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Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

La revista de Historia de la BBC ha resumido, según la opinión de veinte arqueólogos e investigadores, los enigmas y misterios más desconcer...

Desentierran una ciudad perdida y un hallazgo sin precedentes: Madinat al Zāhira y revela un misterio de mil años

Un equipo de investigadores ha identificado el lugar donde podría haber estado Madinat al Zāhira, la mítica ciudad palatina erigida por Almanzor en el siglo X y desaparecida sin dejar rastro. El hallazgo, liderado por el profesor Antonio Monterroso Checa de la Universidad de Córdoba, aporta pruebas físicas y tecnológicas que sitúan la ciudad perdida en el extremo oriental de Córdoba, cerca de Alcolea.


Un enigma resuelto con tecnología de vanguardia


Durante siglos, Madinat al Zāhira ha sido uno de los mayores misterios de la arqueología andalusí. A diferencia de Madinat al Zāhra, la ciudad edificada por Abderramán III al oeste de Córdoba y ampliamente estudiada, la fundación de Almanzor se mantuvo envuelta en el mito y la especulación.

El nuevo estudio utiliza sensores LiDAR del Instituto Geográfico Nacional, una tecnología que permite detectar alteraciones en el terreno invisibles al ojo humano. Gracias a este método, el equipo dirigido por Monterroso Checa ha logrado “un nivel de detalle sin precedentes que refuerza y amplía una hipótesis planteada por primera vez en 2023”, según la investigación citada por Historia National Geographic. El análisis digital revela la presencia de anomalías topográficas a lo largo de más de 1.200 metros lineales, asociadas a una trama urbana compleja y organizada.

Una extensión comparable a Madinat al Zāhra

Los datos obtenidos permiten estimar que Madinat al Zāhira habría ocupado unas 120 hectáreas. La posible ubicación se encuentra a unos 12 kilómetros de la Mezquita-Catedral de Córdoba, en una zona de alto valor estratégico y simbólico durante la época califal. El espacio identificado, próximo al entorno de los cabezos de las Pendolillas, coincide con una de las dos únicas áreas de Dehesas Reales del municipio, lo que refuerza la plausibilidad histórica del hallazgo.

El propio Monterroso Checa señaló: “Esta es la única de las 22 propuestas existentes hasta la fecha que se apoya en datos físicos contrastables, lo que abre una nueva vía para abordar uno de los mayores misterios de la Córdoba medieval”.

La zona habría estado ligada al Realeango y llegó a albergar las Yeguadas Reales desde la época de Felipe II, un dato que subraya la continuidad histórica del lugar.

Evidencias constructivas y tramas urbanas singulares


El análisis de los modelos digitales del terreno muestra edificios de planta rectangular y cuadrangular, organizados de forma aterrazada y siguiendo una planificación ordenada. En algunas áreas, se han detectado construcciones que rompen la trama ortogonal tradicional y se orientan hacia el sureste, un rasgo que los investigadores consideran significativo no solo desde el punto de vista urbanístico, sino también simbólico.

Esta disposición refuerza la hipótesis de que en el enclave existió una gran fundación palatina andalusí, con una organización espacial planificada y compleja, propia del esplendor de la época de Almanzor. Los expertos destacan que “el entorno histórico y topográfico del hallazgo coincide con referencias documentales sobre la ubicación de Madinat al Zāhira”, aportando un respaldo adicional a la propuesta.

El empleo de tecnología LiDAR ha permitido superar las limitaciones de las investigaciones previas, que se basaban en fuentes literarias y conjeturas, y ofrece por primera vez evidencias físicas concretas. La presencia de anomalías topográficas alineadas con estructuras urbanas, junto con la localización estratégica en relación al territorio cordobés, constituyen los tres fragmentos clave que sustentan la importancia del hallazgo:
  • Una superficie de 120 hectáreas identificada mediante tecnología avanzada
  • Restos de una trama urbana compleja, con orientaciones simbólicas
  • Vinculación histórica y geográfica con contextos reales documentados.   
Un avance crucial para la arqueología andalusí

La posible localización de Madinat al Zāhira representa un avance de gran relevancia para la arqueología española y para el conocimiento de la Córdoba califal. Hasta ahora, el paradero exacto de la ciudad de Almanzor era objeto de debate y conjeturas, con más de veinte propuestas planteadas a lo largo de los siglos. “El hallazgo abre una nueva vía para abordar uno de los mayores misterios de la Córdoba medieval”, afirmó Antonio Monterroso Checa.

La investigación, recogida por Historia National Geographic, marca un hito al fundamentarse en datos físicos y no solo en fuentes escritas. El hallazgo invita a futuras excavaciones y estudios que podrían confirmar la hipótesis y recuperar los vestigios materiales de una de las ciudades más legendarias de Al-Ándalus.

Fuente: Infobae

Gatos negros y brujería: la historia oculta detrás del mito

Descubre cómo los gatos negros pasaron de animales sagrados a símbolos de brujería y miedo, y cómo siglos de superstición, religión y folclore moldearon nuestra visión de estos felinos misteriosos.


Los gatos negros pasaron de animales sagrados a símbolos de brujería y miedo, y cómo siglos de superstición, religión y folclore moldearon nuestra visión de estos felinos misteriosos

Los gatos negros nunca han sido solo gatos. Sus ojos brillando en la oscuridad y su andar silencioso los convirtieron en símbolos de misterio, temor y fascinación. Pero ¿por qué se los asocia con la brujería? La respuesta se encuentra en un hilo que atraviesa la historia, la superstición, la religión y la cultura, desde Egipto hasta América Latina, y que revela más sobre nosotros que sobre ellos.


Bastet, Hécate y el inicio del misterio

En las antiguas civilizaciones, el gato negro era un protector. En Egipto, Bastet, diosa de la fertilidad y la luz, adoptaba la forma felina. Grecia veía en Hécate, la diosa de la magia, un vínculo con los gatos. En esas culturas, el felino negro encarnaba lo enigmático, pero también la protección, el poder de lo nocturno y lo sagrado. La oscuridad de su pelaje no era maldad, sino misterio: un espejo de lo desconocido que los humanos admiraban y respetaban.

La Edad Media: de guardianes a demonios


Todo cambió en la Europa medieval. En 1233, el papa Gregorio IX publicó la Bula Vox in Rama, describiendo rituales en los que los iniciados besaban a un gato negro para renunciar a Dios. El animal se convirtió en símbolo del Diablo y en vehículo de la bruja. La superstición se consolidó: el gato negro no era solo un felino, sino un intermediario del mal.

Durante la Peste Negra, esa imagen tuvo consecuencias mortales. Los felinos fueron quemados y sacrificados porque se creía que propagaban la enfermedad y que eran cómplices de brujas. En Metz (Francia), doce gatos negros fueron quemados vivos; en otras regiones, la matanza fue aún más extensa. La asociación entre gato negro y maldad se reforzó no solo por la religión, sino también por la necesidad de encontrar culpables, chivos expiatorios para el miedo colectivo.


La bruja y su sombra felina

En la tradición europea se contaban relatos donde los gatos negros acompañaban a las brujas como sus “familiares”, y se creía que dañar a un felino podía afectar, sin saberlo, a una persona acusada de brujería; esto también porque habia quiénes decían las brujas se convertían en los felinos de pelo azabache. El gato se volvió así no solo un símbolo, sino un espejo de lo temido: la transgresión, lo femenino y lo prohibido.

En el País Vasco, se cuenta que un gato de tamaño mediano entraba en aquelarres, era besado por los iniciados y participaba en rituales de magia. Otras leyendas narran cómo campesinos que dañaban un gato negro terminaban, sin saberlo, afectando a una mujer acusada de brujería. El gato se volvió así no solo un símbolo, sino un espejo de lo temido: la transgresión, lo femenino, lo prohibido.

Los rituales también incluían la utilización de partes del felino: pieles, grasa y sangre para preparar pócimas. No era superstición sin sentido: cada gesto tenía un valor simbólico, reforzando la idea de que el gato negro era intermediario de fuerzas que los humanos no podían controlar. Caro Baroja explica que estos relatos reflejan un miedo profundo a lo femenino, a lo nocturno, a lo desconocido, y cómo la sociedad proyectaba esos temores en un animal que podía ser acariciado en un momento y condenado al fuego en otro.

América Latina: leyendas que cruzan el Atlántico


Con la colonización europea, los mitos llegaron a América Latina. Aunque los gatos no eran nativos, se integraron en el imaginario local. Se les atribuían poderes misteriosos y vínculos con hechicería. En México y Centroamérica, se decía que los gatos negros acompañaban a curanderas y brujas, actuando como vigilantes o espíritus acechantes. Incluso hoy, en festividades como Halloween, su presencia evoca siglos de superstición, recordándonos la persistencia de estas narrativas.

Entre la historia y el simbolismo

Los gatos negros, en última instancia, no representan el mal. Representan nuestra historia, nuestro miedo a lo desconocido y a lo transgresor. La Iglesia medieval, los inquisidores, los cuentos populares y los etnógrafos como Caro Baroja nos muestran cómo la sociedad canaliza sus ansiedades y cómo las proyecciones humanas pueden marcar la vida de los seres más inocentes. Si bien no existe una fecha exacta ni un momento preciso en que los gatos se convirtieron en símbolos de brujería o del mal, este fenómeno es un hecho histórico: resultado de coincidencias, imaginarios colectivos y miedos compartidos que, al igual que el terror a lo oculto, reflejan la simbología de nuestras propias ansiedades. El gato negro es, quizá, la sombra que nos devuelve nuestra propia mirada, el enigma que persiste en la noche y en nuestra memoria colectiva.


Fuente: pijamasurf.com

Hallazgo científico que desafía las diferencias entre humanos y animales

Hasta hace poco, se sostenía que únicamente los seres humanos, delfines y elefantes africanos poseían la capacidad de identificarse mediante "palabras" propias. No obstante, un estudio reciente ha revelado la existencia de una nueva especie que también exhibe la habilidad de llamarse por su "nombre".


Este hallazgo se refiere a los monos titís, que fueron objeto de investigación y se ha comprobado que son capaces de utilizar vocalizaciones específicas para dirigirse entre sí. Los resultados de este estudio fueron publicados en la revista Science.

La investigación, llevada a cabo por un equipo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, determinó que estos pequeños primates emplean llamadas fuertes y agudas para asignarse "etiquetas vocales" entre ellos.

Los monos titís se comunican y se identifican por su nombre

Los monos titís tienen sus propios "dialectos", similares a los humanos para codificar nombres dentro de sus grupos familiares. Este descubrimiento se realizó gracias a la grabación de "conversaciones" naturales entre estos primates y sus interacciones con monos y un sistema informático.

"Estas llamadas no se utilizan sólo para autolocalizarse, como se pensaba hasta ahora: los tití recurren a ellas para etiquetar y dirigirse a individuosconcretos y cada mono responde de forma precisa cuando escucha su nombre'", precisó el investigador.

Este comportamiento de los monos titís se asemeja a la comunicación humana. "Estamos muy interesados en el comportamiento social porque creemos que es lo que llevó esencialmente a los humanos a ser tan especiales en comparación con otros animales", aseguró David Omer, autor principal del trabajo.

Los tití tienen la habilidad de etiquetarse unos a otros con llamadas específicas, lo que sugiere que han desarrollado mecanismos cerebrales complejos, potencialmente análogos a los que acabaron dando lugar al lenguaje en los humanos.