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Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

La revista de Historia de la BBC ha resumido, según la opinión de veinte arqueólogos e investigadores, los enigmas y misterios más desconcer...

En Siberia: Hallan el brote de peste más antiguo del mundo

El hallazgo de ADN en restos de un grupo de cazadores-recolectores revela el brote de peste más antiguo conocido, ocurrido hace más de 5.000 años. La cepa causó la muerte principalmente de niños y jóvenes.


Hace unos 5.500 años, grupos de cazadores-recolectores que habitaban la región del lago Baikal en Siberia (Rusia) se alimentaban en grandes cantidades de urogallos, ciervos, alces, peces, focas y marmotas.

Esta población se convirtió en víctima del brote de peste más antiguo que se conoce, afectando especialmente a niños y adolescentes, detalla una investigación publicada el miércoles (17.06.2026) en la revista Nature.

El origen de la peste más antigua en Asia

En el ADN obtenido en cuatro sitios de sepultura de la zona se encontró la cepa más antigua conocida hasta ahora de Yersinia pestis, la bacteria de la peste. Las muertes ocasionadas presagiaron el inmenso sufrimiento que este patógeno causó a la humanidad.

Los científicos explicaron que el brote fue particularmente letal para los jóvenes, a juzgar por los sitios de entierro, y lo atribuyeron a rasgos genéticos que ya no están presentes en la versión actual del patógeno.

"Los hallazgos cambian fundamentalmente la forma en que pensamos sobre los orígenes y el impacto temprano de uno de los patógenos más trascendentales de la humanidad", afirma el autor principal, el genetista evolutivo Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague.

Transmisión zoonótica de la peste

La evidencia también respalda que las marmotas fueron la especie transmisora original de la bacteria, y que la peste surgió en el centro o noreste de Asia antes de propagarse por Eurasia.

"Es solo gracias al desarrollo de métodos para estudiar el ADN antiguo que hemos descubierto que ha estado presente durante mucho más tiempo de lo que sabemos por los registros históricos. Es una enfermedad zoonótica, un patógeno que se mantiene principalmente en roedores en lugar de humanos, pero que ha pasado repetidamente a los seres humanos con efectos devastadores", señala el coautor Ruairidh Macleod, genetista evolutivo de la Universidad de Oxford.
Las epidemias que causaron un gran número de muertes en Europa

El segundo caso más antiguo conocido de peste data de hace entre 5.300 y 5.000 años en Letonia, a unos 5.000 km de distancia.

Dos epidemias mataron a un gran porcentaje de la población europea: la Plaga de Justiniano en el siglo VI y la Peste Negra en el siglo XIV, cuando la peste se transmitía a las personas a través de picaduras de pulgas infectadas, que eran transportadas por ratas.

Un brote que se produjo mucho antes de la agricultura

Durante mucho tiempo se había supuesto que los brotes significativos de peste ocurrieron solo después de que la humanidad comenzó la agricultura y estableció asentamientos con altas densidades de población.

También se pensaba que las primeras cepas pudieron haber sido leves. El descubrimiento de que la peste mató a cazadores-recolectores prehistóricos que deambulaban por un paisaje boscoso remoto en grupos de docenas de personas contradice esas nociones.

En las cercanías del lago Baikal se detectó Y. pestis en 18 de los 46 cuerpos examinados, una tasa más alta que en algunas fosas de entierro de la peste medieval. Para Macleod, encontrar evidencia de un brote de peste letal a gran escala entre estos cazadores-recolectores fue una "sorpresa total".
Una etapa de transición para la peste

Los investigadores recuperaron múltiples genomas de Y. pestis preservados en los dientes de las víctimas enterradas por la peste. Estas cepas estaban muy cerca de la raíz ancestral de una bacteria que se había separado de su predecesor evolutivo solo dos siglos antes.

"El patógeno parece representar una etapa de transición en la evolución de la peste: ya era capaz de causar una enfermedad grave, pero aún no poseía el conjunto completo de adaptaciones observadas en las cepas pandémicas posteriores", explica Willerslev.

Niños y jóvenes, principales afectados

Las cepas antiguas carecían de un gen que facilitaba la transmisión a través de pulgas. Tampoco producía dolorosas inflamaciones en los ganglios linfáticos más cercanos, como ocurrió en las epidemias posteriores.

Sin embargo, estas cepas poseían una variante genética ausente en las cepas de peste posteriores que puede causar complicaciones inflamatorias graves en niños, lo que explicaría por qué muchos de los enterrados eran menores.

"Esta susceptibilidad es mayor para los niños de 8 a 12 años, y es claramente un patrón de mortalidad completamente diferente al que vemos en otros sitios de cazadores-recolectores de Baikal donde no se detecta la peste", cuenta Macleod.

La trampa de las marmotas

Estos cazadores-recolectores entraban en estrecho contacto con las marmotas, y los investigadores señalan que probablemente los roedores propagaron la infección. En otros sitios de entierro se hallaron colgantes hechos con los dientes frontales de marmotas, que habrían sido una fuente de alimento.

"Es posible que algunas personas hayan entrado en contacto con una marmota infectada, probablemente al manipularla o al comer carne de marmota mal cocida", explica Macleod.

Después de que el patógeno dio el salto de las marmotas a las personas, los investigadores creen que se propagó a través de la transmisión de humano a humano, por ejemplo, al toser.

"Las infecciones por peste están generalizadas entre los individuos, y aparentemente muchas personas estrechamente emparentadas murieron de peste al mismo tiempo", detalla Macleod.

"Este brote devastó a las comunidades de cazadores-recolectores de la época. Está claro que al menos unas pocas personas quedaron con vida para enterrar a los muertos, y claramente sabían quién era quién, ya que los hermanos jóvenes fueron sepultados juntos en tumbas compartidas", concluye Macleod.

Fuente: DW

Groenlandia revela un misterio histórico: la humanidad contamina con mercurio desde hace 4.000 años

El hallazgo obliga a recalcular el mercurio de origen humano y a mejorar los modelos de emisiones actuales.


El ser humano contamina el medioambiente con mercurio desde antes de lo que se pensaba, según un estudio internacional con participación del CSIC y publicado en la revista Science Advances. En concreto, los resultados apuntan a que las emisiones antrópicas de metal tóxico comenzaron al menos durante la Edad de Bronce, hace unos 4.000 años.

Para llegar a esta conclusión, los expertos han reconstruido la historia de la contaminación por este elemento con datos recogidos en un núcleo de hielo de más de 1.200 metros (m) extraído en el marco del Proyecto de Núcleos de Hielo del Este de Groenlandia abarca todo el Holoceno, desde hace 11.700 años hasta la actualidad.

Este núcleo fue tratado en tres fases: primero, se cortó meticulosamente en trozos más pequeños, equivalentes a periodos de cinco años; segundo, se limpió para evitar la contaminación cruzada; y tercero, los trozos de hielo se derritieron en el laboratorio para su análisis.

"Este registro es único por su duración y su alta resolución temporal", ha destacado el investigador del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC) y autor del estudio, Ari Feinberg.

Según el equipo investigador, las emisiones de mercurio en el pasado fueron de una magnitud lo suficientemente relevante para que dejara huella en el hielo de Groenlandia. "Solemos pensar que los humanos llevamos contaminando el planeta solo un par de siglos, pero esta nueva investigación revela que, en el caso de mercurio, hablamos de milenios", ha explicado Feinberg.

Las fuentes de estas primeras emisiones podrían haber sido el refinado de minerales de cobre y estaño o el uso de cinabrio, un mineral rico en mercurio muy apreciado como pigmento rojo y como medicamento, de acuerdo con los expertos. De hecho, el investigador ha apuntado a cómo arqueólogos han encontrado niveles altos de mercurio en huesos humanos procedentes de yacimientos funerarios de la Península Ibérica, "lo que sugiere que el cinabrio se utilizó de forma generalizada en ese periodo".

"La señal captada en el núcleo de hielo de la remota zona central de Groenlandia podría ser un indicio temprano de que las emisiones de mercurio ya eran lo suficientemente elevadas como para extenderse por toda la atmósfera del hemisferio norte", ha explicado.

Además, los datos del núcleo de hielo muestran que la contaminación no ha hecho sino agravarse con el tiempo. Por esta parte, los científicos han señalado que la acumulación de mercurio en Groenlandia se multiplicó por 2,7 desde el siglo XIII y por 7,4 a partir de 1840, coincidiendo con la revolución industrial. La metodología empleada permite distinguir estas emisiones humanas de los picos naturales de mercurio provocados por erupciones volcánicas, como las del volcán Laki, en Islandia, en 1783, o la del volcán Novarupta, en Alaska, en 1912.

El CSIC ha destacado que este avance contribuye a conocer mejor el origen y la evolución de las emisiones históricas de este contaminante al medio ambiente por parte del ser humano. "Este estudio podría ayudar a determinar cuándo comenzaron las emisiones humanas, un dato que no solo zanjaría un debate abierto en la comunidad científica, sino que permitiría monitorizar con más precisión el cumplimiento de los convenios internacionales sobre el uso de este metal tóxico", ha concluido el también investigador del IQF-CSIC y autor del estudio Alfonso Saiz López.

Asimismo, ha apuntado al Convenio de Minamata sobre el Mercurio, que busca desde su entrada en vigor en 2017 proteger el ecosistema y la salud humana de la contaminación por mercurio mediante la reducción de su uso. Según Feinberg, la capacidad para evaluar su eficacia y pronosticar la recuperación del ecosistema "se ve dificultada por las incertidumbres asociadas a las emisiones históricas causadas por el ser humano a lo largo de la historia".

Dado que aporta nuevas evidencias de que los seres humanos comenzaron a alterar los niveles de mercurio en el medioambiente antes de lo que se pensaba, obligará a reevaluar la cantidad de mercurio de origen humano presente en la actualidad. "Esperamos que esto ayude a mejorar los modelos actuales de emisiones de mercurio y con ello poder monitorizar y limitar su uso", ha añadido el investigador.

Fuente: el economista

El enigma del Boeing 727 que desapareció sin dejar rastro hace 23 años

El destino del Boeing 727-223, que despegó sin permiso y sin iluminación desde el aeropuerto Quatro de Fevereiro en Luanda (Angola) el 25 de mayo de 2003, continúa siendo uno de los enigmas más desconcertantes de la historia de la aviación. 


Aquel día, poco antes del atardecer, la aeronave (que había permanecido inmovilizada durante aproximadamente 14 meses debido a deudas impagadas y disputas contractuales) despegó a pesar de no tener autorización para hacerlo. Hoy, más de dos décadas después, no existe ninguna pista que permita reconstruir con precisión la trayectoria del vuelo o lo que ocurrió tras el despegue.

El avión se fabricó en el año 1975 y, en sus orígenes, formó parte de la flota de American Airlines, donde operó durante años hasta ser retirado del servicio comercial a finales del verano de 2001. Posteriormente, en marzo de 2022, aterrizó en Angola para servir como aeronave de carga para el transporte de combustible diésel. 

Sin embargo, la aeronave pronto se vio envuelta en una serie de complicaciones administrativas y logísticas: facturas sin pagar, documentos extraviados o robados y diversos problemas de seguridad que dificultaban su operación. Apenas dos meses después, en mayo de 2002, el avión quedó estacionado el aeropuerto, inmóvil y aparentemente olvidado.

El misterio del Boeing 727-223

Se cree que el 25 de mayo de 2003, dos individuos accedieron a la aeronave. Uno de ellos habría sido el piloto e ingeniero de vuelo estadounidense Ben C. Padilla, mientras que el segundo, John M. Mutantu, era un mecánico de la República del Congo. Ninguno de los dos contaba con la certificación necesaria para operar un Boeing 727, por lo que requerían un tercer tripulante para poder manejarlo con seguridad.

Poco después, el avión comenzó a desplazarse por la pista sin establecer ningún tipo de comunicación con la torre de control. Desde la torre intentaron contactar repetidamente con la aeronave, pero no recibieron respuesta. Sin luces exteriores y en completo silencio operativo, el avión logró despegar y puso rumbo suroeste sobre el océano Atlántico antes de desaparecer del radar. 

En ese momento llevaba aproximadamente 53.000 litros de combustible, lo que le otorgaba una autonomía estimada de unos 2.400 kilómetros. Desde entonces no se ha vuelto a tener noticias ni del avión ni de los dos ocupantes.

No se conoce con precisión la distancia que pudo haber recorrido la aeronave tras el despegue, pero algunos informes señalan que llegó a solicitar autorización para aterrizar en las Islas Seychelles. 

La distancia aproximada entre el punto de salida y ese destino es de unos 5.149 kilómetros. Sin embargo, para cubrir este recorrido, el avión habría tenido que repostar en algún otro lugar intermedio, algo de lo que no existe ningún registro oficial.

La hermana de Padilla, Benita Padilla-Kirkland, declaró en 2004 que su familia creía que él podría haber estado al mando y que quizá el avión se había estrellado en algún lugar remoto de África o incluso que él pudiera estar retenido contra su voluntad. 

Por otro lado, en julio de 2003 surgió el rumor de un posible avistamiento del avión en Conakri, Guinea, aunque posteriormente el Departamento de Estado de Estados Unidos descartó esta información. Documentos filtrados más tarde indicaron que se realizaron búsquedas internacionales en distintos países, incluyendo Sri Lanka y Nigeria, sin ningún resultado.

Las desapariciones más misteriosas de la historia

En 1935, Amelia Earhart quería completar la primera vuelta al mundo sobre la línea del ecuador. Sin embargo, Earhart y su navegante Fred Noonan desaparecieron poco después de despegar de Lae, en Papúa Nueva Guinea, el 2 de julio de 1937. 

Las condiciones meteorológicas en la ruta eran complicadas y se cree que pudieron contribuir a la desorientación de la aeronave, lo que habría llevado a Earhart a quedarse sin combustible en algún punto del Pacífico. A lo largo de los años también han surgido teorías alternativas, como la posibilidad de un aterrizaje forzoso en una isla bajo control japonés, seguido de su captura o ejecución, aunque ninguna de estas hipótesis ha sido confirmada.

La misteriosa tragedia que ayudó a consolidar la leyenda del Triángulo de las Bermudas se remonta al 5 de diciembre de 1945, cuando cinco bombarderos estadounidenses desaparecieron durante una misión de entrenamiento en las proximidades de Florida. 

Un extenso informe militar de más de 500 páginas planteó como explicación más probable que los pilotos se desorientaron durante el ejercicio, lo que, sumado a un posible agotamiento de combustible, habría provocado su caída en el océano. Finalmente, la desaparición de los 14 aviadores fue clasificada oficialmente como «causa desconocida».

El vuelo MH370 de Malaysia Airlines (MH370/MAS370) fue un vuelo comercial internacional de pasajeros operado por la aerolínea Malaysia Airlines que desapareció el 8 de marzo de 2014 mientras cubría la ruta entre el Aeropuerto Internacional de Kuala Lumpur, en Malasia, y su destino previsto, el Aeropuerto Internacional de Pekín-Capital, en China. La causa de su desaparición continúa sin esclarecerse hasta el día de hoy. Este caso es considerado uno de los mayores enigmas de la historia de la aviación moderna.

Fuente: ok