Los investigadores diseñaron un experimento capaz de provocar artificialmente esta sensación en un entorno controlado.
Los denominados ‘déjà vu’ llevan décadas despertando la curiosidad tanto de científicos como de la población general. Esa extraña sensación de estar viviendo una situación que ya ocurrió anteriormente sigue siendo uno de los fenómenos más intrigantes relacionados con la memoria humana. Ahora, una investigación liderada por el Dr. Akira O’Connor, especialista en memoria de la Universidad de St Andrews, en Escocia, ha aportado nuevas pistas para comprender por qué se produce esta experiencia.
El estudio plantea que el ‘déjà vu’ podría estar relacionado con un conflicto interno en los mecanismos de la memoria. Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores diseñaron un experimento capaz de provocar artificialmente esta sensación en un entorno controlado.
Un experimento para recrear la sensación de haber vivido algo antes
Durante la investigación, los participantes leyeron diferentes listas de palabras relacionadas entre sí. Entre ellas aparecían términos como “mojado”, “nieve”, “invierno”, “hielo” o “congelar”, todos vinculados a una palabra concreta que, sin embargo, nunca llegaba a mostrarse: “frío”.
Este procedimiento generó un falso recuerdo en muchos de los voluntarios. Aunque la palabra clave no había aparecido en ningún momento, varios participantes tenían la firme impresión de haberla visto previamente.
Los investigadores denominaron a estas palabras ausentes “señuelos críticos resueltos”. Se trata de términos que resultan familiares para el cerebro debido al contexto en el que aparecen, aunque realmente nunca hayan formado parte de la lista presentada.
El conflicto de memoria que podría explicar el déjà vu
Los resultados fueron especialmente llamativos. De los 21 voluntarios que participaron en el estudio, 16 experimentaron esta sensación de familiaridad. Además, los científicos observaron que el efecto era más intenso cuando los participantes eran capaces de detectar que aquello que les resultaba conocido en realidad no había ocurrido.
Según los autores, este hallazgo refuerza la idea de que el ‘déjà vu’ podría ser una señal generada por el cerebro cuando detecta una contrdicción entre distintas informaciones almacenadas en la memoria. En lugar de tratarse de un recuerdo real, sería una especie de mecanismo de comprobación que alerta de que algo no encaja completamente.
Las resonancias magnéticas realizadas durante el experimento respaldaron esta hipótesis. Los investigadores comprobaron que las áreas cerebrales relacionadas con el control y la supervisión de la memoria permanecían activas mientras se producía el conflicto cognitivo.
Aun así, los expertos advierten de que el descubrimiento tiene ciertas limitaciones y que todavía queda mucho por investigar sobre este fenómeno. Lo que sí parece cada vez más claro es que el ‘déjà vu’ podría estar menos relacionado con recuerdos ocultos y más con la forma en que nuestro cerebro verifica continuamente la información que procesa.
Fuente: larazon.es
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“¿Quién mató a los científicos?”, planteó la congresista de Carolina del Sur Nancy Mace.
Las republicanas forman parte de un número creciente de legisladores que alertan sobre los 12 científicos estadounidenses que han muerto o desaparecido desde 2022, todos con vínculos con programas nucleares o espaciales y, en algunos casos, con proyectos clasificados.
Además, en su publicación, Luna añadió: “Si te inquieta la cantidad de científicos que han desaparecido, muerto o se han suicidado recientemente, en relación con estos casos y otros, tu intuición es correcta”.
En algunos casos ya se identificaron sospechosos. Sin embargo, la falta de información sobre los otros alimentó teorías conspirativas, mientras investigadores y aficionados intentan encontrar vínculos entre ellos. A la vez, tanto el Congreso como la Oficina Federal de Investigación (FBI) iniciaron pesquisas, aunque todavía se conocen pocos detalles sobre una posible conexión entre los casos.
Los legisladores del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes investigan ahora 10 de los casos y a finales de abril enviaron cartas al FBI, al Pentagon y al Departmento de Energía para advertir que “estas muertes y desapariciones podrían representar una grave amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y para el personal con acceso a secretos científicos”.
“Sabemos que hay muchos países en el mundo que querrían tener nuestro conocimiento y nuestras capacidades nucleares”, dijo el presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, James Comer, en Fox & Friends. “Estas personas estaban en la primera línea de ese trabajo, y ahora están muertas o desaparecidas”.
A partir de ahí, las especulaciones se intensificaron tras la muerte del investigador de ovnis David Wilcock, quien falleció el 20 de abril, según confirmó la oficina del forense del condado de Boulder. Su caso eleva a 12 el total de episodios considerados misteriosos.
Sin embargo, en varios de ellos la policía descartó la intervención de terceros, y la NASA afirmó que no hay indicios de una amenaza a la seguridad. A la vez, familiares de las víctimas rechazaron las teorías de conspiración. Por su parte, el presidente Donald Trump señaló que “con suerte” todo se trata de una “coincidencia”.
‘The Independent’ analiza los casos.
Tres investigadores de la NASA en California muertos o desaparecidos y un astrofísico de Caltech asesinado frente a su casa
Frank Maiwald, Michael Hicks y Monica Reza trabajaban en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, mientras que el astrofísico Carl Grillmair formaba parte del Centro de Procesamiento y Análisis Infrarrojo de Caltech y los cuatro estaban en la zona de Pasadena, a las afueras de Los Ángeles, donde tres murieron y uno sigue desaparecido.
El científico Michael Hicks, especializado en cometas y asteroides, dejó el laboratorio en 2022 y falleció en julio de 2023, sin que se informara la causa.
La hija de Michael Hicks, Julia Hicks, dijo a CNN que su padre había tenido “problemas médicos conocidos” y que no entendía la relación entre su muerte y la de otros científicos desaparecidos. Además, señaló que, al 21 de abril, ni funcionarios electos ni agencias federales se habían comunicado con ella.
Frank Maiwald, investigador de 61 años nacido en Alemania y radicado en Pasadena, murió el 4 de julio de 2024 y la causa de su muerte no fue divulgada.
Por su parte, Monica Reza, de 60 años y reconocida científica de materiales, desapareció el 22 de junio de 2025 tras salir de excursión en el Bosque Nacional Ángeles. Dirigía el Grupo de Procesamiento de Materiales del laboratorio de la NASA y en los años 90 codesarrolló una superaleación a base de níquel utilizada en motores de cohetes. Según una carta enviada a la Oficina Federal de Investigación, el Comité de Supervisión de la Cámara citó informes que la vinculaban con el general retirado de la Fuerza Aérea William McCasland, también desaparecido en febrero en Albuquerque, Nuevo México.
“Informes incluso sugieren un vínculo directo entre Reza y el general McCasland, ya que los describe como con una ‘estrecha relación profesional’ a través de un programa de investigación financiado por la Fuerza Aérea a comienzos de los 2000, centrado en ‘materiales avanzados para vehículos espaciales reutilizables y armamento’”, escribieron James Comer y Eric Burlison en una carta dirigida al director del FBI, Kash Patel.
El 16 de febrero, el astrofísico y astrónomo Carl Grillmair, de 67 años, fue asesinado a tiros frente a su casa en la localidad rural de Llano. Entre sus logros se destaca el hallazgo de agua en un planeta distante.
Por el crimen fue acusado Freddy Snyder, de 29 años, quien, según la oficina del sheriff del condado de Los Ángeles, no conocía a la víctima.
Cuatro científicos desaparecidos en Nuevo México, incluido un general retirado vinculado a la base de Roswell
Uno de los cuatro científicos desaparecidos en Nuevo México en el último año es William McCasland, general retirado de la Fuerza Aérea, quien salió a hacer senderismo el 27 de febrero y no regresó.
El hombre, de 68 años, vivía en las afueras de Albuquerque y salió de su casa con un revólver calibre .38 en una funda de cuero, botas de senderismo y una billetera. Dejó su teléfono y sus gafas.
La oficina del sheriff del condado de Bernalillo descartó la intervención de terceros. Sin embargo, el caso generó teorías de conspiración porque McCasland dirigió anteriormente el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea en la base Wright-Patterson, en Ohio, un lugar que suele vincularse con el supuesto incidente de Roswell de 1947.
Su esposa, Susan McCasland Wilkerson, afirmó que esa relación alimentó información errónea y negó que tuviera conocimientos clasificados o vínculos con programas sobre ovnis. “Neil no tiene ningún conocimiento especial sobre cuerpos o restos extraterrestres del supuesto accidente de Roswell almacenados en Wright-Patt”, escribió en Facebook el mes pasado.
Melissa Casias y Anthony Chávez, ambos vinculados al Los Alamos National Laboratory, siguen desaparecidos. El complejo fue sede del Proyecto Manhattan, el programa secreto del gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para desarrollar una bomba nuclear antes que la Alemania nazi.
Casias, de 53 años, desapareció el 26 de junio de 2025 en su localidad de Ranchos de Taos, a unos 100 kilómetros de Santa Fe. Esa mañana dejó a su esposo en el laboratorio y regresó a su casa para trabajar de forma remota tras olvidar su credencial, según Taos News. Más tarde, cuando su hija volvió, encontró el auto en el lugar, pero ella ya no estaba, aunque su teléfono, cartera y billetera se quedaron en la vivienda. La policía estatal de Nuevo México indicó que no hay indicios de intervención de terceros.
Chávez, de 79 años, está desaparecido desde comienzos de mayo de 2025. Había trabajado en el laboratorio como capataz de obras hasta su retiro en 2017. Según investigadores, no hay señales de intervención de terceros ni de que planeara irse.
“Su auto estaba cerrado en la entrada de su casa. Su billetera, llaves y objetos personales estaban adentro, por lo que parece que salió por poco tiempo”, escribió su amigo Carl Buckland en redes sociales. “Su desaparición es extremadamente inusual”.
En otro caso, Steven García, contratista que trabajaba en el Kansas City National Security Campus en Albuquerque, permanece desaparecido desde el 28 de agosto. Salió de su casa con un arma de mano, pero sin llaves ni teléfono. Su trabajo estaba relacionado con la producción de componentes no nucleares para armas, y el centro fabrica diversos productos de seguridad nacional para el Departamento de Energía. La policía local indicó que no hay avances recientes en la investigación.
Asesinato de un científico nuclear del MIT, el suicidio de una investigadora “genio” y la muerte de una bióloga farmacéutica
Tres científicos destacados murieron en hechos trágicos y violentos en los últimos tres años, aunque no hay pruebas que los vinculen con los otros casos.
La muerte de la investigadora en antigravedad Amy Eskridge en junio de 2022 fue considerada un suicidio por herida de bala autoinfligida. Un amigo de la científica, Franc Milburn, dijo a NewsNation que ella creía estar siendo perseguida por su trabajo.
Según su relato, Eskridge le escribió: “Si ven algún informe que diga que me suicidé, definitivamente no es cierto…”.
Sin embargo, su padre, Richard Eskridge, ex empleado de la NASA, rechazó esas teorías: “Los científicos también mueren, como cualquier otra persona”.
Por otro lado, en diciembre, el físico y especialista en fusión Nuno F. G. Loureiro, profesor del Massachusetts Institute of Technology, murió tras ser baleado en su apartamento en Brookline, Massachusetts.
El autor del crimen fue identificado como Claudio Manuel Neves Valente, quien también fue señalado como responsable del tiroteo en Brown University ocurrido dos días antes del asesinato de Nuno F. G. Loureiro. Ambos habían coincidido en un programa universitario en Portugal entre 1995 y 2000. Valente fue hallado muerto el 19 de diciembre en un depósito en New Hampshire y el motivo del crimen nunca se determinó.
Loureiro era padre de familia y dirigía el Centro de Ciencia del Plasma y Fusión del Massachusetts Institute of Technology. Un informe policial difundido en febrero citó a una colega que indicó que el científico tenía contactos en el Departamento de Energía, aunque no estaba claro si contaba con autorización de seguridad de alto nivel ni si trabajaba con el Departamento de Defensa.
En otro caso, en marzo se recuperó el cuerpo de Jason Thomas, biólogo de la farmacéutica Novartis, en un lago de Massachusetts. Llevaba tres meses desaparecido antes de ser hallado en el lago Quannapowitt. Según su esposa, atravesaba un momento difícil tras la reciente muerte de sus padres.
Jason Thomas no fue mencionado por nombre en la carta de los legisladores al FBI aunque sí se hacía referencia a un “investigador farmacéutico”.
Fuente: https://www.independentespanol.com/
“Algo está pasando”, advirtió la representante por Florida Anna Paulina Luna a sus seguidores en X.
“¿Quién mató a los científicos?”, planteó la congresista de Carolina del Sur Nancy Mace.
Las republicanas forman parte de un número creciente de legisladores que alertan sobre los 12 científicos estadounidenses que han muerto o desaparecido desde 2022, todos con vínculos con programas nucleares o espaciales y, en algunos casos, con proyectos clasificados.
Además, en su publicación, Luna añadió: “Si te inquieta la cantidad de científicos que han desaparecido, muerto o se han suicidado recientemente, en relación con estos casos y otros, tu intuición es correcta”.
En algunos casos ya se identificaron sospechosos. Sin embargo, la falta de información sobre los otros alimentó teorías conspirativas, mientras investigadores y aficionados intentan encontrar vínculos entre ellos. A la vez, tanto el Congreso como la Oficina Federal de Investigación (FBI) iniciaron pesquisas, aunque todavía se conocen pocos detalles sobre una posible conexión entre los casos.
Los legisladores del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes investigan ahora 10 de los casos y a finales de abril enviaron cartas al FBI, al Pentagon y al Departmento de Energía para advertir que “estas muertes y desapariciones podrían representar una grave amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos y para el personal con acceso a secretos científicos”.
“Sabemos que hay muchos países en el mundo que querrían tener nuestro conocimiento y nuestras capacidades nucleares”, dijo el presidente del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, James Comer, en Fox & Friends. “Estas personas estaban en la primera línea de ese trabajo, y ahora están muertas o desaparecidas”.
A partir de ahí, las especulaciones se intensificaron tras la muerte del investigador de ovnis David Wilcock, quien falleció el 20 de abril, según confirmó la oficina del forense del condado de Boulder. Su caso eleva a 12 el total de episodios considerados misteriosos.
Sin embargo, en varios de ellos la policía descartó la intervención de terceros, y la NASA afirmó que no hay indicios de una amenaza a la seguridad. A la vez, familiares de las víctimas rechazaron las teorías de conspiración. Por su parte, el presidente Donald Trump señaló que “con suerte” todo se trata de una “coincidencia”.
‘The Independent’ analiza los casos.
Tres investigadores de la NASA en California muertos o desaparecidos y un astrofísico de Caltech asesinado frente a su casa
Frank Maiwald, Michael Hicks y Monica Reza trabajaban en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, mientras que el astrofísico Carl Grillmair formaba parte del Centro de Procesamiento y Análisis Infrarrojo de Caltech y los cuatro estaban en la zona de Pasadena, a las afueras de Los Ángeles, donde tres murieron y uno sigue desaparecido.
El científico Michael Hicks, especializado en cometas y asteroides, dejó el laboratorio en 2022 y falleció en julio de 2023, sin que se informara la causa.
La hija de Michael Hicks, Julia Hicks, dijo a CNN que su padre había tenido “problemas médicos conocidos” y que no entendía la relación entre su muerte y la de otros científicos desaparecidos. Además, señaló que, al 21 de abril, ni funcionarios electos ni agencias federales se habían comunicado con ella.
Frank Maiwald, investigador de 61 años nacido en Alemania y radicado en Pasadena, murió el 4 de julio de 2024 y la causa de su muerte no fue divulgada.
Por su parte, Monica Reza, de 60 años y reconocida científica de materiales, desapareció el 22 de junio de 2025 tras salir de excursión en el Bosque Nacional Ángeles. Dirigía el Grupo de Procesamiento de Materiales del laboratorio de la NASA y en los años 90 codesarrolló una superaleación a base de níquel utilizada en motores de cohetes. Según una carta enviada a la Oficina Federal de Investigación, el Comité de Supervisión de la Cámara citó informes que la vinculaban con el general retirado de la Fuerza Aérea William McCasland, también desaparecido en febrero en Albuquerque, Nuevo México.
“Informes incluso sugieren un vínculo directo entre Reza y el general McCasland, ya que los describe como con una ‘estrecha relación profesional’ a través de un programa de investigación financiado por la Fuerza Aérea a comienzos de los 2000, centrado en ‘materiales avanzados para vehículos espaciales reutilizables y armamento’”, escribieron James Comer y Eric Burlison en una carta dirigida al director del FBI, Kash Patel.
El 16 de febrero, el astrofísico y astrónomo Carl Grillmair, de 67 años, fue asesinado a tiros frente a su casa en la localidad rural de Llano. Entre sus logros se destaca el hallazgo de agua en un planeta distante.
Por el crimen fue acusado Freddy Snyder, de 29 años, quien, según la oficina del sheriff del condado de Los Ángeles, no conocía a la víctima.
Cuatro científicos desaparecidos en Nuevo México, incluido un general retirado vinculado a la base de Roswell
Uno de los cuatro científicos desaparecidos en Nuevo México en el último año es William McCasland, general retirado de la Fuerza Aérea, quien salió a hacer senderismo el 27 de febrero y no regresó.
El hombre, de 68 años, vivía en las afueras de Albuquerque y salió de su casa con un revólver calibre .38 en una funda de cuero, botas de senderismo y una billetera. Dejó su teléfono y sus gafas.
La oficina del sheriff del condado de Bernalillo descartó la intervención de terceros. Sin embargo, el caso generó teorías de conspiración porque McCasland dirigió anteriormente el Laboratorio de Investigación de la Fuerza Aérea en la base Wright-Patterson, en Ohio, un lugar que suele vincularse con el supuesto incidente de Roswell de 1947.
Su esposa, Susan McCasland Wilkerson, afirmó que esa relación alimentó información errónea y negó que tuviera conocimientos clasificados o vínculos con programas sobre ovnis. “Neil no tiene ningún conocimiento especial sobre cuerpos o restos extraterrestres del supuesto accidente de Roswell almacenados en Wright-Patt”, escribió en Facebook el mes pasado.
Melissa Casias y Anthony Chávez, ambos vinculados al Los Alamos National Laboratory, siguen desaparecidos. El complejo fue sede del Proyecto Manhattan, el programa secreto del gobierno de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para desarrollar una bomba nuclear antes que la Alemania nazi.
Casias, de 53 años, desapareció el 26 de junio de 2025 en su localidad de Ranchos de Taos, a unos 100 kilómetros de Santa Fe. Esa mañana dejó a su esposo en el laboratorio y regresó a su casa para trabajar de forma remota tras olvidar su credencial, según Taos News. Más tarde, cuando su hija volvió, encontró el auto en el lugar, pero ella ya no estaba, aunque su teléfono, cartera y billetera se quedaron en la vivienda. La policía estatal de Nuevo México indicó que no hay indicios de intervención de terceros.
Chávez, de 79 años, está desaparecido desde comienzos de mayo de 2025. Había trabajado en el laboratorio como capataz de obras hasta su retiro en 2017. Según investigadores, no hay señales de intervención de terceros ni de que planeara irse.
“Su auto estaba cerrado en la entrada de su casa. Su billetera, llaves y objetos personales estaban adentro, por lo que parece que salió por poco tiempo”, escribió su amigo Carl Buckland en redes sociales. “Su desaparición es extremadamente inusual”.
En otro caso, Steven García, contratista que trabajaba en el Kansas City National Security Campus en Albuquerque, permanece desaparecido desde el 28 de agosto. Salió de su casa con un arma de mano, pero sin llaves ni teléfono. Su trabajo estaba relacionado con la producción de componentes no nucleares para armas, y el centro fabrica diversos productos de seguridad nacional para el Departamento de Energía. La policía local indicó que no hay avances recientes en la investigación.
Asesinato de un científico nuclear del MIT, el suicidio de una investigadora “genio” y la muerte de una bióloga farmacéutica
Tres científicos destacados murieron en hechos trágicos y violentos en los últimos tres años, aunque no hay pruebas que los vinculen con los otros casos.
La muerte de la investigadora en antigravedad Amy Eskridge en junio de 2022 fue considerada un suicidio por herida de bala autoinfligida. Un amigo de la científica, Franc Milburn, dijo a NewsNation que ella creía estar siendo perseguida por su trabajo.
Según su relato, Eskridge le escribió: “Si ven algún informe que diga que me suicidé, definitivamente no es cierto…”.
Sin embargo, su padre, Richard Eskridge, ex empleado de la NASA, rechazó esas teorías: “Los científicos también mueren, como cualquier otra persona”.
Por otro lado, en diciembre, el físico y especialista en fusión Nuno F. G. Loureiro, profesor del Massachusetts Institute of Technology, murió tras ser baleado en su apartamento en Brookline, Massachusetts.
El autor del crimen fue identificado como Claudio Manuel Neves Valente, quien también fue señalado como responsable del tiroteo en Brown University ocurrido dos días antes del asesinato de Nuno F. G. Loureiro. Ambos habían coincidido en un programa universitario en Portugal entre 1995 y 2000. Valente fue hallado muerto el 19 de diciembre en un depósito en New Hampshire y el motivo del crimen nunca se determinó.
Loureiro era padre de familia y dirigía el Centro de Ciencia del Plasma y Fusión del Massachusetts Institute of Technology. Un informe policial difundido en febrero citó a una colega que indicó que el científico tenía contactos en el Departamento de Energía, aunque no estaba claro si contaba con autorización de seguridad de alto nivel ni si trabajaba con el Departamento de Defensa.
En otro caso, en marzo se recuperó el cuerpo de Jason Thomas, biólogo de la farmacéutica Novartis, en un lago de Massachusetts. Llevaba tres meses desaparecido antes de ser hallado en el lago Quannapowitt. Según su esposa, atravesaba un momento difícil tras la reciente muerte de sus padres.
Jason Thomas no fue mencionado por nombre en la carta de los legisladores al FBI aunque sí se hacía referencia a un “investigador farmacéutico”.
Fuente: https://www.independentespanol.com/
Un misterio de 2.000 años: descubren el París romano bajo la explanada de Notre Dame
Mientras los turistas hacen fila para ver las gárgolas, expertos hurgaron cuatro metros más abajo y hallaron veinte siglos de historia: una escritura rojiza hallada en cerámicas medievales sigue sin ser descifrada.
Bajo el sol abrasador del verano, una fila de turistas espera para subir a la catedral de Notre Dame y conocer sus gárgolas.
Cuatro metros por debajo de ellos, un equipo de arqueólogos excava en la dirección opuesta: hacia abajo y hacia atrás en el tiempo, hasta el París romano de hace 2000 años.
En 2019, un incendio derribó la aguja de Notre Dame ante la mirada del mundo. La catedral fue reconstruida y reabierta a finales de 2024, y ahora París quiere suavizar la plaza calurosa y desnuda que se encuentra frente a ella con árboles y sombra.
Pero en una ciudad tan antigua, no se puede remover la tierra hasta que se haya excavado lo que yace debajo, por si se daña durante las obras.
Así que una parte de la explanada de Notre Dame se ha convertido en un sitio de excavación: un pozo abierto rodeado de barreras y atravesado por una pasarela de madera, a unos pasos de la fila de visitantes.
Un “Código Da Vinci” moderno
“Es una oportunidad única para nosotros de trabajar en algo que marcará una diferencia tangible en la historia de París”, declaró a The Associated Press Lucie Altenburg, conservadora de la unidad de arqueología de París.
Entre los cientos de objetos ya encontrados: una moneda del siglo IV con la efigie del emperador Constantino, y fragmentos de cerámica medieval pintados en el interior con marcas que ningún experto ha descifrado aún —como un Código Da Vinci moderno.
“Hace que Notre Dame vuelva a sentirse viva”, dijo Emily Carter, de 34 años, una turista de Manchester que esperaba en la fila con sus dos hijos. “Vienes a ver la catedral y luego te das cuenta de que hay otra ciudad bajo tus pies. Eso es casi más conmovedor”.
Los primeros vestigios aparecen a 50 centímetros (20 pulgadas) de profundidad; 4 metros (13 pies) más abajo, el equipo sigue desenterrando el pasado. Algunos días llenan 15 cajas —de un suelo que ha permanecido intacto durante décadas.
Las ciudades antiguas tienen arqueólogos supervisando las excavaciones
Este es el trato en toda ciudad antigua: el pasado no está en un museo al final de la calle —está debajo de la calle.
Las ciudades crecen. Cada época se construye sobre los escombros de la anterior, y el suelo se eleva con ella; en Roma, ha subido unos 9 metros (30 pies) desde que cayó el imperio en el siglo V d. C.
Cuando Atenas construyó su metro para los Juegos Olímpicos de 2004, puso en marcha la excavación más grande de la historia de Grecia y desenterró decenas de miles de objetos, que ahora se exhiben en las propias estaciones. París no es diferente. Todo proviene de la isla en el Sena, la Île de la Cité, donde comenzó París. Siglos más tarde, Notre Dame se erigió en el mismo terreno.
Cuando se fundó la catedral en 1163, toda la plaza estaba repleta de casas medievales, divididas por una sola calle, dijo Camille Colonna, la arqueóloga que dirige la excavación.
Al excavar, su equipo ha llegado a sus sótanos —y, por lo tanto, también a la época de la historia que representan. Debajo de ellos se encuentran silos de grano merovingios y carolingios, de los siglos VI al X; más abajo, aún más oscuros y profundos, un denso barrio romano de los siglos IV y V.
Veinte siglos se apilan en 4 metros (13 pies) de tierra —o aproximadamente la altura de dos Napoleones Bonaparte y medio colocados uno encima del otro.
“Aquí se pueden ver las capas: el París medieval, el París romano, tal vez incluso antes de eso”, dijo Yasmine Benali, de 22 años, una estudiante de arqueología que observaba desde detrás de las barreras. “Hace que la ciudad se sienta menos como una postal y más como algo que aún se está descubriendo”.
Monedas, cerámicas y marcas misteriosas
Los hallazgos más valiosos aquí provienen del lugar más asqueroso: los profundos hoyos debajo de las casas medievales, antiguas letrinas que también servían como vertederos de basura.
De allí, el equipo sigue sacando jarras y tazas enteras —descartadas hace siglos, pero aún intactas— entre los platos rotos y los huesos de animales. “Es raro encontrar cerámica completa”, dijo Valentine Breloux, arqueóloga de la unidad. Aquí, los residuos blandos las amortiguaron y, siglos después, milagrosamente salieron enteras.
Luego aparecieron otros objetos que desconcertaron a los expertos. Mientras los conservadores limpiaban lo que parecía cerámica medieval común, encontraron una tenue escritura rojiza pintada en el interior: las mismas marcas misteriosas en un fragmento tras otro. Aún no se ha descifrado su significado.
De todo lo que ha limpiado de Notre Dame, dijo Breloux, estos son los más “sorprendentes”.
Los hallazgos romanos son los que más valoran los arqueólogos: los más profundos, los más antiguos y los menos comprendidos. En la época romana, la ciudad se llamaba Lutetia, y su centro se encontraba al otro lado del río, en la margen izquierda.
Cuando el Imperio Romano se derrumbó, la gente se refugió en la Île de la Cité, donde más tarde se levantaría Notre Dame, y fortificó la isla con muros de piedra extraída de edificios anteriores.
El equipo de Colonna encontró una prueba: un umbral romano hallado en la excavación, tomado de un edificio mucho más grande, trasladado, colocado boca abajo y utilizado como pavimento en una calle.
París alberga miles de hallazgos en un centro arqueológico
Cada hallazgo sale de la excavación y viaja hacia el norte, al centro arqueológico de la ciudad —lo que Colonna llama “un enorme almacén arqueológico”, un tesoro de París.
Para los arqueólogos, la excavación de la catedral es un regalo excepcional. En Francia, como en otros lugares, solo trabajan donde están a punto de comenzar las obras de construcción —un poco como los trabajadores de las canteras industriales que acaban desenterrando restos de dinosaurios. “Esto solo ocurre porque la ciudad de París decidió que quería embellecer la zona“, dijo Altenburg.
La nueva plaza debería estar prácticamente terminada para 2028: una especie de claro en el bosque, con 160 árboles nuevos y una fina capa de agua deslizándose sobre la piedra para refrescarla en verano —parte de cómo París se prepara para veranos cada vez más calurosos provocados por el calentamiento global.
Hasta entonces, el equipo de Notre Dame quiere profundizar aún más —más allá de los romanos, hacia quienes les precedieron, los galos que le dieron a la ciudad su primer nombre.
“La esperanza es que podamos retroceder en el tiempo aún más de lo que lo hemos hecho hasta ahora", dijo Altenburg.
Fuente: Infobae
Bajo el sol abrasador del verano, una fila de turistas espera para subir a la catedral de Notre Dame y conocer sus gárgolas.
Cuatro metros por debajo de ellos, un equipo de arqueólogos excava en la dirección opuesta: hacia abajo y hacia atrás en el tiempo, hasta el París romano de hace 2000 años.
En 2019, un incendio derribó la aguja de Notre Dame ante la mirada del mundo. La catedral fue reconstruida y reabierta a finales de 2024, y ahora París quiere suavizar la plaza calurosa y desnuda que se encuentra frente a ella con árboles y sombra.
Pero en una ciudad tan antigua, no se puede remover la tierra hasta que se haya excavado lo que yace debajo, por si se daña durante las obras.
Así que una parte de la explanada de Notre Dame se ha convertido en un sitio de excavación: un pozo abierto rodeado de barreras y atravesado por una pasarela de madera, a unos pasos de la fila de visitantes.
Un “Código Da Vinci” moderno
“Es una oportunidad única para nosotros de trabajar en algo que marcará una diferencia tangible en la historia de París”, declaró a The Associated Press Lucie Altenburg, conservadora de la unidad de arqueología de París.
Entre los cientos de objetos ya encontrados: una moneda del siglo IV con la efigie del emperador Constantino, y fragmentos de cerámica medieval pintados en el interior con marcas que ningún experto ha descifrado aún —como un Código Da Vinci moderno.
“Hace que Notre Dame vuelva a sentirse viva”, dijo Emily Carter, de 34 años, una turista de Manchester que esperaba en la fila con sus dos hijos. “Vienes a ver la catedral y luego te das cuenta de que hay otra ciudad bajo tus pies. Eso es casi más conmovedor”.
Los primeros vestigios aparecen a 50 centímetros (20 pulgadas) de profundidad; 4 metros (13 pies) más abajo, el equipo sigue desenterrando el pasado. Algunos días llenan 15 cajas —de un suelo que ha permanecido intacto durante décadas.
Las ciudades antiguas tienen arqueólogos supervisando las excavaciones
Este es el trato en toda ciudad antigua: el pasado no está en un museo al final de la calle —está debajo de la calle.
Las ciudades crecen. Cada época se construye sobre los escombros de la anterior, y el suelo se eleva con ella; en Roma, ha subido unos 9 metros (30 pies) desde que cayó el imperio en el siglo V d. C.
Cuando Atenas construyó su metro para los Juegos Olímpicos de 2004, puso en marcha la excavación más grande de la historia de Grecia y desenterró decenas de miles de objetos, que ahora se exhiben en las propias estaciones. París no es diferente. Todo proviene de la isla en el Sena, la Île de la Cité, donde comenzó París. Siglos más tarde, Notre Dame se erigió en el mismo terreno.
Cuando se fundó la catedral en 1163, toda la plaza estaba repleta de casas medievales, divididas por una sola calle, dijo Camille Colonna, la arqueóloga que dirige la excavación.
Al excavar, su equipo ha llegado a sus sótanos —y, por lo tanto, también a la época de la historia que representan. Debajo de ellos se encuentran silos de grano merovingios y carolingios, de los siglos VI al X; más abajo, aún más oscuros y profundos, un denso barrio romano de los siglos IV y V.
Veinte siglos se apilan en 4 metros (13 pies) de tierra —o aproximadamente la altura de dos Napoleones Bonaparte y medio colocados uno encima del otro.
“Aquí se pueden ver las capas: el París medieval, el París romano, tal vez incluso antes de eso”, dijo Yasmine Benali, de 22 años, una estudiante de arqueología que observaba desde detrás de las barreras. “Hace que la ciudad se sienta menos como una postal y más como algo que aún se está descubriendo”.
Monedas, cerámicas y marcas misteriosas
Los hallazgos más valiosos aquí provienen del lugar más asqueroso: los profundos hoyos debajo de las casas medievales, antiguas letrinas que también servían como vertederos de basura.
De allí, el equipo sigue sacando jarras y tazas enteras —descartadas hace siglos, pero aún intactas— entre los platos rotos y los huesos de animales. “Es raro encontrar cerámica completa”, dijo Valentine Breloux, arqueóloga de la unidad. Aquí, los residuos blandos las amortiguaron y, siglos después, milagrosamente salieron enteras.
Luego aparecieron otros objetos que desconcertaron a los expertos. Mientras los conservadores limpiaban lo que parecía cerámica medieval común, encontraron una tenue escritura rojiza pintada en el interior: las mismas marcas misteriosas en un fragmento tras otro. Aún no se ha descifrado su significado.
De todo lo que ha limpiado de Notre Dame, dijo Breloux, estos son los más “sorprendentes”.
Los hallazgos romanos son los que más valoran los arqueólogos: los más profundos, los más antiguos y los menos comprendidos. En la época romana, la ciudad se llamaba Lutetia, y su centro se encontraba al otro lado del río, en la margen izquierda.
Cuando el Imperio Romano se derrumbó, la gente se refugió en la Île de la Cité, donde más tarde se levantaría Notre Dame, y fortificó la isla con muros de piedra extraída de edificios anteriores.
El equipo de Colonna encontró una prueba: un umbral romano hallado en la excavación, tomado de un edificio mucho más grande, trasladado, colocado boca abajo y utilizado como pavimento en una calle.
París alberga miles de hallazgos en un centro arqueológico
Cada hallazgo sale de la excavación y viaja hacia el norte, al centro arqueológico de la ciudad —lo que Colonna llama “un enorme almacén arqueológico”, un tesoro de París.
Para los arqueólogos, la excavación de la catedral es un regalo excepcional. En Francia, como en otros lugares, solo trabajan donde están a punto de comenzar las obras de construcción —un poco como los trabajadores de las canteras industriales que acaban desenterrando restos de dinosaurios. “Esto solo ocurre porque la ciudad de París decidió que quería embellecer la zona“, dijo Altenburg.
La nueva plaza debería estar prácticamente terminada para 2028: una especie de claro en el bosque, con 160 árboles nuevos y una fina capa de agua deslizándose sobre la piedra para refrescarla en verano —parte de cómo París se prepara para veranos cada vez más calurosos provocados por el calentamiento global.
Hasta entonces, el equipo de Notre Dame quiere profundizar aún más —más allá de los romanos, hacia quienes les precedieron, los galos que le dieron a la ciudad su primer nombre.
“La esperanza es que podamos retroceder en el tiempo aún más de lo que lo hemos hecho hasta ahora", dijo Altenburg.
Fuente: Infobae
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