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Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

La revista de Historia de la BBC ha resumido, según la opinión de veinte arqueólogos e investigadores, los enigmas y misterios más desconcer...

El misterio de la familia Médici podría resolverse tras más de 400 años

Desde las misteriosas muertes de un esposo y una esposa de la familia Médici, una poderosa dinastía italiana que gobernó Florencia y la Toscana casi ininterrumpidamente de 1434 a 1737, han circulado rumores sobre qué llevó a la pareja a su prematura desaparición. Ahora, los científicos creen que tienen una respuesta: no fue un asesinato, sino malaria.


En aquel momento, la lógica dictaba que el culpable era la malaria porque la pareja había mostrado síntomas de la enfermedad, incluida una reveladora fiebre intermitente. Pero de inmediato se propagaron rumores de un asesinato, señalando al hermano menor y rival de Francesco, Ferdinando, como el perpetrador.

Ferdinando era el siguiente en la línea de sucesión al trono, pero corría el riesgo de ser pasado por alto en favor del hijo ilegítimo de Francesco, Antonio. Además, Ferdinando había visitado al gran duque y a su esposa en su residencia justo antes de que enfermaran, lo que reforzaba aún más la sospecha de que los envenenó con arsénico para asegurar su propio ascenso al poder.

La pareja enfermó en una villa de los Médici en Poggio a Caiano, cerca de Florencia, una zona salpicada de pantanos y arrozales, hábitats ideales para los mosquitos que pueden transmitir la malaria. Aun así, los rumores de asesinato perduraron, probablemente alimentados por el historial de asesinatos e intentos de asesinato de la familia Médici.

Desde 2004, cuando comenzaron la exhumación y el análisis de restos óseos de 49 tumbas de la familia Médici como parte del Proyecto Médici, diversos estudios han confirmado la malaria como la causa de la muerte de Francesco. Sin embargo, otros estudios publicados tan recientemente como en 2006 utilizaron investigaciones toxicológicas para determinar que la pareja fue, en efecto, víctima de envenenamiento por arsénico.

Un nuevo estudio realizado conjuntamente por la Universidad de Pisa, en la Toscana, y la Universidad de Yale utilizó ADN extraído de los restos óseos de Francesco y de otro de sus hermanos, Giovanni, en un intento de zanjar el debate de una vez por todas.

“En los últimos años, intentamos resolver este misterio realizando algunos análisis específicos, en particular análisis paleo-inmunológicos, que atestiguaron la presencia de malaria en los restos. Pero los rumores no cesaban, porque la paleo-inmunología no es concluyente, y solo el ADN antiguo podía dar una respuesta con un alto grado de certeza”, dijo Valentina Giuffra, profesora de historia de la medicina en la Universidad de Pisa y coautora del estudio, publicado en junio en la revista iScience.

La paleo-inmunología utiliza antígenos, sustancias que desencadenan una respuesta inmunitaria, o proteínas para comprobar rastros de enfermedad en restos antiguos. El análisis de ADN, que es un enfoque más reciente, es más definitivo porque busca firmas genéticas directas de una enfermedad.

Giuffra y sus colegas hallaron rastros genéticos de plasmodium, los protozoos parásitos responsables de la malaria, en muestras de material óseo de las costillas de Francesco. “El ADN es concluyente”, dijo Giuffra. “Resuelve el problema y las dudas. Creo que esta es una respuesta definitiva”.

Dos especies de malaria

La malaria es uno de los grandes asesinos históricos de la humanidad, causando 610.000 muertes solo en 2024, según la Organización Mundial de la Salud. Se manifiesta con fiebre, dolores de cabeza y escalofríos, y su nombre proviene de la frase italiana medieval “mal aria”, que significa mal aire, un apodo derivado de la idea de que la enfermedad se contraía al respirar aire maloliente cerca de pantanos o aguas estancadas.

Las fuentes históricas respaldaban la suposición de que la malaria mató a Francesco y Bianca, dijo Giuffra. Documentos escritos por médicos de la corte de la familia Médici describían síntomas compatibles con la enfermedad. También detallaban algunos tratamientos administrados a los pacientes, como la sangría, extracción deliberada de sangre, que en aquella época se creía que liberaba al paciente de una enfermedad, pero que en realidad empeoraba su condición.

El análisis genético se realizó en pequeñas muestras óseas apartadas cuando se abrieron las tumbas de los Médici en 2004, antes de que los demás restos fueran enterrados de nuevo. Los científicos no pudieron realizar un análisis similar en ese momento porque la técnica no estaba lo suficientemente desarrollada, dijo Giuffra.

El nuevo estudio halló no solo una, sino dos especies del parásito de la malaria —Plasmodium falciparum y Plasmodium malariae— en los restos de Francesco, lo que sugiere que podría haber sido víctima de una doble infección. Los investigadores también analizaron los restos del cardenal Giovanni de’ Médici, hermano menor de Francesco, quien, junto con otros dos miembros de la familia, murió 25 años antes tras un viaje a la costa de la Toscana. También se encontró malaria en la muestra de Giovanni, en forma de una cepa previamente desconocida de Plasmodium falciparum.

“Francesco y Giovanni, un joven miembro de la familia, ambos viajaron con 25 años de diferencia a zonas de la Toscana que eran conocidas por la malaria”, dijo Giuffra.

“Los médicos de la corte intentaron disuadir a algunos miembros de la familia Médici de hacer estos viajes, especialmente en otoño, que era una estación particularmente favorable para la malaria. Pero fueron de todos modos y, pocos días después del viaje, comenzaron a desarrollar los primeros síntomas, incluida una fiebre intermitente, que se asocia con la infección por malaria”.

Detectar diferentes especies de malaria también ayuda a rastrear la evolución de la enfermedad. “Nuestro estudio contribuye a llenar un vacío histórico para un tiempo, el Renacimiento, y un espacio, Italia central, de los que existe información muy limitada sobre la evolución y la propagación de la malaria”, dijo Alexander Ochoa, científico investigador asociado en Yale y primer autor del estudio, en un correo electrónico.

Pero ¿hay alguna garantía de que Francesco no fuera también envenenado?

“Quizá no”, dijo Ochoa, “pero la evidencia genética presentada en nuestro estudio reduce el margen para la especulación”.

Gisella Caccone, científica investigadora principal también en Yale y coautora del estudio, está de acuerdo. “Podemos decir que tenían malaria, no podemos decir que no fueran envenenados también”, dijo Caccone en un correo electrónico.

“Ya se asumía en ese momento que tenían malaria, por los síntomas que tenían y el hecho de que viajaron a los pantanos infestados de malaria en el sur de la Toscana… si además de esto alguien decidió acelerar su partida envenenándolos, nunca lo sabremos. Pero ¿qué tan probable es?”

¿Erupciones cutáneas como señal de envenenamiento?

Donatella Lippi, profesora de historia de la medicina en la Universidad de Florencia y coautora del estudio de 2006 que respaldó la hipótesis del asesinato, dijo que todavía cree que Francesco fue envenenado. “Contraer malaria no significa morir por ella, y esta investigación respalda lo que siempre he sostenido”, escribió Lippi, quien no participó en el estudio, en un correo electrónico.

En el caso de la muerte de Francesco, añadió, los registros de la Biblioteca Vaticana mencionan erupciones cutáneas, fiebre e hinchazón, todos síntomas de una intoxicación aguda por arsénico.

“Creo que Francesco I sufría de malaria, pero fue envenenado y murió por el veneno. Su tumba fue abierta 300 años después de su muerte; sus manos estaban contraídas como si estuviera en los estertores de la agonía, y el cuerpo estaba bien conservado; el arsénico podría explicar ambas cosas”.

Giuffra señaló que los hallazgos de Lippi no se basan en los restos esqueléticos exhumados de la tumba de Francesco, sino en tejido biológico encontrado en un lugar diferente donde supuestamente se colocaron algunos de los órganos de Francesco tras una autopsia, según los registros históricos utilizados por Lippi. Se sabía que Francesco era un alquimista que experimentaba con sustancias químicas, lo que podría explicar las erupciones cutáneas, añadió Giuffra

El estudio es interesante, tanto desde una perspectiva histórica como desde la de los patógenos antiguos, dijo Anne Stone, profesora Regents en la Escuela de Evolución Humana y Cambio Social de la Universidad Estatal de Arizona. Stone, que no participó en el trabajo, sugiere que los hermanos murieron a causa de una infección malárica, pero que habría que realizar análisis toxicológicos para saber si el veneno también desempeñó algún papel.

“Recuperar ADN de patógenos a partir de restos humanos de hace siglos es técnicamente muy difícil”, dijo David Caramelli, profesor de antropología en la Universidad de Florencia que no participó en el estudio, en un correo electrónico.

“Aunque el estudio aporta evidencia compatible con una infección por malaria, no creo que resuelva de manera definitiva el debate de larga data sobre malaria versus envenenamiento. La presencia de ADN de patógenos no es necesariamente equivalente a demostrar la causa de la muerte, y la evidencia genética siempre debe interpretarse junto con datos históricos, arqueológicos y patológicos”.

No obstante, concluyó Caramelli, la nueva investigación representa un importante paso adelante y demuestra cómo la paleogenómica puede contribuir a abordar preguntas históricas de larga data

Fuente: CNN

Neptuno: El planeta azul produce vientos de 2.000 km/h.

En las regiones oscuras y frías del borde del Sistema Solar, un planeta azul gigante posee los vientos más feroces conocidos por la humanidad.

Neptuno, el octavo planeta y el más alejado del Sol, siempre ha sido uno de los mundos más misteriosos del Sistema Solar. Situado a una distancia media de unos 4.500 millones de kilómetros del Sol, recibe tan poca luz solar que, en el cielo de Neptuno, el Sol apenas brilla como una estrella grande vista desde la Tierra. Sin embargo, bajo su gélida superficie se esconde una atmósfera increíblemente dinámica, con asombrosas tormentas y vientos.

La característica más notable de Neptuno es la velocidad de sus vientos. Los científicos han descubierto que los vientos en la atmósfera del planeta pueden alcanzar velocidades superiores a los 2000 km/h, las más rápidas de todo el Sistema Solar. En comparación, los aviones comerciales modernos suelen volar a unos 900 km/h, mientras que incluso las tormentas más intensas de la Tierra apenas alcanzan unos cientos de km/h.

Estos vientos increíblemente fuertes se originan en una atmósfera compuesta principalmente de hidrógeno, helio y una pequeña cantidad de metano, la sustancia que le da a Neptuno su característico color azul. El metano absorbe la luz roja del Sol, lo que provoca que el planeta refleje su distintivo tono azul. Sin embargo, la causa principal de estos supervientos sigue siendo una gran incógnita para los científicos.

A diferencia de la Tierra, donde la energía solar es el principal motor del clima, Neptuno parece irradiar una cantidad considerable de calor desde su interior. Esta energía intrínseca podría contribuir a la formación de poderosas corrientes atmosféricas, creando tormentas masivas y sistemas nubosos que se desplazan a velocidades extremadamente altas.

En 1989, la sonda Voyager 2 se convirtió en la primera y única nave espacial de la humanidad en sobrevolar Neptuno. Las imágenes que envió revelaron un mundo dinámico, con nubes brillantes, vórtices de gas gigantes y fenómenos meteorológicos complejos, tan notables como los de cualquier otro planeta.

A pesar de décadas de estudio, Neptuno aún encierra muchos misterios. Este planeta distante nos recuerda que, incluso en un sistema planetario aparentemente familiar, la naturaleza puede crear fenómenos que superan nuestra imaginación.

Fuente: https://www.vietnam.vn/

Resuelven el misterio de la mayor extinción masiva de la Tierra

Hace 300 millones de años empezó un período de calentamiento de la atmósfera y de los océanos; a medida que el dióxido de carbono aumentaba por sobre el oxígeno, los seres vivos morían lentamente.


Un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, California, confirmó la razón de la “Gran Mortandad”, un proceso natural por el que se extinguió más de la mitad de la población de seres vivos del planeta durante el Paleozoico. Este fenómeno podría aclarar cómo ahora las especies marinas empezaron a adaptarse a los cambios bruscos en el ambiente, algo que ya se repitió hace millones de años.

Hace 252 millones de años, el 96% de las especies marinas y el 70% de los animales terrestres murieron en un evento que se dio progresivamente en el límite entre el Pérmico y el Triásico. Pese a que se la concibió como una catástrofe, algunas ramas evolutivas sobrevivieron, lo que permitió la continuidad de algunas especies una vez que el clima se estabilizó.

El 6 de julio se publicó un artículo en Proceedings of the National Academy of Sciences donde se describió que el calentamiento de la Tierra sucedió por las repetidas erupciones volcánicas que emitieron grandes masas de dióxido de carbono y metano al aire y, poco a poco, desplazaron a las partículas de oxígeno. Así, casi todos los braquiópodos (parecidos a las almejas y lirios marinos) se extinguieron.

Durante el Paleozoico, los braquiópodos dominaban el fondo de los océanos, pero después de la Gran Mortandad, solo moluscos, peces y equinodermos como las estrellas de mar y los erizos de mar ocuparon su lugar de predominancia.
Un proceso lento

La desaparición de las especies y todo el entorno terrestre no ocurrió de un día para el otro, sino que se dio en pequeños aumentos hace 300 millones de años. Poco a poco, el agua de los océanos comenzaba a tornarse más tibia hasta que alcanzó una temperatura de entre 8 y 12 grados centígrados. Estas condiciones fueron letales para aquellos seres vivos que no estaban adaptados a estas condiciones.

“Nuestros hallazgos muestran que, en diferentes grupos de organismos, las extinciones ocurrieron a tasas mucho más altas para aquellos más vulnerables a aumentos de temperatura del agua y disminuciones en la disponibilidad de oxígeno”, señaló uno de los científicos implicados en la investigación, Erik Anders Sperling.

Con la intención de comprender cómo ciertos animales marinos sobrevivieron al calentamiento de los océanos hace millones de años y cómo se comportan en la actualidad, teniendo en cuenta el aumento de las temperaturas por el calentamiento global, es que se analizaron algunos organismos extraídos del lecho marino.

Un experimento en las islas San Juan en el estado de Washington sobre braquiópodos demostró que toleran los niveles bajos de oxígeno, pero si el agua comienza a calentarse más de los niveles normales, su demanda metabólica se dispara y se descontrola más rápido que la de los animales que los sustituyeron.

“La mayor extinción masiva de todos los tiempos comenzó en un mundo muy similar al actual en cuanto a un océano relativamente frío y bien oxigenado, y luego hubo una enorme inyección de dióxido de carbono en el sistema terrestre. Entender cómo respondieron la Tierra y la biota terrestre entonces podría informarnos de lo que está por venir”, dijo Sperling.

Otra característica que pudieron dirimir los científicos es que los depredadores sobrevivieron mejor en la Gran Mortandad porque sus metabolismos son más rápidos. No por nada hoy en día existen unas 400 especies de braquiópodos, en comparación con unas 10.000-15.000 especies de bivalvos (animales marinos invertebrados).

En conclusión, los expertos advirtieron que deben tomarse medidas drásticas para evitar que el calentamiento en los océanos se dé a una velocidad mucho más rápida de la que se prevé. De acuerdo a los estudios preliminares, para 2100 la temperatura aumentaría entre 1,5 y 4 grados centígrados.

Fuente: La nacion.ar