Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies y basado en la politica de cookies de Google Adsense. Puede leerlo en el enlace a continuación

Entrada destacada

El joven de 16 años que recuerda el 99% de su vida y que asombra a la ciencia

El estudio, publicado en la revista Cortex, confirma que su capacidad para evocar su propio pasado supera a la del 99,9% de la población. La...

El joven de 16 años que recuerda el 99% de su vida y que asombra a la ciencia

El estudio, publicado en la revista Cortex, confirma que su capacidad para evocar su propio pasado supera a la del 99,9% de la población. La clave no está en guardar más, sino en un umbral de recuperación mucho más bajo.


Un joven de 16 años recuerda casi cualquier día de su vida. Su memoria autobiográfica superior tiene a la ciencia desconcertada.

El caso responde a las iniciales KCL y lo ha descrito un estudio publicado en la revista Cortex. Su rendimiento está por encima del 99,9% de la población general cuando se trata de evocar su propio pasado. Y ahí está la trampa: no es un ordenador con un disco duro infinito.
Qué se ha medido exactamente en el laboratorio

Hasta hace nada, la investigación sobre HSAM dependía de cuestionarios y diarios donde los propios sujetos contaban lo que recordaban. Poco fiable, como te imaginas. Ahora los investigadores sentaron a KCL a hacer tareas monótonas y le interrumpían en momentos aleatorios para preguntarle qué estaba pensando en ese instante.

Resultado: su frecuencia de recuerdos autobiográficos involuntarios era inmensamente superior a la del grupo de control. Aun así, no es que se pierda más que tú o que yo; es que cuando se pierde, se pierde en su propio pasado. Su tasa general de distracciones era, de hecho, completamente normal.
No tiene un cerebro más grande, tiene el gatillo más suelto

Ya en 2012 la Universidad de California estudió la primera serie de casos y comprobó algo incómodo: en pruebas estándar de laboratorio, estas personas rinden igual que cualquiera. La mayoría de los casos estudiados confirma que su superpoder se limita a su biografía, algo que encaja con la descripción clínica de la hipermnesia. Nada de memorizar listas imposibles ni de recitar el número pi hasta el infinito.

Anatómicamente tampoco hay diferencia de forma o tamaño. La clave está en la fase de acceso: los cerebros con HSAM muestran mayor conectividad entre la corteza prefrontal y el hipocampo, y por eso llegan antes al recuerdo. Una vez que el recuerdo ya es consciente, su actividad cerebral es indistinguible de la de cualquier otra persona. Revivir no es distinto; abrir la puerta, sí.
Qué cambia este caso en todo lo que creíamos saber

Este caso importa menos por ser el primero y más por cómo se ha demostrado. El hallazgo central es que KCL tiene un umbral de recuperación mucho más bajo y una sensibilidad extrema a las claves del entorno. Un olor, una palabra suelta, una imagen que asoma en el móvil. Cualquier estímulo pequeño basta para encender un recuerdo que en el resto de mortales simplemente no se activa.

La lectura que hago es que llevamos décadas entendiendo la memoria como un almacén y quizá va siendo hora de entenderla como una puerta con distintos muelles. La capacidad de guardar no cambia; lo que cambia es la facilidad con la que entra el aire. Y eso abre una pregunta que la neurociencia todavía no ha cerrado: si se pudiera bajar ese umbral a voluntad, ¿quién decide qué recuerdos merecen quedarse encendidos?

Fuente: que.es

Un antiguo muro descubierto en París podría resolver el misterio de los orígenes de la ciudad.

El descubrimiento de un antiguo muro de piedra y madera llena un vacío importante en la historia de una de las ciudades más excavadas del mundo. Podría demostrar dónde comenzó París. Los arqueólogos saben mucho sobre el París romano. 

En su relato de las Guerras de las Galias, Julio César escribió sobre un lugar llamado Lutecia, un asentamiento construido por los parisios, la tribu gala que finalmente dio nombre a París. Ahora, el muro aclara las dudas.

El descubrimiento de una antigua muralla bajo un hospital parisino podría haber resuelto una incógnita que los arqueólogos han debatido durante décadas: ¿Dónde se originó París? La muralla de piedra y madera, de 22 metros de largo, fue desenterrada este verano durante las obras de construcción del hospital Hôtel-Dieu en la Île de la Cité, la isla en el río Sena que se encuentra en el centro del París moderno, según informa The New York Times. Los arqueólogos también hallaron una punta de lanza gala cerca de la muralla. La datación por carbono sitúa la construcción entre el 200 y el 10 a. C., aproximadamente en la época en que Roma conquistaba la Galia.

En su relato de las Guerras de las Galias, Julio César escribió sobre un lugar llamado Lutecia, un asentamiento construido por los parisios, la tribu gala que posteriormente dio nombre a París. César describió Lutecia como una ciudad fortificada en una isla del río Sena y escribió que sus habitantes incendiaron el asentamiento y destruyeron los puentes cuando se acercaron las tropas romanas. Sin embargo, Roma la conquistó en el año 52 a. C.

Durante mucho tiempo, los arqueólogos dudaron de la fiabilidad de la descripción geográfica de César. Existían pocas pruebas físicas de un gran asentamiento galo en la Île de la Cité, mientras que las excavaciones en Nanterre, al oeste de París, habían desenterrado numerosas evidencias. En la década de 1990, algunos investigadores concluyeron que la antigua Lutecia se ubicaba efectivamente allí.

Este muro cambia la situación. Matthieu Poux, profesor de arqueología en la Universidad de Lyon II, quien se encontraba entre los escépticos que no creían que Lutecia estuviera ubicada en la Île de la Cité, declaró a The New York Times que el descubrimiento le hizo cambiar de opinión.

 Ahora afirma que no hay duda de que la antigua ciudad existió allí.

Además, hay un detalle particularmente intrigante: la muralla había sido incendiada. Los arqueólogos hallaron semillas carbonizadas y los restos de un edificio de madera quemado en las cercanías, lo que al menos plantea la posibilidad de que hayan descubierto rastros físicos de la destrucción que César describió hace más de dos mil años. Los investigadores aún no están preparados para afirmarlo con certeza; el Ministerio de Cultura francés ha declarado que se necesita más investigación para determinar con exactitud cuándo se construyó la muralla y para qué se utilizaba.

Sin embargo, el descubrimiento llena un vacío importante en la historia de una de las ciudades más excavadas del mundo. Los arqueólogos conocen mucho sobre el París romano, incluidos los asentamientos bajo el actual Barrio Latino y los Jardines de Luxemburgo. El París galo ha sido mucho más difícil de determinar. Poux afirmó que esta excavación arqueológica por sí sola ha multiplicado por diez la cantidad de evidencia disponible sobre el tema.

Se planean nuevas excavaciones alrededor del hospital, y finalmente se retirará el muro para poder estudiarlo y exhibirlo.

Fuente: ArtNews

Por qué Mercurio ha encogido su tamaño hasta un 30 % más de lo que se estimaba?

Un nuevo estudio revela que Mercurio ha perdido hasta 23 kilómetros de diámetro desde su formación.


Al igual que el resto de los planetas rocosos del sistema solar, Mercurio se formó hace unos 4.500 millones de años a partir de un baile de caóticas colisiones entre rocas y asteroides. La inmensa energía liberada por estos impactos generó unas cantidades colosales de calor, que el planeta ha ido perdiendo desde entonces.

Como si se tratara de un globo que se desinfla por el frío, el interior de Mercurio se ha ido encogiendo a medida que se enfriaba. Para compensar esta pérdida de volumen continuo, sus capas rocosas más externas tuvieron que arrugarse y fracturarse, formando imponentes características tectónicas como crestas y escarpes.

Conocer la magnitud exacta de esta contracción resulta fundamental para que los astrofísicos puedan inferir cómo es el interior del planeta y comprender su evolución térmica.

“Más encogimiento significa que Mercurio podría tener un núcleo metálico más grande, menos elementos ligeros como el silicio mezclados en el núcleo de metal, o una temperatura inicial más alta”, explica Gaku Nishiyama, científico planetario del Instituto de Investigación Espacial del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y autor principal del estudio que aparece esta semana en Geophysical Research Letters.

En teoría el enfriamiento debería encoger un planeta de manera más o menos uniforme, haciendo que estas arrugas geológicas fueran comunes en todas partes. Pero la incesante formación de nuevos cráteres de impacto crea grandes depresiones y cubre el paisaje con toneladas de escombros. Esta rugosidad ha actuado como un velo geológico, haciendo que los signos de contracción planetaria sean mucho más difíciles de detectar entre los registros que abarcan miles de millones de años.

Un camuflaje de escombros cósmicos

Para resolver este enigma topográfico, el equipo de Nishiyama combinó mapas previos sobre evidencias de contracción con nuevas cartografías de rugosidad superficial para todo el globo. Por primera vez, los investigadores han logrado demostrar estadísticamente que las áreas más accidentadas de Mercurio presentan un número significativamente menor de arrugas visibles.
“Nos hizo pensar que existe un proceso que oscurece las estructuras de acortamiento”, detalla Nishiyama. Según el experto, los escombros generados por los impactos en estas zonas irregulares estarían tapando las crestas y fracturas tectónicas provocadas por la contracción térmica, de la misma manera que una capa de grava recién esparcida logra ocultar los surcos de una carretera.

Apoyándose en la tasa de encogimiento observada en las llanuras menos alteradas, los científicos calcularon la contracción que debió ocurrir a escala global, incluyendo las zonas ásperas. Sus resultados indican que estas características tectónicas ocultas podrían suponer entre un 10 % y un 30 % más de encogimiento a lo largo de la vida de Mercurio.
Esto se traduce en una reducción total de hasta 23 kilómetros en el diámetro del planeta, una cifra que contrasta drásticamente con las estimaciones actuales, que lo situaban entre los 4 y los 16 kilómetros.

“El 30 % es un poco sorprendente, pero la cantidad corregida de contracción en realidad tiene sentido para mí”, confiesa Nishiyama. Con esta nueva estimación, las observaciones empíricas sobre cuánto se ha enfriado y encogido el planeta coinciden mucho mejor con las predicciones teóricas basadas en la física, sugiriendo que la comunidad científica está más cerca de comprender qué ocurre en las entrañas del cuerpo rocoso más pequeño de nuestro vecindario cósmico.

A la espera de la misión BepiColombo

A pesar de la magnitud de este ajuste, los autores de la investigación advierten que las nuevas cifras todavía podrían quedarse cortas. Los datos actuales sobre la topografía de Mercurio, recopilados por la histórica misión MESSENGER de la NASA que finalizó en 2015, solo permiten medir con fiabilidad aquellas estructuras geológicas que superan los cinco kilómetros de diámetro, dejando en la sombra las fracturas más pequeñas.

Afortunadamente, el panorama de la exploración planetaria está a punto de cambiar. En noviembre de 2026, la sonda conjunta europea y japonesa BepiColombo, la tercera misión de la historia en visitar Mercurio, comenzará a recopilar escaneos de altísima resolución de su superficie.

Los investigadores esperan que este nuevo aluvión de datos orbitales revele escarpes, crestas y cráteres con un nivel de detalle sin precedentes, despejando definitivamente las incógnitas sobre la evolución del planeta.

Fuente: AGENCIA SINC