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Entrada destacada

Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

La revista de Historia de la BBC ha resumido, según la opinión de veinte arqueólogos e investigadores, los enigmas y misterios más desconcer...

Revelan el verdadero origen de las pirámides en Egipto: utilizaron una tecnología muy avanzada

Un grupo de especialistas identificó indicios de una técnica hidráulica avanzada que habría permitido trasladar y levantar grandes bloques de piedra mediante el uso controlado del agua.


El misterio que rodea a las pirámides de Egipto ha despertado el interés de historiadores, arqueólogos y viajeros durante siglos. La precisión de su arquitectura y el enorme tamaño de los bloques utilizados en su construcción han alimentado múltiples teorías sobre cómo pudieron levantarse estas estructuras monumentales. Un estudio reciente publicado en la revista científica PLOS ONE plantea ahora una nueva explicación sobre el posible método utilizado para edificarlas.

Un grupo de investigadores liderado por Xavier Landreau, del Instituto Paleotécnico de la Comisión de Energía Atómica y Energías Alternativas (CEA) de Francia, sugiere que los antiguos egipcios podrían haber utilizado un sistema hidráulico para desplazar y elevar las piedras en la Pirámide escalonada de Djoser, situada en la necrópolis de Saqqara.

La Pirámide Escalonada del faraón Djoser, erigida hace aproximadamente 4650 años, constituye el primer intento de los egipcios de levantar una construcción monumental completamente con bloques de piedra tallada.

Este mecanismo, fundamentado en la gestión de agua y sedimentos, podría haber facilitado el transporte de bloques de varias toneladas de manera eficiente, eliminando la necesidad del esfuerzo humano exclusivo que se creía indispensable hasta el momento. Este hallazgo abre nuevas perspectivas para comprender la construcción de monumentos que, hasta ahora, parecían desafiar las leyes de la ingeniería antigua.

Revelan el método del agua para mover las piedras gigantes de la Pirámide de Djoser

La investigación detalla que el Gisr el-Mudir funcionaba como una especie de presa de retención de sedimentos, regulando el flujo de agua y creando un lago temporal que suministraba agua para las tareas de elevación. Mientras tanto, la sección sur del foso seco contenía compartimentos que actuaban como un sistema de purificación y retención, asegurando que el agua utilizada estuviera libre de partículas que pudieran obstruir el mecanismo.

El estudio indica que los egipcios podrían haber creado un sistema de elevación hidráulica interno, que operaba de manera similar a un volcán: el agua sedimento-libre del foso seco habría sido usada para levantar los bloques desde el centro de la pirámide hacia los niveles superiores. Este método no solo facilita la explicación del transporte y posicionamiento de los enormes bloques, sino que también demuestra un conocimiento avanzado de hidráulica.

Innovación: transformando inundaciones en oportunidades

Antes de la Cuarta Dinastía, uno de los principales retos que enfrentaban los antiguos egipcios no era la escasez de agua, sino su exceso. Las crecidas anuales del Nilo solían inundar los sitios de construcción, dañar materiales como la madera y dificultar el transporte de suministros. Sin embargo, en lugar de combatir este fenómeno natural, los ingenieros egipcios lograron convertirlo en una ventaja, utilizando la fuerza del agua como un recurso esencial para la construcción.

Este enfoque marcó un cambio decisivo en la arquitectura monumental del Antiguo Egipto. En apenas una generación, el tamaño de los bloques de piedra empleados en las obras se duplicó. Para la época de la construcción de la Gran Pirámide de Keops, alrededor del año 2550 a.C., los bloques ya superaban las cinco toneladas.

Según los cálculos de los especialistas, trasladar estas enormes piezas mediante rampas tradicionales habría requerido al menos 4000 obreros trabajando de forma continua, mientras que un sistema hidráulico de elevación habría reducido notablemente la dependencia de fuerza humana.

La ingeniería egipcia, un logro asombroso en la historia

El hallazgo de este sistema sugiere que los antiguos arquitectos egipcios poseían conocimientos sofisticados de ingeniería hidráulica, probablemente aplicados también en la construcción de canales y transporte de piedras por barcazas.

Lejos de depender únicamente de fuerza humana y rampas, los constructores del Antiguo Egipto diseñaron soluciones inteligentes que optimizaban los recursos disponibles y aceleraban el proceso de construcción.

Este enfoque explica cómo pudieron levantar toneladas de piedra y mantener la precisión geométrica que caracteriza a estas pirámides. Además, el uso estratégico del agua representa un ejemplo temprano de ingeniería sostenible, donde los recursos naturales se integraban de manera eficiente al diseño arquitectónico.

Fuente: cronista.com

La muerte, bajo revisión: la ciencia empieza a desvelar un misterio

¿Es la muerte un final o un proceso que apenas empezamos a comprender? La ciencia contemporánea cuestiona la idea del apagón súbito y dibuja un escenario mucho más complejo, en el que el cerebro puede desplegar una intensa actividad en sus últimos instantes y la consciencia se convierte en el gran enigma.


Sergio Peris-Mencheta, director de escena: “Se nos debería enseñar a morir, y es lo único que no se nos enseña”. La muerte, lejos de ser un simple apagón biológico, es un territorio lleno de matices que apenas empezamos a vislumbrar. Durante siglos la imaginamos como un límite nítido, un punto final. Pero la ciencia contemporánea —desde la neurociencia hasta las teorías cuánticas más especulativas— está revelando que ese límite es más poroso, más dinámico y más misterioso de lo que nuestra intuición permite comprender.

Morir no ocurre de golpe: es un proceso en el que el cerebro, en lugar de desvanecerse silenciosamente, puede desplegar una actividad intensa, casi luminosa, como si la consciencia realizara un último esfuerzo por expandirse o reorganizarse.

Las experiencias cercanas a la muerte, antes relegadas al terreno de la fantasía o la alucinación, se interpretan ahora como estados extraordinarios de la mente, capaces de generar percepciones más vívidas que la realidad cotidiana.

A esto se suma la posibilidad —todavía hipotética, pero intelectualmente provocadora— de que la consciencia no sea solo un producto del cerebro, sino un fenómeno más profundo, quizá ligado a la estructura misma del universo. Si así fuera, la muerte no sería una aniquilación, sino una transformación: el paso de una consciencia localizada, “partícula”, a una forma más amplia y distribuida, “onda”, que ya no depende del cuerpo para existir.

Incluso si estas ideas no están demostradas, su sola formulación abre un horizonte nuevo. Nos obliga a aceptar que la muerte no es un simple final, sino un fenómeno complejo en el que biología, mente y realidad se entrelazan de maneras que apenas empezamos a comprender.

En ese sentido, decir que la experiencia de morir es infinitamente más compleja no es una exageración poética, sino un reconocimiento de nuestra ignorancia. Morir podría ser, más que un cierre, un proceso lleno de actividad, significado y posibilidades que desafían nuestras categorías habituales. Y quizá por eso, cuanto más aprendemos sobre la muerte, más se expande el misterio de lo que significa estar vivos.

Morir no es simplemente dejar de existir, sino atravesar un umbral cuya profundidad apenas intuimos. La muerte, que durante tanto tiempo imaginamos como un apagón brusco, se revela más bien como un proceso en el que la consciencia parece desplegar sus últimas posibilidades, como si en el borde mismo de la disolución se abriera un espacio inesperado de lucidez.

Quizá porque la vida, al tensarse hacia su final, ilumina aquello que normalmente permanece oculto: la fragilidad del yo, la porosidad entre mente y mundo, la extraña continuidad entre lo que creemos ser y lo que nos trasciende.

En ese tránsito, la identidad deja de ser una estructura rígida y se vuelve un flujo, un movimiento que no se detiene de inmediato, sino que se transforma, se expande o se repliega en formas que todavía no comprendemos. La muerte, entonces, no sería un muro sino una frontera permeable, un pasaje en el que la consciencia podría experimentar una complejidad que desborda nuestras categorías habituales, como si el final de la vida biológica no coincidiera necesariamente con el final de la experiencia.

Tal vez por eso, cuanto más investigamos ese instante liminal, más evidente se vuelve que morir no es un acto simple, sino un acontecimiento lleno de matices, un misterio que nos obliga a reconsiderar qué significa estar vivos y qué significa dejar de estarlo, como si la muerte fuera menos un cierre que una transformación cuyo sentido aún se nos escapa.

Es la consciencia la que crea el universo y no al revés implica invertir el orden habitual con el que interpretamos la realidad, porque nos invita a pensar que el mundo no es una estructura fija que existe independientemente de nosotros, sino una trama que se despliega a través del acto mismo de percibir. Bajo esta mirada, la materia deja de ser el fundamento último y se convierte en una expresión secundaria de algo más profundo: la experiencia.

El universo no sería entonces un escenario preexistente en el que la consciencia aparece como un accidente tardío, sino un proceso que se actualiza a través de la mirada que lo contempla, como si cada forma, cada ley y cada acontecimiento emergieran del encuentro entre el ser que observa y aquello que es observado.

Esta idea no niega la existencia del mundo, pero sí cuestiona su supuesta independencia, sugiriendo que la realidad es inseparable del sujeto que la vive. La consciencia, en este sentido, no sería un producto de la evolución biológica, sino el principio organizador que hace posible cualquier noción de existencia. Y si esto es así, entonces el universo no es un objeto externo, sino una manifestación de la profundidad misma del ser, un espejo en el que la consciencia se reconoce a través de infinitas formas.

Fuente: mundiario.com/

"El peligro de la tecnología es la causa de que se mantenga en secreto el contacto con extraterrestres"

Cuando alguien levanta su voz al cielo y asegura haber estado en contacto con seres de otros planetas, el mundo de la ciencia levanta la mano, pide la palabra y formula una sencilla pregunta: ¿tienes pruebas de ello? "Es complicado, los seres tienen campos magnéticos e impiden cualquier tipo de fotografia, tan solo se les puede pintar", asegura uno de los asistentes al Congreso Mundial de Ufología que este fin de semana celebra su tercera edición en Barcelona.


Al evento acuden personas de diferente pelaje, desde periodistas que han dedicado toda su vida a la investigación del misterio como Enrique de Vicente o el mexicano Jaime Maussan -ganador de un premio Ondas- pasando por científicos de prestigio en la física teórica como el estadounidense Michio Kaku, diversos conferenciantes que aseguran haber contactado con aliens, exmilitares con testimonios de primera mano sobre avistamientos e incluso un exalto cargo del ministerio de Defensa británico como Nick Pope que se ha convertido en una celebridad televisiva por sus revelaciones sobre los papeles secretos del Gobierno de su país.

"En el siglo XXI la gente está preparada para conocer que ya se han producido contactos", asegura este autor y periodista británico durante la presentación del evento que arranca este viernes. "El motivo de que esta información siga ocultándose a la gente y mantenida en secreto es que se descubra la tecnología que utilizan los extraterrestres y que estos avances tecnológicos puedan ser utilizados como un arma por parte de países enemigos o grupos terroristas".

Pope trabajó durante 21 años para el gobierno británico. Al comienzo de su carrera para Defensa fue asignado al Centro de Operaciones Conjunta de la Guerra del Golfo Pérsico y su última aportación en aquel ministerio fue como Director Adjunto en el área de seguridad: su trabajo allí era investigar el fenómeno ovni y los avistamientos que reportaban pilotos, oficiales de policía y personal militar.

En 2006 abandonó el ministerio de defensa con mucha información en la mochila. Y se dedicó a divulgar lo que conocía. Muchos avistamientos podían explicarse de forma racional, pero otros, dice, desafiaban cualquier explicaciones convencional. "El miedo a lo deconocido, a lo extraño, está muy impregnado en nuestro cerebro y está muy ligado a la evolución de la humanidad. Por eso es normal que rechacemos cualquier idea que rompa nuestros planteamientos previos", explica.

Este miedo a lo desconocido es, según el militar italiano Roberto Pinotti, otro de los motivos por los que aún no se ha producido un contacto franco y abierto con otras civilizaciones. "Están esperando a que maduremos como sociedad", subraya este exoficial de brigada en el ejército italiano sobre el hecho de que, hata la fecha, ninguna civilización extraterrestre se haya decidido a darse a conocer. "De momento tienen miedo a que los Gobiernos no sean capaces de controlar la situación".

"¡Muchos ya hemos tenido ese contacto!", le interpela el boliviano Antonio Portugal, un investigador de culturas precolombinas que, según asegura, ha contactado "personalmente" con extraterrestres y estos le han encomendado la misión de divulgarlo. "Se darán a conocer muy pronto, pero existe gente destructiva en el mundo y tienen miedo de que les ataquemos".

"En todos los países crece el número de personas que cree en civilizaciones cósmicas", abunda James Hurtak, otro de los invitado al evento barcelonés, maestro en teología, arqueólogo, director de la Asociación de Investigación de la Gran Pirámide de Giza y autor de más de 20 libros sobre ciencia social y futurista. "Cada vez hay más personas que creen estas civilizaciones o en la teoría de los antiguos astronautas. El rechazo a estas idea está quedando atrás".

Fuente: 20minutos