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Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

La revista de Historia de la BBC ha resumido, según la opinión de veinte arqueólogos e investigadores, los enigmas y misterios más desconcer...

El hombre con el cerebro más pequeño del mundo descubre el secreto de la conciencia

No se trata de la materia –como cantidad–, sino que la conexión entre materia y espíritu –o conciencia– es lo que permite el óptimo funcionamiento de un individuo.

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Con más de 100 mil millones de neuronas que utilizan más de 30 mil genes que se enlazan entre sí para formar mil millones de conexiones por cada milímetro cúbico de corteza cerebral, el cerebro es considerado uno de los elementos más hipnóticos del cuerpo humano. De hecho, se afirma que su complejidad permite la supervivencia del cuerpo mismo, así como del funcionamiento adecuado de procesos cognitivos –lenguaje, imaginación, conciencia…– y emocionales. Sin embargo, desde el 2003 surgió un caso clínico que ha dejado boquiabierto al mundo médico.

Se trata de un hombre al que, quejándose de un dolor de pierna, se le hizo un escáner cerebral en el cual se descubrió que tenía un cerebro que ocupaba un poco menos del 10% de la cavidad craneal, es decir, un cráneo relleno de líquido y una muy pequeña región de masa cerebral. De acuerdo con su historia clínica, el personaje sufrió durante sus primeros años de vida de hidrocefalia –acumulación de líquidos dentro del cráneo– y tras años de tratamiento su cerebro fue “relegado a las paredes de la cavidad craneal”.

La sociedad médica había supuesto que las afectaciones en la vida general del pequeño serían graves; no obstante, conforme fue pasando el tiempo, fue capaz de llevar una vida completamente normal: trabaja como funcionario, se encuentra felizmente casado y es padre de dos hijos. 

En otras palabras, es una persona en plena conciencia de sí mismo y de su realidad. Según los investigadores, esto se debe a que la posible ubicación de la conciencia en el cerebro se encuentra en una región muy específica, sin haber recibido algún daño aparente por la situación.

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Si bien para uno de los investigadores, Axel Cleeremans, psicólogo de la Universidad Libre de Bruselas en Bélgica, “la ubicación de la conciencia puede ser flexible y puede ser aprendida por diferentes regiones del cerebro”, esto aún es una hipótesis que falta investigar a profundidad. 

Por ahora, esta hipótesis se adecua a la señalada años atrás como neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de adaptarse a los cambios y asumir nuevos roles en caso de alguna lesión. Gracias a ello, Cleeremans explica, no importa el tamaño del cerebro: “la materia gris de la que dispone es suficiente como para crear una imagen de sí mismo, lo que significa que el hombre sigue siendo consciente de sus acciones”.

De modo que se podría llegar a considerar que no se trata de la materia –como cantidad–, sino que la conexión entre materia y espíritu –o conciencia– es lo que permite el óptimo funcionamiento de un individuo; del perfecto equilibrio entre estos dos últimos elementos para liberar miedos, superar obstáculos y descubrir los misterios del cuerpo humano.

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El "casco de Dios": Un poderoso dispositivo que provoca vivencias místicas y espirituales

Algunas personas afirmaron haber "escuchado voces" y sentir que "flotaban en el aire".

El "casco de Dios": Un poderoso dispositivo que provoca vivencias místicas y espirituales

Un casco común de 'skateboard', sin ningún tipo de propiedad especial, provocó vivencias místicas en personas que se ofrecieron como voluntarias para ponérselo durante un festival de música celebrado el verano pasado en Biddinghuizen (Países Bajos), informa Science Alert.

Para la realización del experimento, unos investigadores neerlandeses conectaron lo que bautizaron como "casco de Dios" –en todo sentido un casco normal y corriente– a una máquina, mediante un simple cable, y aseguraron a los participantes que con solo ponérselo estimularía sus cerebros y los induciría a vivir experiencias espirituales. En realidad, la máquina a la que fue conectada el casco no cumplía ninguna función.

Los voluntarios llenaron cuestionarios relativos a su religiosidad y espiritualidad. Asimismo, se midieron sus niveles de alcohol en sangre. Durante el experimento, los participantes debieron permanecer durante 15 minutos sentados, con el casco en la cabeza y una venda en los ojos, mientras por unos auriculares escuchaban simplemente sonidos. En caso de sentir algo "extraordinario", debían pulsar un botón.

La mayoría de los participantes reportó haber sentido algún tipo de experiencia "extraordinaria". Entre esas experiencias, la más mencionada fue una "sensación de ligereza en el cuerpo", que afirmó haber sentido el 78,5 % de los voluntarios. Algunos personas aseguraron haber "escuchado voces" y otras tuvieron la sensación de que "flotaban en el aire".

Pese a que, según los datos mostrados en el estudio, el 73,2 % de los participantes había consumido alcohol el día del experimento, los investigadores concluyeron que la ingesta de bebidas alcohólicas no tuvo influencia directa en los efectos del casco como placebo. En contrapartida, aseguran que sí existe una fuerte correlación entre quienes se definieron a sí mismos como "personas espirituales" y quienes vivieron "experiencias místicas" durante el experimento.

RT

El Big Bang y el origen del universo

Tres hechos deberían mover a reflexión a quienes, abusando de un incidente particular sostienen que existe una oposición radical entre la religión católica y la cienciaResultado de imagen para El Big Bang y el origen del universo

Tres hechos deberían mover a reflexión a quienes, abusando de un incidente particular –el "caso Galileo"– sostienen que existe una oposición radical entre la religión católica y la ciencia: 1) A lo largo de la historia universal se han sucedido muchas civilizaciones. 2) La civilización occidental, en su génesis (años 500-1500) fue católica. 3) La civilización occidental, y solo ella, fue la cuna de la ciencia moderna.

Grandes historiadores de la ciencia como Pierre Duhem y Stanley Jaki demostraron que la ciencia moderna fue gestada en las escuelas monásticas y catedralicias y las universidades católicas de la Edad Media. La doctrina católica ofreció el marco conceptual que hizo posible el nacimiento de la ciencia moderna.

La ciencia es posible porque, como enseña la doctrina católica, el mundo y el ser humano son racionales. El mundo es racional porque es la obra racional de un Ser que es racional por excelencia, Dios. Y el ser humano es racional porque es imagen de Dios, su Creador, quien le obsequió el don de la razón.
Además, clérigos católicos han sido pioneros de varias ramas de la ciencia.

Por ejemplo: Nicolás Copérnico, canónigo polaco, padre de la astronomía moderna; Gregor Mendel, agustino austríaco, padre de la genética moderna; y Georges Lemaître (1894-1966), sacerdote belga, padre de la cosmología actual por medio de la teoría del Big Bang.


La ciencia moderna se vio sacudida a comienzos del siglo XX por la revolución científica causada por la física cuántica y la teoría de la relatividad.

Al aplicar las fórmulas de la relatividad general al universo en su conjunto, Albert Einstein se encontró con un universo que cambiaba con el tiempo. Pero todavía hacia 1920 los científicos seguían creyendo que el universo era un sistema estático y muchos astrónomos seguían pensando que la Vía Láctea era la única galaxia del universo.

Einstein, que era panteísta, prefería un universo estable, por lo que introdujo en sus ecuaciones una "constante cosmológica", cuya única función era evitar un universo inestable.

En 1929, a partir de las observaciones de Hubble, se descubrió que la Vía Láctea es sólo una de los millones de galaxias existentes y que la gran mayoría de las galaxias se están alejando de la nuestra y entre sí: ¡el universo se expande! Lemaître ya había demostrado que la expansión del universo era compatible con la teoría de la relatividad.

En 1931 el mismo Lemaître propuso que el universo se originó en la explosión de un "átomo primigenio" o "huevo cósmico", en lo que hoy es conocido como Big Bang o Gran Explosión. Lemaître estimó que el universo tiene una edad de entre diez y veinte mil millones de años, lo cual se corresponde con las estimaciones actuales.

La teoría del Big Bang goza hoy de al menos cuatro comprobaciones empíricas: 1) el corrimiento hacia el rojo en los espectros electromagnéticos de las galaxias; 2) la radiación cósmica de fondo del universo; 3) la existencia de elementos químicos muy livianos, que no podrían haber sido sintetizados en el interior de las estrellas, al menos en la proporción requerida para explicar su abundancia; 4) la detección de ondas gravitatorias (lograda en 2015-2017).

Esto hace del Big Bang una teoría muy sólida, que hoy es aceptada, al menos provisionalmente, por casi todos los físicos y astrónomos.

Sin embargo, siempre ha habido científicos no creyentes disgustados por el Big Bang debido a la semejanza de éste con la doctrina cristiana de la Creación. Un ejemplo es el propio Einstein. Cuando él y Lemaître se encontraron por primera vez, Einstein dijo a Lemaître que sus cálculos eran correctos, pero su física era abominable.

Más adelante Einstein se vio obligado a admitir la expansión del universo y reconoció que la constante cosmológica había sido el peor error de su carrera científica. Otro ejemplo es el gran astrofísico Arthur Eddington, quien escribió: "Filosóficamente, la noción de un comienzo abrupto del presente orden de la Naturaleza es repugnante para mí, como creo que debe de ser para la mayoría." El rechazo a las posibles implicaciones teológicas del Big Bang es el motivo principal que ha movido a no pocos científicos a buscar teorías alternativas; pero hasta el momento todas esas teorías (el universo en estado estacionario, el modelo cíclico del universo, etc.) han fracasado.

Con respecto al origen del universo, los ateos enfrentan un gran dilema: si Dios no existe, entonces el universo ha surgido espontáneamente de la nada, o bien es eterno. La primera alternativa es absurda, porque la nada –el no-ser– no puede ser la causa de ningún ser.

La segunda alternativa se enfrenta al formidable obstáculo de la cosmología actual, basada en el Big Bang. Ésta no sólo no apoya la idea de la eternidad del universo, sino que sugiere con mucha fuerza (aunque no demuestre estrictamente) que el universo tuvo un comienzo absoluto en el tiempo, lo que es consistente con la doctrina cristiana de la creación.


Fuente: El Observador - Por Bonifacio de Córdoba