo directo entre Reza y el general McCasland, ya que los describe como con una ‘estrecha relación profesional’ a través de un programa de investigación financiado por la Fuerza Aérea a comienzos de los 2000, centrado en ‘materiales avanzados para vehículos espaciales reutilizables y armamento’”, escribieron James Comer y Eric Burlison en una carta dirigida al director del FBI, Kash Patel.

El 16 de febrero, el astrofísico y astrónomo Carl Grillmair, de 67 años, fue asesinado a tiros frente a su casa en la localidad rural de Llano. Entre sus logros se destaca el hallazgo de agua en un planeta distante.

Por el crimen fue acusado Freddy Snyder, de 29 años, quien, según la oficina del sheriff del condado de Los Ángeles, no conocía a la víctima.

Cuatro científicos desaparecidos en Nuevo México, incluido un general retirado vinculado a la base de Roswell

Uno de los cuatro científicos desaparecidos en Nuevo México en el último año es William McCasland, general retirado de la Fuerza Aérea, quien salió a hacer senderismo el 27 de febrero y no regresó.

El hombre, de 68 años, vivía en las afueras de Albuquerque y salió de su casa con un revólver calibre .38 en una funda de cuero, botas de senderismo y una billetera. Dejó su teléfono y sus gafas.

La oficina del sheriff del condado de Bernalillo descartó la intervención de terceros. Sin embargo, el caso generó teorías de conspiración porque McCasland dirigió anteriormente el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea en la base Wright-Patterson, en Ohio, un lugar que suele vincularse con el supuesto incidente de Roswell de 1947.

Su esposa, Susan McCasland Wilkerson, afirmó que esa relación alimentó información errónea y negó que tuviera conocimientos clasificados o vínculos con programas sobre ovnis. “Neil no tiene ningún conocimiento especial sobre cuerpos o restos extraterrestres del supuesto accidente de Roswell almacenados en Wright-Patt”, escribió en Facebook el mes pasado.

Melissa Casias y Anthony Chávez, ambos vinculados al Los Alamos National Laboratory, siguen desaparecidos. El complejo fue sede del Proyecto Manhattan, el programa secreto del gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para desarrollar una bomba nuclear antes que la Alemania nazi.

Casias, de 53 años, desapareció el 26 de junio de 2025 en su localidad de Ranchos de Taos, a unos 100 kilómetros de Santa Fe. Esa mañana dejó a su esposo en el laboratorio y regresó a su casa para trabajar de forma remota tras olvidar su credencial, según Taos News. Más tarde, cuando su hija volvió, encontró el auto en el lugar, pero ella ya no estaba, aunque su teléfono, cartera y billetera se quedaron en la vivienda. La policía estatal de Nuevo México indicó que no hay indicios de intervención de terceros.

Chávez, de 79 años, está desaparecido desde comienzos de mayo de 2025. Había trabajado en el laboratorio como capataz de obras hasta su retiro en 2017. Según investigadores, no hay señales de intervención de terceros ni de que planeara irse.

“Su auto estaba cerrado en la entrada de su casa. Su billetera, llaves y objetos personales estaban adentro, por lo que parece que salió por poco tiempo”, escribió su amigo Carl Buckland en redes sociales. “Su desaparición es extremadamente inusual”.

En otro caso, Steven García, contratista que trabajaba en el Kansas City National Security Campus en Albuquerque, permanece desaparecido desde el 28 de agosto. Salió de su casa con un arma de mano, pero sin llaves ni teléfono. Su trabajo estaba relacionado con la producción de componentes no nucleares para armas, y el centro fabrica diversos productos de seguridad nacional para el Departamento de Energía. La policía local indicó que no hay avances recientes en la investigación.

Asesinato de un científico nuclear del MIT, el suicidio de una investigadora “genio” y la muerte de una bióloga farmacéutica

Tres científicos destacados murieron en hechos trágicos y violentos en los últimos tres años, aunque no hay pruebas que los vinculen con los otros casos.

La muerte de la investigadora en antigravedad Amy Eskridge en junio de 2022 fue considerada un suicidio por herida de bala autoinfligida. Un amigo de la científica, Franc Milburn, dijo a NewsNation que ella creía estar siendo perseguida por su trabajo.

Según su relato, Eskridge le escribió: “Si ven algún informe que diga que me suicidé, definitivamente no es cierto…”.

Sin embargo, su padre, Richard Eskridge, ex empleado de la NASA, rechazó esas teorías: “Los científicos también mueren, como cualquier otra persona”.

Por otro lado, en diciembre, el físico y especialista en fusión Nuno F. G. Loureiro, profesor del Massachusetts Institute of Technology, murió tras ser baleado en su apartamento en Brookline, Massachusetts.

El autor del crimen fue identificado como Claudio Manuel Neves Valente, quien también fue señalado como responsable del tiroteo en Brown University ocurrido dos días antes del asesinato de Nuno F. G. Loureiro. Ambos habían coincidido en un programa universitario en Portugal entre 1995 y 2000. Valente fue hallado muerto el 19 de diciembre en un depósito en New Hampshire y el motivo del crimen nunca se determinó.

Loureiro era padre de familia y dirigía el Centro de Ciencia del Plasma y Fusión del Massachusetts Institute of Technology. Un informe policial difundido en febrero citó a una colega que indicó que el científico tenía contactos en el Departamento de Energía, aunque no estaba claro si contaba con autorización de seguridad de alto nivel ni si trabajaba con el Departamento de Defensa.

En otro caso, en marzo se recuperó el cuerpo de Jason Thomas, biólogo de la farmacéutica Novartis, en un lago de Massachusetts. Llevaba tres meses desaparecido antes de ser hallado en el lago Quannapowitt. Según su esposa, atravesaba un momento difícil tras la reciente muerte de sus padres.

Jason Thomas no fue mencionado por nombre en la carta de los legisladores al FBI aunque sí se hacía referencia a un “investigador farmacéutico”.

Fuente: https://www.independentespanol.com/

Un misterio de 2.000 años: descubren el París romano bajo la explanada de Notre Dame

Mientras los turistas hacen fila para ver las gárgolas, expertos hurgaron cuatro metros más abajo y hallaron veinte siglos de historia: una escritura rojiza hallada en cerámicas medievales sigue sin ser descifrada.


Bajo el sol abrasador del verano, una fila de turistas espera para subir a la catedral de Notre Dame y conocer sus gárgolas.

Cuatro metros por debajo de ellos, un equipo de arqueólogos excava en la dirección opuesta: hacia abajo y hacia atrás en el tiempo, hasta el París romano de hace 2000 años.

En 2019, un incendio derribó la aguja de Notre Dame ante la mirada del mundo. La catedral fue reconstruida y reabierta a finales de 2024, y ahora París quiere suavizar la plaza calurosa y desnuda que se encuentra frente a ella con árboles y sombra.

Pero en una ciudad tan antigua, no se puede remover la tierra hasta que se haya excavado lo que yace debajo, por si se daña durante las obras.

Así que una parte de la explanada de Notre Dame se ha convertido en un sitio de excavación: un pozo abierto rodeado de barreras y atravesado por una pasarela de madera, a unos pasos de la fila de visitantes.

Un “Código Da Vinci” moderno

“Es una oportunidad única para nosotros de trabajar en algo que marcará una diferencia tangible en la historia de París”, declaró a The Associated Press Lucie Altenburg, conservadora de la unidad de arqueología de París.

Entre los cientos de objetos ya encontrados: una moneda del siglo IV con la efigie del emperador Constantino, y fragmentos de cerámica medieval pintados en el interior con marcas que ningún experto ha descifrado aún —como un Código Da Vinci moderno.

“Hace que Notre Dame vuelva a sentirse viva”, dijo Emily Carter, de 34 años, una turista de Manchester que esperaba en la fila con sus dos hijos. “Vienes a ver la catedral y luego te das cuenta de que hay otra ciudad bajo tus pies. Eso es casi más conmovedor”.

Los primeros vestigios aparecen a 50 centímetros (20 pulgadas) de profundidad; 4 metros (13 pies) más abajo, el equipo sigue desenterrando el pasado. Algunos días llenan 15 cajas —de un suelo que ha permanecido intacto durante décadas.

Las ciudades antiguas tienen arqueólogos supervisando las excavaciones

Este es el trato en toda ciudad antigua: el pasado no está en un museo al final de la calle —está debajo de la calle.

Las ciudades crecen. Cada época se construye sobre los escombros de la anterior, y el suelo se eleva con ella; en Roma, ha subido unos 9 metros (30 pies) desde que cayó el imperio en el siglo V d. C.

Cuando Atenas construyó su metro para los Juegos Olímpicos de 2004, puso en marcha la excavación más grande de la historia de Grecia y desenterró decenas de miles de objetos, que ahora se exhiben en las propias estaciones. París no es diferente. Todo proviene de la isla en el Sena, la Île de la Cité, donde comenzó París. Siglos más tarde, Notre Dame se erigió en el mismo terreno.

Cuando se fundó la catedral en 1163, toda la plaza estaba repleta de casas medievales, divididas por una sola calle, dijo Camille Colonna, la arqueóloga que dirige la excavación.

Al excavar, su equipo ha llegado a sus sótanos —y, por lo tanto, también a la época de la historia que representan. Debajo de ellos se encuentran silos de grano merovingios y carolingios, de los siglos VI al X; más abajo, aún más oscuros y profundos, un denso barrio romano de los siglos IV y V.

Veinte siglos se apilan en 4 metros (13 pies) de tierra —o aproximadamente la altura de dos Napoleones Bonaparte y medio colocados uno encima del otro.

“Aquí se pueden ver las capas: el París medieval, el París romano, tal vez incluso antes de eso”, dijo Yasmine Benali, de 22 años, una estudiante de arqueología que observaba desde detrás de las barreras. “Hace que la ciudad se sienta menos como una postal y más como algo que aún se está descubriendo”.

Monedas, cerámicas y marcas misteriosas


Los hallazgos más valiosos aquí provienen del lugar más asqueroso: los profundos hoyos debajo de las casas medievales, antiguas letrinas que también servían como vertederos de basura.

De allí, el equipo sigue sacando jarras y tazas enteras —descartadas hace siglos, pero aún intactas— entre los platos rotos y los huesos de animales. “Es raro encontrar cerámica completa”, dijo Valentine Breloux, arqueóloga de la unidad. Aquí, los residuos blandos las amortiguaron y, siglos después, milagrosamente salieron enteras.

Luego aparecieron otros objetos que desconcertaron a los expertos. Mientras los conservadores limpiaban lo que parecía cerámica medieval común, encontraron una tenue escritura rojiza pintada en el interior: las mismas marcas misteriosas en un fragmento tras otro. Aún no se ha descifrado su significado.

De todo lo que ha limpiado de Notre Dame, dijo Breloux, estos son los más “sorprendentes”.

Los hallazgos romanos son los que más valoran los arqueólogos: los más profundos, los más antiguos y los menos comprendidos. En la época romana, la ciudad se llamaba Lutetia, y su centro se encontraba al otro lado del río, en la margen izquierda.

Cuando el Imperio Romano se derrumbó, la gente se refugió en la Île de la Cité, donde más tarde se levantaría Notre Dame, y fortificó la isla con muros de piedra extraída de edificios anteriores.

El equipo de Colonna encontró una prueba: un umbral romano hallado en la excavación, tomado de un edificio mucho más grande, trasladado, colocado boca abajo y utilizado como pavimento en una calle.

París alberga miles de hallazgos en un centro arqueológico

Cada hallazgo sale de la excavación y viaja hacia el norte, al centro arqueológico de la ciudad —lo que Colonna llama “un enorme almacén arqueológico”, un tesoro de París.

Para los arqueólogos, la excavación de la catedral es un regalo excepcional. En Francia, como en otros lugares, solo trabajan donde están a punto de comenzar las obras de construcción —un poco como los trabajadores de las canteras industriales que acaban desenterrando restos de dinosaurios. “Esto solo ocurre porque la ciudad de París decidió que quería embellecer la zona“, dijo Altenburg.

La nueva plaza debería estar prácticamente terminada para 2028: una especie de claro en el bosque, con 160 árboles nuevos y una fina capa de agua deslizándose sobre la piedra para refrescarla en verano —parte de cómo París se prepara para veranos cada vez más calurosos provocados por el calentamiento global.

Hasta entonces, el equipo de Notre Dame quiere profundizar aún más —más allá de los romanos, hacia quienes les precedieron, los galos que le dieron a la ciudad su primer nombre.

“La esperanza es que podamos retroceder en el tiempo aún más de lo que lo hemos hecho hasta ahora", dijo Altenburg.

Fuente: Infobae

Un cuerpo de hace 5.500 años revela el misterio de la sífilis

Un equipo internacional de investigadores ha reconstruido el genoma más antiguo de la bacteria de la sífilis a partir de un fémur de un cazador-recolector que vivió hace más de cinco milenios en Sabana de Bogotá.


Mientras en pleno siglo XXI las cifras de infecciones por sífilis andan desbocadas, los científicos escudriñan dónde y cuándo surgió la bacteria. Hoy, más de ocho millones de personas en el mundo conviven con la infección, aunque los expertos apuntan a que la cifra real es mucho mayor, dado que muchos pacientes no suelen acudir a los servicios sanitarios o carecen de acceso a ellos según su zona geográfica.

La infección de transmisión sexual (ITS) ha sido objeto de trabajos científicos para esclarecer cómo hemos llegado hasta aquí. Se conoce que la primera epidemia de sífilis en Europa se registró en 1493, tras el asedio de las tropas francesas a la ciudad de Nápoles, pero no se tienen referencias de dónde vino esta enfermedad venérea que causó estragos en el Viejo Continente entre los siglos XV y XVIII.

Sobre el origen de la bacteria responsable, la Treponema pallidum hay varias tesis: unos sostienen que llegó con la tripulación que regresó junto a Cristóbal Colón tras el descubrimiento de las tierras americanas, "el nuevo continente"; otros defienden que ya llevaba tiempo en Europa, pero no había sido identificada.

Cierto es que, mientras en el Viejo Continente no se han encontrado pruebas de esto último, sí que hay restos que demuestran que sí estaba al otro lado del Atlántico mucho antes de las expediciones españolas. Una de las últimas la publica hoy la revista Science con el hallazgo del genoma de la sífilis en restos óseos humanos de hace 5.500 años en Colombia.

Hace un año que el equipo de la paleogenetista del Instituto de Medicina Evolutiva de la Universidad de Zúrich (Suiza), Verena Schünemann, publicaba en Nature el que hasta entonces se consideraba el genoma más antiguo conocido de la bacteria T.pallidum, descubierto en unos restos humanos de hace 2000 años que estaban enterrados en Brasil.

Sin embargo, el equipo de la Universidad Estatal de Misisipi y el Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian marca un hito en la paleogenómica al reconstruir el genoma más antiguo hasta la fecha de la bacteria responsable de la sífilis y el pian (calificada como una enfermedad tropical desatendida).
¿Cómo han sido los trabajos de la investigación?

A través del análisis en un fragmento de tibia de un cazador-recolector (de entre 45 y 60 años) enterrado en el abrigo rocoso de Tequendama I (hoy Sabana de Bogotá), el estudio confirmó que esta versión "primitiva" de la bacteria ya poseía los genes de virulencia asociados a las cepas modernas. Esto indica que el potencial para causar enfermedad y la adaptación a los huéspedes humanos ya estaban consolidados hace milenios.

La investigación identificó 16 mutaciones específicas compartidas entre el linaje TE1-3 y las cepas modernas en genes clave para la interacción entre el huésped y el patógeno. Pese a ello, lo más sorprendente es que el esqueleto del individuo no presentaba lesiones óseas visibles (macroscópicas) típicas de la enfermedad.

Otra de las novedades que surgen del análisis filogenético de este genoma (TE1-3) es que representa una rama previamente desconocida de T. pallidum que se separó antes de que surgieran todas las demás subespecies conocidas. Los autores de la investigación sugieren en el artículo que la aparición de la sífilis no dependió de la intensificación de la agricultura y la aglomeración de la población, factores que a menudo se relacionan con la propagación de enfermedades infecciosas.

"Reformular la sífilis, junto con otras enfermedades infecciosas, como producto de condiciones evolutivas, ecológicas y biosociológicas localizadas y muy específicas, así como de la globalización, puede representar un paso fundamental para reducir el estigma y mejorar la salud pública", escriben Molly Zuckerman y Lydia Ball, del Departamento de Biología Celular y del Desarrollo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado en un artículo de perspectiva que acompaña a la investigación.

Para ellas, este descubrimiento supone hallar el "eslabón perdido" que reconcilia la arqueología con la genética, probando que los patógenos que dejaron marcas en huesos antiguos eran, efectivamente, parientes de la sífilis moderna. También resaltan la frustración histórica de la ciencia: mientras los arqueólogos documentaban huesos con marcas de sífilis desde hace milenios, los genetistas solo lograban recuperar ADN de bacterias de hace unos pocos siglos.

Zuckerman y Ball también hacen referencia a la polémica sobre el origen de infección de la discordia. "La rareza y la ambigüedad de las pruebas esqueléticas de estas enfermedades y la dificultad técnica de recuperar el ADN bacteriano antiguo de los restos afectados han dificultado el abordaje de esta cuestión"

Fuente: elmundo

España: 9 años después de desaparecida, encontraron su cuerpo enterrado en el patio vecino

La Guardia Civil confirmó que los restos óseos localizados en una vivienda de Hornachos pertenecen a la mujer que desapareció frente a su casa en mayo de 2017. Tras casi una década de misterio, dos hermanos fueron detenidos como presuntos autores de un crimen que conmocionó a toda España.


La Guardia Civil de España confirmó oficialmente este jueves que encontraron los restos óseos de Francisca Cadenas, una mujer de 59 años que había desaparecido hace 9 años y cuyo caso conmocionó al país. La mujer había sido vista por última vez el 9 de mayo de 2017, cuando salió de su casa para acompañar a unos amigos y a su hija pequeña hasta su coche, a escasos 50 metros de su hogar en Hornachos (Badajoz).

Los restos fueron hallados enterrados bajo el suelo del patio de la vivienda de dos hermanos, vecinos de víctima, quienes fueron detenidos tras el descubrimiento. El examen biológico ratificó que se trataba de Francisca, cerrando así una de las búsquedas más angustiantes del país.

La reconstrucción del crimen: un radio de apenas 30 metros

La desaparición de Francisca fue calificada como "inexplicable" durante años. Aquella noche, la mujer dejó la puerta de su casa abierta y le dijo a su hijo que volvería enseguida. Sin embargo, tras entrar en un pasaje estrecho que conectaba la zona donde aparcaron sus amigos con su vivienda, nadie volvió a verla salir.


El giro definitivo en la investigación ocurrió a finales de 2024, cuando la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil redujo el cerco de la investigación de 50 a solo 30 metros. A principios de marzo de 2026, se realizó una reconstrucción del recorrido que apuntó directamente hacia la propiedad de los hermanos Julio y Manuel G.S., conocidos también como Lolo y Julián.

Los detenidos: sospechas familiares y coartadas bajo sospecha

La familia de Francisca siempre había mantenido sus sospechas sobre estos vecinos. El hijo de la víctima relató que, la noche de la desaparición, llegó a llamar a la puerta de los hermanos tras escuchar un fuerte golpe al pasar por delante, pero nadie respondió. Además, los familiares aseguraron haber escuchado obras en la casa de los vecinos días después de que se perdiera el rastro de la mujer.


A pesar de haber mantenido la misma coartada durante nueve años —Manuel afirmaba estar en el hospital de Mérida y Julio cuidando a un familiar—, ambos fueron arrestados tras el registro que localizó el cuerpo. Antes de su detención oficial, uno de los hermanos negó los hechos ante la prensa, alegando que la policía buscaba a un "cabeza de turco".

Hornachos, un pueblo marcado por la tragedia

La noticia ha impactado profundamente a Hornachos, un municipio de 3.600 habitantes que nunca dejó de buscar a Francisca.

Actualmente, los detenidos se encuentran bajo custodia mientras la Guardia Civil continúa realizando registros en otras propiedades, incluida una finca, para esclarecer el móvil del crimen y las circunstancias exactas de la muerte.

Fuente: lavoz.com.ar

Revelan el verdadero origen de las pirámides en Egipto: utilizaron una tecnología muy avanzada

Un grupo de especialistas identificó indicios de una técnica hidráulica avanzada que habría permitido trasladar y levantar grandes bloques de piedra mediante el uso controlado del agua.


El misterio que rodea a las pirámides de Egipto ha despertado el interés de historiadores, arqueólogos y viajeros durante siglos. La precisión de su arquitectura y el enorme tamaño de los bloques utilizados en su construcción han alimentado múltiples teorías sobre cómo pudieron levantarse estas estructuras monumentales. Un estudio reciente publicado en la revista científica PLOS ONE plantea ahora una nueva explicación sobre el posible método utilizado para edificarlas.

Un grupo de investigadores liderado por Xavier Landreau, del Instituto Paleotécnico de la Comisión de Energía Atómica y Energías Alternativas (CEA) de Francia, sugiere que los antiguos egipcios podrían haber utilizado un sistema hidráulico para desplazar y elevar las piedras en la Pirámide escalonada de Djoser, situada en la necrópolis de Saqqara.

La Pirámide Escalonada del faraón Djoser, erigida hace aproximadamente 4650 años, constituye el primer intento de los egipcios de levantar una construcción monumental completamente con bloques de piedra tallada.

Este mecanismo, fundamentado en la gestión de agua y sedimentos, podría haber facilitado el transporte de bloques de varias toneladas de manera eficiente, eliminando la necesidad del esfuerzo humano exclusivo que se creía indispensable hasta el momento. Este hallazgo abre nuevas perspectivas para comprender la construcción de monumentos que, hasta ahora, parecían desafiar las leyes de la ingeniería antigua.

Revelan el método del agua para mover las piedras gigantes de la Pirámide de Djoser

La investigación detalla que el Gisr el-Mudir funcionaba como una especie de presa de retención de sedimentos, regulando el flujo de agua y creando un lago temporal que suministraba agua para las tareas de elevación. Mientras tanto, la sección sur del foso seco contenía compartimentos que actuaban como un sistema de purificación y retención, asegurando que el agua utilizada estuviera libre de partículas que pudieran obstruir el mecanismo.

El estudio indica que los egipcios podrían haber creado un sistema de elevación hidráulica interno, que operaba de manera similar a un volcán: el agua sedimento-libre del foso seco habría sido usada para levantar los bloques desde el centro de la pirámide hacia los niveles superiores. Este método no solo facilita la explicación del transporte y posicionamiento de los enormes bloques, sino que también demuestra un conocimiento avanzado de hidráulica.

Innovación: transformando inundaciones en oportunidades

Antes de la Cuarta Dinastía, uno de los principales retos que enfrentaban los antiguos egipcios no era la escasez de agua, sino su exceso. Las crecidas anuales del Nilo solían inundar los sitios de construcción, dañar materiales como la madera y dificultar el transporte de suministros. Sin embargo, en lugar de combatir este fenómeno natural, los ingenieros egipcios lograron convertirlo en una ventaja, utilizando la fuerza del agua como un recurso esencial para la construcción.

Este enfoque marcó un cambio decisivo en la arquitectura monumental del Antiguo Egipto. En apenas una generación, el tamaño de los bloques de piedra empleados en las obras se duplicó. Para la época de la construcción de la Gran Pirámide de Keops, alrededor del año 2550 a.C., los bloques ya superaban las cinco toneladas.

Según los cálculos de los especialistas, trasladar estas enormes piezas mediante rampas tradicionales habría requerido al menos 4000 obreros trabajando de forma continua, mientras que un sistema hidráulico de elevación habría reducido notablemente la dependencia de fuerza humana.

La ingeniería egipcia, un logro asombroso en la historia

El hallazgo de este sistema sugiere que los antiguos arquitectos egipcios poseían conocimientos sofisticados de ingeniería hidráulica, probablemente aplicados también en la construcción de canales y transporte de piedras por barcazas.

Lejos de depender únicamente de fuerza humana y rampas, los constructores del Antiguo Egipto diseñaron soluciones inteligentes que optimizaban los recursos disponibles y aceleraban el proceso de construcción.

Este enfoque explica cómo pudieron levantar toneladas de piedra y mantener la precisión geométrica que caracteriza a estas pirámides. Además, el uso estratégico del agua representa un ejemplo temprano de ingeniería sostenible, donde los recursos naturales se integraban de manera eficiente al diseño arquitectónico.

Fuente: cronista.com

La muerte, bajo revisión: la ciencia empieza a desvelar un misterio

¿Es la muerte un final o un proceso que apenas empezamos a comprender? La ciencia contemporánea cuestiona la idea del apagón súbito y dibuja un escenario mucho más complejo, en el que el cerebro puede desplegar una intensa actividad en sus últimos instantes y la consciencia se convierte en el gran enigma.


Sergio Peris-Mencheta, director de escena: “Se nos debería enseñar a morir, y es lo único que no se nos enseña”. La muerte, lejos de ser un simple apagón biológico, es un territorio lleno de matices que apenas empezamos a vislumbrar. Durante siglos la imaginamos como un límite nítido, un punto final. Pero la ciencia contemporánea —desde la neurociencia hasta las teorías cuánticas más especulativas— está revelando que ese límite es más poroso, más dinámico y más misterioso de lo que nuestra intuición permite comprender.

Morir no ocurre de golpe: es un proceso en el que el cerebro, en lugar de desvanecerse silenciosamente, puede desplegar una actividad intensa, casi luminosa, como si la consciencia realizara un último esfuerzo por expandirse o reorganizarse.

Las experiencias cercanas a la muerte, antes relegadas al terreno de la fantasía o la alucinación, se interpretan ahora como estados extraordinarios de la mente, capaces de generar percepciones más vívidas que la realidad cotidiana.

A esto se suma la posibilidad —todavía hipotética, pero intelectualmente provocadora— de que la consciencia no sea solo un producto del cerebro, sino un fenómeno más profundo, quizá ligado a la estructura misma del universo. Si así fuera, la muerte no sería una aniquilación, sino una transformación: el paso de una consciencia localizada, “partícula”, a una forma más amplia y distribuida, “onda”, que ya no depende del cuerpo para existir.

Incluso si estas ideas no están demostradas, su sola formulación abre un horizonte nuevo. Nos obliga a aceptar que la muerte no es un simple final, sino un fenómeno complejo en el que biología, mente y realidad se entrelazan de maneras que apenas empezamos a comprender.

En ese sentido, decir que la experiencia de morir es infinitamente más compleja no es una exageración poética, sino un reconocimiento de nuestra ignorancia. Morir podría ser, más que un cierre, un proceso lleno de actividad, significado y posibilidades que desafían nuestras categorías habituales. Y quizá por eso, cuanto más aprendemos sobre la muerte, más se expande el misterio de lo que significa estar vivos.

Morir no es simplemente dejar de existir, sino atravesar un umbral cuya profundidad apenas intuimos. La muerte, que durante tanto tiempo imaginamos como un apagón brusco, se revela más bien como un proceso en el que la consciencia parece desplegar sus últimas posibilidades, como si en el borde mismo de la disolución se abriera un espacio inesperado de lucidez.

Quizá porque la vida, al tensarse hacia su final, ilumina aquello que normalmente permanece oculto: la fragilidad del yo, la porosidad entre mente y mundo, la extraña continuidad entre lo que creemos ser y lo que nos trasciende.

En ese tránsito, la identidad deja de ser una estructura rígida y se vuelve un flujo, un movimiento que no se detiene de inmediato, sino que se transforma, se expande o se repliega en formas que todavía no comprendemos. La muerte, entonces, no sería un muro sino una frontera permeable, un pasaje en el que la consciencia podría experimentar una complejidad que desborda nuestras categorías habituales, como si el final de la vida biológica no coincidiera necesariamente con el final de la experiencia.

Tal vez por eso, cuanto más investigamos ese instante liminal, más evidente se vuelve que morir no es un acto simple, sino un acontecimiento lleno de matices, un misterio que nos obliga a reconsiderar qué significa estar vivos y qué significa dejar de estarlo, como si la muerte fuera menos un cierre que una transformación cuyo sentido aún se nos escapa.

Es la consciencia la que crea el universo y no al revés implica invertir el orden habitual con el que interpretamos la realidad, porque nos invita a pensar que el mundo no es una estructura fija que existe independientemente de nosotros, sino una trama que se despliega a través del acto mismo de percibir. Bajo esta mirada, la materia deja de ser el fundamento último y se convierte en una expresión secundaria de algo más profundo: la experiencia.

El universo no sería entonces un escenario preexistente en el que la consciencia aparece como un accidente tardío, sino un proceso que se actualiza a través de la mirada que lo contempla, como si cada forma, cada ley y cada acontecimiento emergieran del encuentro entre el ser que observa y aquello que es observado.

Esta idea no niega la existencia del mundo, pero sí cuestiona su supuesta independencia, sugiriendo que la realidad es inseparable del sujeto que la vive. La consciencia, en este sentido, no sería un producto de la evolución biológica, sino el principio organizador que hace posible cualquier noción de existencia. Y si esto es así, entonces el universo no es un objeto externo, sino una manifestación de la profundidad misma del ser, un espejo en el que la consciencia se reconoce a través de infinitas formas.

Fuente: mundiario.com/

"El peligro de la tecnología es la causa de que se mantenga en secreto el contacto con extraterrestres"

Cuando alguien levanta su voz al cielo y asegura haber estado en contacto con seres de otros planetas, el mundo de la ciencia levanta la mano, pide la palabra y formula una sencilla pregunta: ¿tienes pruebas de ello? "Es complicado, los seres tienen campos magnéticos e impiden cualquier tipo de fotografia, tan solo se les puede pintar", asegura uno de los asistentes al Congreso Mundial de Ufología que este fin de semana celebra su tercera edición en Barcelona.


Al evento acuden personas de diferente pelaje, desde periodistas que han dedicado toda su vida a la investigación del misterio como Enrique de Vicente o el mexicano Jaime Maussan -ganador de un premio Ondas- pasando por científicos de prestigio en la física teórica como el estadounidense Michio Kaku, diversos conferenciantes que aseguran haber contactado con aliens, exmilitares con testimonios de primera mano sobre avistamientos e incluso un exalto cargo del ministerio de Defensa británico como Nick Pope que se ha convertido en una celebridad televisiva por sus revelaciones sobre los papeles secretos del Gobierno de su país.

"En el siglo XXI la gente está preparada para conocer que ya se han producido contactos", asegura este autor y periodista británico durante la presentación del evento que arranca este viernes. "El motivo de que esta información siga ocultándose a la gente y mantenida en secreto es que se descubra la tecnología que utilizan los extraterrestres y que estos avances tecnológicos puedan ser utilizados como un arma por parte de países enemigos o grupos terroristas".

Pope trabajó durante 21 años para el gobierno británico. Al comienzo de su carrera para Defensa fue asignado al Centro de Operaciones Conjunta de la Guerra del Golfo Pérsico y su última aportación en aquel ministerio fue como Director Adjunto en el área de seguridad: su trabajo allí era investigar el fenómeno ovni y los avistamientos que reportaban pilotos, oficiales de policía y personal militar.

En 2006 abandonó el ministerio de defensa con mucha información en la mochila. Y se dedicó a divulgar lo que conocía. Muchos avistamientos podían explicarse de forma racional, pero otros, dice, desafiaban cualquier explicaciones convencional. "El miedo a lo deconocido, a lo extraño, está muy impregnado en nuestro cerebro y está muy ligado a la evolución de la humanidad. Por eso es normal que rechacemos cualquier idea que rompa nuestros planteamientos previos", explica.

Este miedo a lo desconocido es, según el militar italiano Roberto Pinotti, otro de los motivos por los que aún no se ha producido un contacto franco y abierto con otras civilizaciones. "Están esperando a que maduremos como sociedad", subraya este exoficial de brigada en el ejército italiano sobre el hecho de que, hata la fecha, ninguna civilización extraterrestre se haya decidido a darse a conocer. "De momento tienen miedo a que los Gobiernos no sean capaces de controlar la situación".

"¡Muchos ya hemos tenido ese contacto!", le interpela el boliviano Antonio Portugal, un investigador de culturas precolombinas que, según asegura, ha contactado "personalmente" con extraterrestres y estos le han encomendado la misión de divulgarlo. "Se darán a conocer muy pronto, pero existe gente destructiva en el mundo y tienen miedo de que les ataquemos".

"En todos los países crece el número de personas que cree en civilizaciones cósmicas", abunda James Hurtak, otro de los invitado al evento barcelonés, maestro en teología, arqueólogo, director de la Asociación de Investigación de la Gran Pirámide de Giza y autor de más de 20 libros sobre ciencia social y futurista. "Cada vez hay más personas que creen estas civilizaciones o en la teoría de los antiguos astronautas. El rechazo a estas idea está quedando atrás".

Fuente: 20minutos

Estudios del ADN humano arrojan luz sobre el último gran misterio de Genghis Khan

En 2003, un estudio afirmó que 1 de cada 200 hombres era descendiente directo de Genghis Khan. Este estudio ha tratado de demostrar si eso es cierto o no.


Un análisis de ADN antiguo publicado en la revista PNAS cuestiona uno de los relatos más difundidos sobre Genghis Khan: la idea de que 1 de cada 200 hombres desciende de él. El estudio examina restos de la élite de la Horda de Oro y redefine el alcance real de su legado genético.

La hipótesis surgió hace más de dos décadas, cuando un equipo de investigadores identificó un linaje del cromosoma Y, denominado haplogrupo C3*, presente en torno al 8% de los varones de Asia Central y distribuido por amplias regiones de Eurasia. La expansión temporal de este marcador coincidía con el auge del Imperio mongol, lo que llevó a vincularlo directamente con la descendencia masculina del conquistador.

El nuevo trabajo, liderado por científicos de la Universidad de Wisconsin–Madison junto a especialistas de Kazajistán y del Instituto Nacional de Genética de Japón, analizó cuatro individuos enterrados en tumbas de alto rango asociadas a la Horda de Oro. Según explicó Ayken Askapuli, autor principal del estudio, "es un poco como la ciencia forense", al describir el proceso de reconstrucción genealógica a partir del genoma.
Un linaje más complejo

Los resultados confirmaron que los tres varones examinados compartían ascendencia paterna y pertenecían al haplogrupo C3*. Sin embargo, el detalle determinante radica en que portaban una subrama específica que hoy es mucho menos frecuente que la variante dominante en la población actual.

John Hawks, profesor en la Universidad de Wisconsin–Madison y coautor del artículo, precisó: "Con los resultados de ADN antiguo podemos distinguir diferentes ramas del genoma que están próximas entre sí, pero no son idénticas". Esta diferenciación técnica altera la interpretación tradicional sobre la supuesta descendencia masiva del líder mongol.

La investigación subraya que el linaje C3* más común en la actualidad podría no corresponder directamente al de Genghis Khan, sino a otra rama emparentada que también se expandió durante la era mongola o incluso antes. Sin restos confirmados del propio conquistador, resulta imposible determinar qué variante concreta del cromosoma Y portaba.

La tumba del fundador del Imperio mongol sigue sin localizarse con certeza, aunque la tradición la sitúa en la montaña de Burkhan Khaldun. Hasta que no se disponga de material genético inequívoco, la dimensión exacta del legado biológico de Genghis Khan continuará moviéndose entre la evidencia científica y la leyenda histórica.

Fuente: el confidencial

Desentierran una ciudad perdida y un hallazgo sin precedentes: Madinat al Zāhira y revela un misterio de mil años

Un equipo de investigadores ha identificado el lugar donde podría haber estado Madinat al Zāhira, la mítica ciudad palatina erigida por Almanzor en el siglo X y desaparecida sin dejar rastro. El hallazgo, liderado por el profesor Antonio Monterroso Checa de la Universidad de Córdoba, aporta pruebas físicas y tecnológicas que sitúan la ciudad perdida en el extremo oriental de Córdoba, cerca de Alcolea.


Un enigma resuelto con tecnología de vanguardia


Durante siglos, Madinat al Zāhira ha sido uno de los mayores misterios de la arqueología andalusí. A diferencia de Madinat al Zāhra, la ciudad edificada por Abderramán III al oeste de Córdoba y ampliamente estudiada, la fundación de Almanzor se mantuvo envuelta en el mito y la especulación.

El nuevo estudio utiliza sensores LiDAR del Instituto Geográfico Nacional, una tecnología que permite detectar alteraciones en el terreno invisibles al ojo humano. Gracias a este método, el equipo dirigido por Monterroso Checa ha logrado “un nivel de detalle sin precedentes que refuerza y amplía una hipótesis planteada por primera vez en 2023”, según la investigación citada por Historia National Geographic. El análisis digital revela la presencia de anomalías topográficas a lo largo de más de 1.200 metros lineales, asociadas a una trama urbana compleja y organizada.

Una extensión comparable a Madinat al Zāhra

Los datos obtenidos permiten estimar que Madinat al Zāhira habría ocupado unas 120 hectáreas. La posible ubicación se encuentra a unos 12 kilómetros de la Mezquita-Catedral de Córdoba, en una zona de alto valor estratégico y simbólico durante la época califal. El espacio identificado, próximo al entorno de los cabezos de las Pendolillas, coincide con una de las dos únicas áreas de Dehesas Reales del municipio, lo que refuerza la plausibilidad histórica del hallazgo.

El propio Monterroso Checa señaló: “Esta es la única de las 22 propuestas existentes hasta la fecha que se apoya en datos físicos contrastables, lo que abre una nueva vía para abordar uno de los mayores misterios de la Córdoba medieval”.

La zona habría estado ligada al Realeango y llegó a albergar las Yeguadas Reales desde la época de Felipe II, un dato que subraya la continuidad histórica del lugar.

Evidencias constructivas y tramas urbanas singulares


El análisis de los modelos digitales del terreno muestra edificios de planta rectangular y cuadrangular, organizados de forma aterrazada y siguiendo una planificación ordenada. En algunas áreas, se han detectado construcciones que rompen la trama ortogonal tradicional y se orientan hacia el sureste, un rasgo que los investigadores consideran significativo no solo desde el punto de vista urbanístico, sino también simbólico.

Esta disposición refuerza la hipótesis de que en el enclave existió una gran fundación palatina andalusí, con una organización espacial planificada y compleja, propia del esplendor de la época de Almanzor. Los expertos destacan que “el entorno histórico y topográfico del hallazgo coincide con referencias documentales sobre la ubicación de Madinat al Zāhira”, aportando un respaldo adicional a la propuesta.

El empleo de tecnología LiDAR ha permitido superar las limitaciones de las investigaciones previas, que se basaban en fuentes literarias y conjeturas, y ofrece por primera vez evidencias físicas concretas. La presencia de anomalías topográficas alineadas con estructuras urbanas, junto con la localización estratégica en relación al territorio cordobés, constituyen los tres fragmentos clave que sustentan la importancia del hallazgo:
  • Una superficie de 120 hectáreas identificada mediante tecnología avanzada
  • Restos de una trama urbana compleja, con orientaciones simbólicas
  • Vinculación histórica y geográfica con contextos reales documentados.   
Un avance crucial para la arqueología andalusí

La posible localización de Madinat al Zāhira representa un avance de gran relevancia para la arqueología española y para el conocimiento de la Córdoba califal. Hasta ahora, el paradero exacto de la ciudad de Almanzor era objeto de debate y conjeturas, con más de veinte propuestas planteadas a lo largo de los siglos. “El hallazgo abre una nueva vía para abordar uno de los mayores misterios de la Córdoba medieval”, afirmó Antonio Monterroso Checa.

La investigación, recogida por Historia National Geographic, marca un hito al fundamentarse en datos físicos y no solo en fuentes escritas. El hallazgo invita a futuras excavaciones y estudios que podrían confirmar la hipótesis y recuperar los vestigios materiales de una de las ciudades más legendarias de Al-Ándalus.

Fuente: Infobae

Gatos negros y brujería: la historia oculta detrás del mito

Descubre cómo los gatos negros pasaron de animales sagrados a símbolos de brujería y miedo, y cómo siglos de superstición, religión y folclore moldearon nuestra visión de estos felinos misteriosos.


Los gatos negros pasaron de animales sagrados a símbolos de brujería y miedo, y cómo siglos de superstición, religión y folclore moldearon nuestra visión de estos felinos misteriosos

Los gatos negros nunca han sido solo gatos. Sus ojos brillando en la oscuridad y su andar silencioso los convirtieron en símbolos de misterio, temor y fascinación. Pero ¿por qué se los asocia con la brujería? La respuesta se encuentra en un hilo que atraviesa la historia, la superstición, la religión y la cultura, desde Egipto hasta América Latina, y que revela más sobre nosotros que sobre ellos.


Bastet, Hécate y el inicio del misterio

En las antiguas civilizaciones, el gato negro era un protector. En Egipto, Bastet, diosa de la fertilidad y la luz, adoptaba la forma felina. Grecia veía en Hécate, la diosa de la magia, un vínculo con los gatos. En esas culturas, el felino negro encarnaba lo enigmático, pero también la protección, el poder de lo nocturno y lo sagrado. La oscuridad de su pelaje no era maldad, sino misterio: un espejo de lo desconocido que los humanos admiraban y respetaban.

La Edad Media: de guardianes a demonios


Todo cambió en la Europa medieval. En 1233, el papa Gregorio IX publicó la Bula Vox in Rama, describiendo rituales en los que los iniciados besaban a un gato negro para renunciar a Dios. El animal se convirtió en símbolo del Diablo y en vehículo de la bruja. La superstición se consolidó: el gato negro no era solo un felino, sino un intermediario del mal.

Durante la Peste Negra, esa imagen tuvo consecuencias mortales. Los felinos fueron quemados y sacrificados porque se creía que propagaban la enfermedad y que eran cómplices de brujas. En Metz (Francia), doce gatos negros fueron quemados vivos; en otras regiones, la matanza fue aún más extensa. La asociación entre gato negro y maldad se reforzó no solo por la religión, sino también por la necesidad de encontrar culpables, chivos expiatorios para el miedo colectivo.


La bruja y su sombra felina

En la tradición europea se contaban relatos donde los gatos negros acompañaban a las brujas como sus “familiares”, y se creía que dañar a un felino podía afectar, sin saberlo, a una persona acusada de brujería; esto también porque habia quiénes decían las brujas se convertían en los felinos de pelo azabache. El gato se volvió así no solo un símbolo, sino un espejo de lo temido: la transgresión, lo femenino y lo prohibido.

En el País Vasco, se cuenta que un gato de tamaño mediano entraba en aquelarres, era besado por los iniciados y participaba en rituales de magia. Otras leyendas narran cómo campesinos que dañaban un gato negro terminaban, sin saberlo, afectando a una mujer acusada de brujería. El gato se volvió así no solo un símbolo, sino un espejo de lo temido: la transgresión, lo femenino, lo prohibido.

Los rituales también incluían la utilización de partes del felino: pieles, grasa y sangre para preparar pócimas. No era superstición sin sentido: cada gesto tenía un valor simbólico, reforzando la idea de que el gato negro era intermediario de fuerzas que los humanos no podían controlar. Caro Baroja explica que estos relatos reflejan un miedo profundo a lo femenino, a lo nocturno, a lo desconocido, y cómo la sociedad proyectaba esos temores en un animal que podía ser acariciado en un momento y condenado al fuego en otro.

América Latina: leyendas que cruzan el Atlántico


Con la colonización europea, los mitos llegaron a América Latina. Aunque los gatos no eran nativos, se integraron en el imaginario local. Se les atribuían poderes misteriosos y vínculos con hechicería. En México y Centroamérica, se decía que los gatos negros acompañaban a curanderas y brujas, actuando como vigilantes o espíritus acechantes. Incluso hoy, en festividades como Halloween, su presencia evoca siglos de superstición, recordándonos la persistencia de estas narrativas.

Entre la historia y el simbolismo

Los gatos negros, en última instancia, no representan el mal. Representan nuestra historia, nuestro miedo a lo desconocido y a lo transgresor. La Iglesia medieval, los inquisidores, los cuentos populares y los etnógrafos como Caro Baroja nos muestran cómo la sociedad canaliza sus ansiedades y cómo las proyecciones humanas pueden marcar la vida de los seres más inocentes. Si bien no existe una fecha exacta ni un momento preciso en que los gatos se convirtieron en símbolos de brujería o del mal, este fenómeno es un hecho histórico: resultado de coincidencias, imaginarios colectivos y miedos compartidos que, al igual que el terror a lo oculto, reflejan la simbología de nuestras propias ansiedades. El gato negro es, quizá, la sombra que nos devuelve nuestra propia mirada, el enigma que persiste en la noche y en nuestra memoria colectiva.


Fuente: pijamasurf.com