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Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

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Sobre la fe (y sus desvíos)

'Le Royaume', de Carrère, una brillante reflexión sobre el hecho religioso. Son tiempos de confrontación entre el dogmatismo y el relativismo, entre la fe que degenera en fanatismo y la libertad cuya defensa no puede caer, sin embargo, en el desprecio de la creencia ajena.
Unos hombres que decían obrar en nombre de Dios y de su Profeta han provocado 20 muertes, incluídas las suyas propias, en París para dar testimonio de su fe y castigar la irreverencia en que las víctimas habían incurrido al osar hacer humor con la religión que profesan. La barbarie de esta acción, notoria y sin paliativos, ha desencadenado la justa repulsa de quienes aman la libertad. También ha dado rienda suelta, en algunos, a sus sentimientos de desprecio por el Islam, la fe que invocaron los asesinos, o por todas las religiones en general. De otro lado, se han alzado voces contra la generalización que trata de meter en el mismo saco, el de los fanáticos criminales, a todos los musulmanes, o a todos los creyentes.

Unos y otros han intercambiado sus pareceres en las últimas horas. También se han despreciado, ridiculizado o agredido recíprocamente. Quienes tengan como objetivo el odio y la disensión están sin duda de enhorabuena. El atentado, amén de acabar con vidas de forma absurda y miserable, ha removido unos cuantos nidos de avispas.

Hasta hace unas horas estos 3 rostros eran los más buscados en Francia. Sherif y Said Kouachi y Amedy Coulibaly. …

Este bloguero ha asistido al debate echando de menos, tanto en unos como en otros, una mayor disposición a escuchar y conocer al de enfrente. Y en particular, una mejor comprensión de la diversidad y complejidad de la religión musulmana, de las formas de vivirla y de la genealogía del integrismo yihadista, que no es la corriente que inspira a los musulmanes con preferencia a otras. De hecho, es relativamente moderna, y hasta hace muy poco, en términos históricos, marginal. Quizá haya que dedicarle al asunto una entrada, pero lo dejo para más adelante.

Apunto aquí la fuente que considero más útil para explorar esa cuestión, de entre las disponibles en español: La enfermedad del Islam, del tunecino Abdelwahab Meddeb. Un intelectual de formación a la vez árabe y occidental que es un inmejorable guía para entender los recodos y perfiles de islamismo, entre otras cosas porque no es complaciente ni con los suyos ni con los otros.

La enfermedad del Islam,
Abdelwahab Meddeb.
Quiero dedicar esta entrada a otra cosa, y otro libro. Ha coincidido que es el que estaba leyendo cuando ha venido a llamar la sinrazón del fundamentalismo a nuestra puerta. Coincide también que lo escribe un francés, o lo que es lo mismo, un miembro de la comunidad agredida por los yihadistas; un francés que además representa el espíritu laico y racionalista propio de su país y que, he aquí la coincidencia más sobrecogedora, dedica más de 600 páginas a hablar de las relaciones entre fe y escepticismo y de cómo puede acercarse al fenómeno religioso quien no experimenta en su interior la llamada de la fe.

El libro se llama Le Royaume, y cito su título en francés porque es la lengua en la que puede leerse por ahora (su traducción española aparecerá dentro de unos meses, publicada por Anagrama). Su autor es Emmanuel Carrère, uno de esos escritores cuyos lectores no pueden esperar, tan pronto saben que ha publicado algo, para buscarlo y devorarlo. De ahí, entre otras razones, mi anticipación a la edición española. (Nótese, por cierto, la sencillez admirable de la edición francesa).

Le Royaume, Emmanuel Carrère.
Esos escritores son, por definición, pocos. Y cuando leemos uno de sus libros, comprendemos por qué nos provocan semejante impaciencia. Tienen algo distinto, una voz, una hondura en el mirar y en el pensar, una audacia que otros no tienen. Carrère ya lo demostró con El adversario, ese relato estremecedor de un hombre que mató para proteger su mentira. Y más recientemente con Limónov, su original biografía del estrafalario poeta ruso Eduard Savienko.

Con Le Royaume, definitivamente, se ha superado. Se trata, nada menos, que de un viaje a los orígenes del cristianismo, una reconstrucción, conjetural, pero nada arbitraria, de personajes como San Pablo, San Lucas, San Marcos y San Juan, o lo que es lo mismo, de quienes escribieron los textos de los que se alimenta la fe cristiana. Sólo uno de ellos (San Juan, y aún es dudoso que quien escribió el Evangelio que lleva su nombre fuera él) conoció a Jesús. De sus palabras han extraído aliento y fundamento de vida millones de personas a la largo de la Historia. Y lo siguen haciendo, dos mil años después. La historia es fascinante, y no menos fascinantes son las paradojas que envuelven el asunto y que Carrère expone con maestría.

Impresiona, también, la honradez con la que el autor se aproxima a la materia de su escritura, confesando su pasada condición de creyente y reconociendo sin ambages su actual agnosticismo. Y sin privarse de exponer las zozobras e incertidumbres personales de su camino de ida y vuelta. La franqueza llega a asombrar, como cuando cuenta su experiencia con un famoso psicoanalista (todas las traducciones de esta entrada las hace quien la escribe):

Había pasado ya diez años sobre el diván de dos de sus colegas, sin resultados notables, o a el menos eso pensaba yo en aquel momento. Roustang me respondió que no, que no me trataría. Para empezar porque él era ya demasiado viejo, luego porque a su parecer lo único que me interesaba del psicoanálisis era frustrar al psicoanalista, arte en el que me había convertido visiblemente en un maestro. Si quería demostrar por tercera vez mi maestría él no iba a impedírmelo, pero, añadió: “No conmigo. Y si yo fuera usted, me plantearía otra cosa”. “¿Qué?”, le pregunté, alardeando de la superioridad del incurable.“Bueno”, respondió Roustang, “ha hablado usted del suicidio. No tiene buena prensa en nuestros días, pero a veces es una solución”. Y dicho esto, quedó en silencio. También yo. Después, prosiguió: “En otro caso, puede usted vivir”.

Emmanuel Carrère.
Tiene también Carrère, además de la lealtad hacia el lector de escribir en primera persona, la elegancia de dejar bien claras de entrada las coordenadas desde las que escribe, y que ilustra perfectamente este fragmento:

Pascal: “He aquí la guerra abierta entre los hombres, en la que cada uno ha de tomar partido y alinearse necesariamente con el dogmatismo o con el pirronismo. Quien crea permanecer neutral será pirroniano por excelencia”. Pirroniano, discípulo del filósofo Pirrón, es decir, escéptico. O como se diría hoy: relativista. Lo que significa, cuando Jesús afirma que él es la verdad, encogerse de hombros como Poncio Pilato y responder: “¿Qué es eso de la verdad?” Tantas opiniones, tantas verdades. Bueno, de acuerdo. No pretenderé ser neutral.Lanzaré sobre mi dogmatismo una mirada pirroniana. Reconstruiré el entrelazado de derrotas, de autodesprecio, de miedo pánico frente a la vida que me condujo a creer. Y es posible que entonces, y sólo entonces, deje de contarme historias.

También se cuida de precisar, con carácter previo, el alcance de su escrito:

Me convertí en aquel en quien tanto temía convertirme. Un escéptico. Un agnóstico, ni siquiera lo bastante creyente para ser ateo. Un hombre que piensa que lo contrario de la verdad no es la mentira sino la certidumbre. Y lo peor, desde el punto de vista de quien había sido, era que lo llevaba estupendamente. ¿Caso cerrado, entonces? No debía de estarlo, de hecho, para que quince años después de haber arrumbado en una caja mis cuadernos de comentarios del Evangelio, me asaltara el deseo de volver a girar en torno a este punto central y misterioso de la historia de todos nosotros; de mi propia historia. De regresar a los textos, es decir, al Nuevo Testamento.El camino que había recorrido antaño como creyente, ¿voy a recorrerlo hoy como novelista? ¿Como historiador? No lo sé aún, ni lo quiero decidir, no creo que el gorro tenga al final importancia. 

Digamos un investigador.

San Pablo, El Greco
Y en otro pasaje, desarrollando un poco más la misma idea, escribe algo que daba que pensar estos días, tras el atentado de París, leyendo a tantas personas que, ya fuera desde la fe o el descreimiento, se ponían por encima de los que no veían las cosas como ellos.

No, no creo que Jesús haya resucitado. No creo que un hombre haya regresado de entre los muertos. Simplemente, que eso pueda creerse, que yo mismo lo haya creído, me intriga, me fascina, me descoloca, me perturba (no sé qué verbo es más apropiado). Escribo este libro para no creerme que sé más, no creyéndolo, que aquellos que sí lo creen lo que yo mismo cuando lo creía. Escribo este libro para no darme la razón.

En otro momento de estas mismas páginas recuerda una frase de su libro anterior, Limónov, que al parecer es la que más le citan sus lectores, y que también viene perfectamente al caso: “El hombre que se cree superior, inferior o incluso igual a otro hombre, no comprende la realidad”.

Mientras recorre las vicisitudes de los primeros apóstoles, Carrère va deslizando pensamientos sobre la religión, siempre respetuosos y basados en una reflexión profunda, aun siendo como es agnóstico. Pensamientos que en estos días resultan a la vez amargos e iluminadores. Para muestra, este botón:

Los romanos, ya se dijo, oponían la religio a la superstitio, los ritos que reúnen a los hombres a las creencias que los separan. Esos ritos eran formalistas, contractuales, escasos de sentido y de calor, pero ahí residía justamente su virtud. Pensemos en nosotros, occidentales del siglo XXI. La democracia laica es nuestrareligio. No le pedimos que nos exalte ni que colme nuestras aspiraciones más íntimas, tan sólo que nos proporcione un marco en el que pueda desplegarse la libertad de cada cual. Escarmentados por la experiencia, tememos por encima de todo a aquellos que pretenden conocer la fórmula de la dicha, o de la justicia, o de la realización del hombre, e imponérsela. La superstitio que desea nuestra muerte, eso fue el comunismo, y hoy es el islamismo.

O este otro, para quienes sienten que menospreciar la irracionalidad o lo gratuito de los postulados de la religión puede ser una forma eficaz de combatirla:

Es un fenómeno corriente, observado a menudo por los historiadores de las religiones:los desmentidos de la realidad, en vez de arruinar un credo, tienden por el contrario a reforzarlo.

San Juan Evangelista., El Greco
Igualmente interesantes son sus reflexiones, no exentas de humor, y cargadas por otra parte de sentido común, sobre la posibilidad de la novela histórica, en su versión llamémosle “objetiva”, a la que renuncia sin dudarlo:


Se trata de novelar, y eso no me inspira. Y si no me inspira, puede que sea porque es una novela. Hacer decir a personajes de la Antigüedad, con toga o con túnica, cosas como “Salud, Paulus, ven pues al atrio”, hay gentes capaces de hacerlo sin pestañear. Yo no lo soy. Es el problema de la novela histórica, a fortiori el del péplum: tengo la sensación de estar en un tebeo de Astérix. Tampoco pretendo ser mejor. Son dos escuelas, y todo lo que puedo decir de la mía es que se ajusta más a la sensibilidad moderna (amiga de la sospecha, del revés de los decorados y de los making of) que la pretensión a la vez elevada e ingenua de Marguerite Yourcenar de desaparecer para mostrar las cosas tal como son, en su esencia y su verdad.

Conmueve especialmente el testimonio en primera persona del creyente que ha dejado de serlo, cuando transcribe las últimas palabras de los cuadernos de su época religiosa: “Te abandono, Señor. No me abandones Tú”. Por doquier, no sólo en ese pasaje, planea la sensación de que en relación con la fe, y pese a nuestro afán racionalista, existe una suerte de fatalidad, que o bien nos lleva a profesarla, o bien a carecer de ella. Cita Carrère estas palabras del Evangelio de Juan:

En verdad te digo, cuando eras joven, te ceñías tú mismo el cinturón e ibas a donde tú querías. Cuando hayas envejecido, extenderás las manos y otro te ceñirá, y te conducirá a donde no querías ir.

Y en un sentido similar, estas otras, tomadas de un apócrifo copto del siglo II:


Si haces que brote lo que está en ti, eso que hagas brotar te salvará. Si no haces que brote lo que está en ti, eso que no hagas brotar te matará.

San Lucas, El Greco.
De todos los personajes del libro, aquel con quien más se identifica el autor, y quien acaba condensando el sentido de esa “investigación” que lo vertebra, es Lucas, el discípulo griego de Pablo, luego evangelista, que nunca vio a Jesús pero que viajó con su maestro a Jerusalén y allí, presumiblemente, recogió de primera mano testimonios de personas que sí le habían conocido.

Además de inspirarse en una fuente primitiva, el conocido por los estudiosos del Nuevo Testamento como protoevangelio Q (de Quelle, fuente, en alemán), al que también tuvo acceso Mateo y del que provienen pasajes, incluidos algunos de los dichos más célebres de Jesús, que sólo ellos cuentan. A Carrère le seduce especialmente la figura de este evangelista, que quiso conciliar el cristianismo exaltado, brillante y universalista de San Pablo con el más hebreo, oscuro y circunspecto de Santiago, Pedro y los discípulos que habían conocido a Jesús. Así lo retrata:


El Lucas que imagino no podía evitar, cuando escuchaba a Pablo despotricar de Santiago, pensar para sí que Santiago tenía algo de razón. Y viceversa, cuando Santiago despotricaba de Pablo. ¿Lo convierte esto en un hipócrita? ¿Uno de esos hombres divididos a los que, según sus propias palabras, el Señor no se da? ¿Un hombre cuyo sí se inclina al no y cuyo no se inclina al sí? No lo sé. Peroun hombre que piensa que la verdad siempre tiene un pie en el campo contrario, ciertamente. Un hombre para el que el drama pero también la sal de la vida es que todo el mundo tiene sus razones y ninguna es mala. Lo contrario de un sectario. Esto es, lo contrario de Pablo, aunque eso no le impidió amarlo y admirarlo, permanecer fiel a él y hacer de él el héroe de su libro [se refiere a los Hechos de los Apóstoles].

No sé por qué, me parecen las palabras más a propósito para meditar sobre lo que ha ocurrido en París. El demonio, al que hay que combatir con determinación, está y estará siempre en la intolerancia dogmática. Que no es exclusiva, y los agnósticos debemos ser conscientes de ello, de las personas que se atienen a una fe religiosa. Le Royaume es un libro pensado y que hace pensar, documentado y que documenta a quien lo lee, dejándole margen de interpretación personal. Todo un ejemplo.

Postdata: No deja de ser una significativa coincidencia que el mismo día del atentado apareciera en Francia otro libro, de un autor francés de primera fila, que tiene como tema la religión, en este caso a través de la ficción futurista de una Francia que elige a un musulmán presidente de la República. Se llama Soumission y su autor es Michel Houellebecq. Otro de esos escritores a quienes, se esté o no de acuerdo con ellos, uno se apresura a leer. Lo que está claro es que la religión, y la reflexión sobre ella, están de moda. Las tesis de Houellebecq siempre sacuden la mente. Y aunque a raíz del atentado haya cancelado los actos de promoción del libro, habrá que leerlo, también.

BBC mundo

EEUU reveló archivos secretos sobre el misterio de los ovnis

La Fuerza Aérea decidió mostrar los informes de avistamientos de naves espaciales después de la Segunda Guerra Mundial. Están ordenados por décadas y se pueden descargar de forma gratuita.
Estados Unidos hizo públicos, a través de internet, sus documentos sobre avistamientos de ovnis después de la Segunda Guerra Mundial. Concretamente, se trata de los informes recogidos en el llamado Proyecto Libro Azul, que recoge en 129.000 páginas más de 10.000 casos observados entre 1947 y 1969.

Estos documentos se encontraban en los archivos nacionales de Washington. Ahora, el Ejecutivo ha decidido volcarlos en internet para que todo el mundo pueda acceder a ellos.

"Hay un montón de trabajo para los investigadores aficionados, ahora podrán obtener explicaciones que nunca tuvieron y que les llevarán a reconsiderar, o no, sus estudios",indicó el autor manual de las investigaciones, Nigel Watson, al diario británico Daily Mail.

Este diario destaca que Watson está particularmente intrigado, "por razones históricas", por los informes presentados por Kenneth Arnold, un hombre que dice haber visto hasta nueve ovnis sobre el monte Rainier, el 24 de junio de 1947. El gobierno de Estados Unidos se interesó por su testimonio.El objetivo del Ejecutivo era determinar si los ovnis eran una amenaza para la seguridad nacional, así como analizar científicamente los datos relacionados con este suceso.

INFOBAE

El misterio del canto cambiante de las ballenas boreales

Algunos de los sonidos más hermosos y fascinantes del mundo son creados por animales.
Un ejemplo es el canto de las grandes ballenas.Hermosos por su calidad y gama, fascinantes por su complejidad y las intrincadas razones que hacen que los animales canten.

Los cantos de la ballena jorobada o la azul son los más conocidos. Pero nuevas investigaciones han confirmado que dentro de las ballenas hay una cuyas canciones son aún más impresionantes.

Se trata de la ballena de Groenlandia –también conocida como ballena boreal– que posee un repertorio asombroso.

Recientemente, un equipo de investigadores grabó 12 canciones nuevas entonadas por estas ballenas durante su migración anual.

Este descubrimiento revela más detalles sobre cómo se comunica esta enigmática criatura que pasa la mayor parte de su vida bajo la gruesa capa de hielo ártico.

Viaje musical

La nueva investigación se centró en una población de ballenas boreales que viajaban –como hacen todos los años en primavera– por la costa oeste de Alaska.

Los científicos grabaron más canciones nuevas durante este período de las que se hayan observado antes en este grupo, que pertenece a la población de Bering-Chukchi-Beaufort, la más grande de cuatro localidades aisladas geográficamente.

El estudio, publicado en la revista Marine Mammal Science, también descubrió que al menos seis de estas canciones eran compartidas entre los miembros del grupo.

Con micrófonos submarinos llamados hidrófonos, el equipo grabó en dos sitios y descubrió 12 canciones únicas entonadas en un grupo formado por 32 individuos.

Un estudio anterior registró un número mayor de canciones exclusivas (66), pero durante un período más largo, de un año.

Repertorio variado

Si bien es cierto que otras especies también cantan, la ballena boreal es la que parece tener más y más variadas canciones.

Estos detalles han salido a la luz solo recientemente ya que resulta muy difícil observarlas, debido a que su remoto hábitat está cubierto de una gruesa capa de hielo marino durante la mayor parte del año.

Se sabe que estas ballenas también cambian sus melodías de año en año, pero cuántas canciones tienen en su repertorio o por qué se comportan de esta manera continúa siendo un misterio.

Y esto es exactamente lo que Kate Stafford, coautora del nuevo estudio de la Universidad de Washington, en Seattle, Estados Unidos, se propone averiguar.

Los investigadores creen que las canciones de las ballenas de Groenlandia pueden ser una forma de llamado o una muestra de aptitud para la reproducción.

Lo que sí está claro es que una ballena puede aprender un canto de la otra.

Mundo mágico

"La ballena boreal es única entre todas las ballenas porque cambia sus canciones dentro del mismo año y entre años", le explicó Stafford a la BBC.

"Sería maravilloso entender no sólo por qué cantan, sino también por qué cantan tantas canciones diferentes".

El hecho de que sean tan diferentes es lo que intriga a Stafford.

Los cuatro grupos de ballenas boreales, por ejemplo, nunca fueron vistos cantando las mismas canciones.

"De todas los cetáceos barbados, las ballenas jorobadas son las que más se conocen por su canto. Todos hemos escuchado hablar de sus canciones de caza, pero cada una de ellas canta la misma melodía todos los años. Cuando una canción cambia, el resto adopta la nueva melodía", dice Stafford.

La variedad puede atribuirse, en parte, a que están creciendo rápidamente en número. Un hecho notable, ya que el grupo estuvo al borde la extinción por la caza intensiva que tuvo lugar entre 1600 y 1800."Es fascinante que la ballena de Groenlandia sea tan distinta a las otras especies de ballena".

Ahora, que es posible dejar hidrófonos bajo el agua por más de un año, los investigadores se proponen escuchar más de estas canciones fascinantes.

"Si escuchamos bajo el hielo, siempre descubriremos algo nuevo. Solemos pensar en el Ártico como un vasto páramo helado. No lo es. Hay muchas cosas pasando todo el año bajo la capa de hielo. Es un mundo mágico", dice la investigadora.

"Si pudiese pasar el resto de mi carrera escuchando a las ballenas boreales con un hidrófono, sería una persona muy feliz".

BBC mundo