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Entrada destacada

Cuáles son los cinco enigmas más grandes de la Humanidad

La revista de Historia de la BBC ha resumido, según la opinión de veinte arqueólogos e investigadores, los enigmas y misterios más desconcer...

Revelan el verdadero origen de las pirámides en Egipto: utilizaron una tecnología muy avanzada

Un grupo de especialistas identificó indicios de una técnica hidráulica avanzada que habría permitido trasladar y levantar grandes bloques de piedra mediante el uso controlado del agua.


El misterio que rodea a las pirámides de Egipto ha despertado el interés de historiadores, arqueólogos y viajeros durante siglos. La precisión de su arquitectura y el enorme tamaño de los bloques utilizados en su construcción han alimentado múltiples teorías sobre cómo pudieron levantarse estas estructuras monumentales. Un estudio reciente publicado en la revista científica PLOS ONE plantea ahora una nueva explicación sobre el posible método utilizado para edificarlas.

Un grupo de investigadores liderado por Xavier Landreau, del Instituto Paleotécnico de la Comisión de Energía Atómica y Energías Alternativas (CEA) de Francia, sugiere que los antiguos egipcios podrían haber utilizado un sistema hidráulico para desplazar y elevar las piedras en la Pirámide escalonada de Djoser, situada en la necrópolis de Saqqara.

La Pirámide Escalonada del faraón Djoser, erigida hace aproximadamente 4650 años, constituye el primer intento de los egipcios de levantar una construcción monumental completamente con bloques de piedra tallada.

Este mecanismo, fundamentado en la gestión de agua y sedimentos, podría haber facilitado el transporte de bloques de varias toneladas de manera eficiente, eliminando la necesidad del esfuerzo humano exclusivo que se creía indispensable hasta el momento. Este hallazgo abre nuevas perspectivas para comprender la construcción de monumentos que, hasta ahora, parecían desafiar las leyes de la ingeniería antigua.

Revelan el método del agua para mover las piedras gigantes de la Pirámide de Djoser

La investigación detalla que el Gisr el-Mudir funcionaba como una especie de presa de retención de sedimentos, regulando el flujo de agua y creando un lago temporal que suministraba agua para las tareas de elevación. Mientras tanto, la sección sur del foso seco contenía compartimentos que actuaban como un sistema de purificación y retención, asegurando que el agua utilizada estuviera libre de partículas que pudieran obstruir el mecanismo.

El estudio indica que los egipcios podrían haber creado un sistema de elevación hidráulica interno, que operaba de manera similar a un volcán: el agua sedimento-libre del foso seco habría sido usada para levantar los bloques desde el centro de la pirámide hacia los niveles superiores. Este método no solo facilita la explicación del transporte y posicionamiento de los enormes bloques, sino que también demuestra un conocimiento avanzado de hidráulica.

Innovación: transformando inundaciones en oportunidades

Antes de la Cuarta Dinastía, uno de los principales retos que enfrentaban los antiguos egipcios no era la escasez de agua, sino su exceso. Las crecidas anuales del Nilo solían inundar los sitios de construcción, dañar materiales como la madera y dificultar el transporte de suministros. Sin embargo, en lugar de combatir este fenómeno natural, los ingenieros egipcios lograron convertirlo en una ventaja, utilizando la fuerza del agua como un recurso esencial para la construcción.

Este enfoque marcó un cambio decisivo en la arquitectura monumental del Antiguo Egipto. En apenas una generación, el tamaño de los bloques de piedra empleados en las obras se duplicó. Para la época de la construcción de la Gran Pirámide de Keops, alrededor del año 2550 a.C., los bloques ya superaban las cinco toneladas.

Según los cálculos de los especialistas, trasladar estas enormes piezas mediante rampas tradicionales habría requerido al menos 4000 obreros trabajando de forma continua, mientras que un sistema hidráulico de elevación habría reducido notablemente la dependencia de fuerza humana.

La ingeniería egipcia, un logro asombroso en la historia

El hallazgo de este sistema sugiere que los antiguos arquitectos egipcios poseían conocimientos sofisticados de ingeniería hidráulica, probablemente aplicados también en la construcción de canales y transporte de piedras por barcazas.

Lejos de depender únicamente de fuerza humana y rampas, los constructores del Antiguo Egipto diseñaron soluciones inteligentes que optimizaban los recursos disponibles y aceleraban el proceso de construcción.

Este enfoque explica cómo pudieron levantar toneladas de piedra y mantener la precisión geométrica que caracteriza a estas pirámides. Además, el uso estratégico del agua representa un ejemplo temprano de ingeniería sostenible, donde los recursos naturales se integraban de manera eficiente al diseño arquitectónico.

Fuente: cronista.com

La muerte, bajo revisión: la ciencia empieza a desvelar un misterio

¿Es la muerte un final o un proceso que apenas empezamos a comprender? La ciencia contemporánea cuestiona la idea del apagón súbito y dibuja un escenario mucho más complejo, en el que el cerebro puede desplegar una intensa actividad en sus últimos instantes y la consciencia se convierte en el gran enigma.


Sergio Peris-Mencheta, director de escena: “Se nos debería enseñar a morir, y es lo único que no se nos enseña”. La muerte, lejos de ser un simple apagón biológico, es un territorio lleno de matices que apenas empezamos a vislumbrar. Durante siglos la imaginamos como un límite nítido, un punto final. Pero la ciencia contemporánea —desde la neurociencia hasta las teorías cuánticas más especulativas— está revelando que ese límite es más poroso, más dinámico y más misterioso de lo que nuestra intuición permite comprender.

Morir no ocurre de golpe: es un proceso en el que el cerebro, en lugar de desvanecerse silenciosamente, puede desplegar una actividad intensa, casi luminosa, como si la consciencia realizara un último esfuerzo por expandirse o reorganizarse.

Las experiencias cercanas a la muerte, antes relegadas al terreno de la fantasía o la alucinación, se interpretan ahora como estados extraordinarios de la mente, capaces de generar percepciones más vívidas que la realidad cotidiana.

A esto se suma la posibilidad —todavía hipotética, pero intelectualmente provocadora— de que la consciencia no sea solo un producto del cerebro, sino un fenómeno más profundo, quizá ligado a la estructura misma del universo. Si así fuera, la muerte no sería una aniquilación, sino una transformación: el paso de una consciencia localizada, “partícula”, a una forma más amplia y distribuida, “onda”, que ya no depende del cuerpo para existir.

Incluso si estas ideas no están demostradas, su sola formulación abre un horizonte nuevo. Nos obliga a aceptar que la muerte no es un simple final, sino un fenómeno complejo en el que biología, mente y realidad se entrelazan de maneras que apenas empezamos a comprender.

En ese sentido, decir que la experiencia de morir es infinitamente más compleja no es una exageración poética, sino un reconocimiento de nuestra ignorancia. Morir podría ser, más que un cierre, un proceso lleno de actividad, significado y posibilidades que desafían nuestras categorías habituales. Y quizá por eso, cuanto más aprendemos sobre la muerte, más se expande el misterio de lo que significa estar vivos.

Morir no es simplemente dejar de existir, sino atravesar un umbral cuya profundidad apenas intuimos. La muerte, que durante tanto tiempo imaginamos como un apagón brusco, se revela más bien como un proceso en el que la consciencia parece desplegar sus últimas posibilidades, como si en el borde mismo de la disolución se abriera un espacio inesperado de lucidez.

Quizá porque la vida, al tensarse hacia su final, ilumina aquello que normalmente permanece oculto: la fragilidad del yo, la porosidad entre mente y mundo, la extraña continuidad entre lo que creemos ser y lo que nos trasciende.

En ese tránsito, la identidad deja de ser una estructura rígida y se vuelve un flujo, un movimiento que no se detiene de inmediato, sino que se transforma, se expande o se repliega en formas que todavía no comprendemos. La muerte, entonces, no sería un muro sino una frontera permeable, un pasaje en el que la consciencia podría experimentar una complejidad que desborda nuestras categorías habituales, como si el final de la vida biológica no coincidiera necesariamente con el final de la experiencia.

Tal vez por eso, cuanto más investigamos ese instante liminal, más evidente se vuelve que morir no es un acto simple, sino un acontecimiento lleno de matices, un misterio que nos obliga a reconsiderar qué significa estar vivos y qué significa dejar de estarlo, como si la muerte fuera menos un cierre que una transformación cuyo sentido aún se nos escapa.

Es la consciencia la que crea el universo y no al revés implica invertir el orden habitual con el que interpretamos la realidad, porque nos invita a pensar que el mundo no es una estructura fija que existe independientemente de nosotros, sino una trama que se despliega a través del acto mismo de percibir. Bajo esta mirada, la materia deja de ser el fundamento último y se convierte en una expresión secundaria de algo más profundo: la experiencia.

El universo no sería entonces un escenario preexistente en el que la consciencia aparece como un accidente tardío, sino un proceso que se actualiza a través de la mirada que lo contempla, como si cada forma, cada ley y cada acontecimiento emergieran del encuentro entre el ser que observa y aquello que es observado.

Esta idea no niega la existencia del mundo, pero sí cuestiona su supuesta independencia, sugiriendo que la realidad es inseparable del sujeto que la vive. La consciencia, en este sentido, no sería un producto de la evolución biológica, sino el principio organizador que hace posible cualquier noción de existencia. Y si esto es así, entonces el universo no es un objeto externo, sino una manifestación de la profundidad misma del ser, un espejo en el que la consciencia se reconoce a través de infinitas formas.

Fuente: mundiario.com/

"El peligro de la tecnología es la causa de que se mantenga en secreto el contacto con extraterrestres"

Cuando alguien levanta su voz al cielo y asegura haber estado en contacto con seres de otros planetas, el mundo de la ciencia levanta la mano, pide la palabra y formula una sencilla pregunta: ¿tienes pruebas de ello? "Es complicado, los seres tienen campos magnéticos e impiden cualquier tipo de fotografia, tan solo se les puede pintar", asegura uno de los asistentes al Congreso Mundial de Ufología que este fin de semana celebra su tercera edición en Barcelona.


Al evento acuden personas de diferente pelaje, desde periodistas que han dedicado toda su vida a la investigación del misterio como Enrique de Vicente o el mexicano Jaime Maussan -ganador de un premio Ondas- pasando por científicos de prestigio en la física teórica como el estadounidense Michio Kaku, diversos conferenciantes que aseguran haber contactado con aliens, exmilitares con testimonios de primera mano sobre avistamientos e incluso un exalto cargo del ministerio de Defensa británico como Nick Pope que se ha convertido en una celebridad televisiva por sus revelaciones sobre los papeles secretos del Gobierno de su país.

"En el siglo XXI la gente está preparada para conocer que ya se han producido contactos", asegura este autor y periodista británico durante la presentación del evento que arranca este viernes. "El motivo de que esta información siga ocultándose a la gente y mantenida en secreto es que se descubra la tecnología que utilizan los extraterrestres y que estos avances tecnológicos puedan ser utilizados como un arma por parte de países enemigos o grupos terroristas".

Pope trabajó durante 21 años para el gobierno británico. Al comienzo de su carrera para Defensa fue asignado al Centro de Operaciones Conjunta de la Guerra del Golfo Pérsico y su última aportación en aquel ministerio fue como Director Adjunto en el área de seguridad: su trabajo allí era investigar el fenómeno ovni y los avistamientos que reportaban pilotos, oficiales de policía y personal militar.

En 2006 abandonó el ministerio de defensa con mucha información en la mochila. Y se dedicó a divulgar lo que conocía. Muchos avistamientos podían explicarse de forma racional, pero otros, dice, desafiaban cualquier explicaciones convencional. "El miedo a lo deconocido, a lo extraño, está muy impregnado en nuestro cerebro y está muy ligado a la evolución de la humanidad. Por eso es normal que rechacemos cualquier idea que rompa nuestros planteamientos previos", explica.

Este miedo a lo desconocido es, según el militar italiano Roberto Pinotti, otro de los motivos por los que aún no se ha producido un contacto franco y abierto con otras civilizaciones. "Están esperando a que maduremos como sociedad", subraya este exoficial de brigada en el ejército italiano sobre el hecho de que, hata la fecha, ninguna civilización extraterrestre se haya decidido a darse a conocer. "De momento tienen miedo a que los Gobiernos no sean capaces de controlar la situación".

"¡Muchos ya hemos tenido ese contacto!", le interpela el boliviano Antonio Portugal, un investigador de culturas precolombinas que, según asegura, ha contactado "personalmente" con extraterrestres y estos le han encomendado la misión de divulgarlo. "Se darán a conocer muy pronto, pero existe gente destructiva en el mundo y tienen miedo de que les ataquemos".

"En todos los países crece el número de personas que cree en civilizaciones cósmicas", abunda James Hurtak, otro de los invitado al evento barcelonés, maestro en teología, arqueólogo, director de la Asociación de Investigación de la Gran Pirámide de Giza y autor de más de 20 libros sobre ciencia social y futurista. "Cada vez hay más personas que creen estas civilizaciones o en la teoría de los antiguos astronautas. El rechazo a estas idea está quedando atrás".

Fuente: 20minutos

Estudios del ADN humano arrojan luz sobre el último gran misterio de Genghis Khan

En 2003, un estudio afirmó que 1 de cada 200 hombres era descendiente directo de Genghis Khan. Este estudio ha tratado de demostrar si eso es cierto o no.


Un análisis de ADN antiguo publicado en la revista PNAS cuestiona uno de los relatos más difundidos sobre Genghis Khan: la idea de que 1 de cada 200 hombres desciende de él. El estudio examina restos de la élite de la Horda de Oro y redefine el alcance real de su legado genético.

La hipótesis surgió hace más de dos décadas, cuando un equipo de investigadores identificó un linaje del cromosoma Y, denominado haplogrupo C3*, presente en torno al 8% de los varones de Asia Central y distribuido por amplias regiones de Eurasia. La expansión temporal de este marcador coincidía con el auge del Imperio mongol, lo que llevó a vincularlo directamente con la descendencia masculina del conquistador.

El nuevo trabajo, liderado por científicos de la Universidad de Wisconsin–Madison junto a especialistas de Kazajistán y del Instituto Nacional de Genética de Japón, analizó cuatro individuos enterrados en tumbas de alto rango asociadas a la Horda de Oro. Según explicó Ayken Askapuli, autor principal del estudio, "es un poco como la ciencia forense", al describir el proceso de reconstrucción genealógica a partir del genoma.
Un linaje más complejo

Los resultados confirmaron que los tres varones examinados compartían ascendencia paterna y pertenecían al haplogrupo C3*. Sin embargo, el detalle determinante radica en que portaban una subrama específica que hoy es mucho menos frecuente que la variante dominante en la población actual.

John Hawks, profesor en la Universidad de Wisconsin–Madison y coautor del artículo, precisó: "Con los resultados de ADN antiguo podemos distinguir diferentes ramas del genoma que están próximas entre sí, pero no son idénticas". Esta diferenciación técnica altera la interpretación tradicional sobre la supuesta descendencia masiva del líder mongol.

La investigación subraya que el linaje C3* más común en la actualidad podría no corresponder directamente al de Genghis Khan, sino a otra rama emparentada que también se expandió durante la era mongola o incluso antes. Sin restos confirmados del propio conquistador, resulta imposible determinar qué variante concreta del cromosoma Y portaba.

La tumba del fundador del Imperio mongol sigue sin localizarse con certeza, aunque la tradición la sitúa en la montaña de Burkhan Khaldun. Hasta que no se disponga de material genético inequívoco, la dimensión exacta del legado biológico de Genghis Khan continuará moviéndose entre la evidencia científica y la leyenda histórica.

Fuente: el confidencial

Desentierran una ciudad perdida y un hallazgo sin precedentes: Madinat al Zāhira y revela un misterio de mil años

Un equipo de investigadores ha identificado el lugar donde podría haber estado Madinat al Zāhira, la mítica ciudad palatina erigida por Almanzor en el siglo X y desaparecida sin dejar rastro. El hallazgo, liderado por el profesor Antonio Monterroso Checa de la Universidad de Córdoba, aporta pruebas físicas y tecnológicas que sitúan la ciudad perdida en el extremo oriental de Córdoba, cerca de Alcolea.


Un enigma resuelto con tecnología de vanguardia


Durante siglos, Madinat al Zāhira ha sido uno de los mayores misterios de la arqueología andalusí. A diferencia de Madinat al Zāhra, la ciudad edificada por Abderramán III al oeste de Córdoba y ampliamente estudiada, la fundación de Almanzor se mantuvo envuelta en el mito y la especulación.

El nuevo estudio utiliza sensores LiDAR del Instituto Geográfico Nacional, una tecnología que permite detectar alteraciones en el terreno invisibles al ojo humano. Gracias a este método, el equipo dirigido por Monterroso Checa ha logrado “un nivel de detalle sin precedentes que refuerza y amplía una hipótesis planteada por primera vez en 2023”, según la investigación citada por Historia National Geographic. El análisis digital revela la presencia de anomalías topográficas a lo largo de más de 1.200 metros lineales, asociadas a una trama urbana compleja y organizada.

Una extensión comparable a Madinat al Zāhra

Los datos obtenidos permiten estimar que Madinat al Zāhira habría ocupado unas 120 hectáreas. La posible ubicación se encuentra a unos 12 kilómetros de la Mezquita-Catedral de Córdoba, en una zona de alto valor estratégico y simbólico durante la época califal. El espacio identificado, próximo al entorno de los cabezos de las Pendolillas, coincide con una de las dos únicas áreas de Dehesas Reales del municipio, lo que refuerza la plausibilidad histórica del hallazgo.

El propio Monterroso Checa señaló: “Esta es la única de las 22 propuestas existentes hasta la fecha que se apoya en datos físicos contrastables, lo que abre una nueva vía para abordar uno de los mayores misterios de la Córdoba medieval”.

La zona habría estado ligada al Realeango y llegó a albergar las Yeguadas Reales desde la época de Felipe II, un dato que subraya la continuidad histórica del lugar.

Evidencias constructivas y tramas urbanas singulares


El análisis de los modelos digitales del terreno muestra edificios de planta rectangular y cuadrangular, organizados de forma aterrazada y siguiendo una planificación ordenada. En algunas áreas, se han detectado construcciones que rompen la trama ortogonal tradicional y se orientan hacia el sureste, un rasgo que los investigadores consideran significativo no solo desde el punto de vista urbanístico, sino también simbólico.

Esta disposición refuerza la hipótesis de que en el enclave existió una gran fundación palatina andalusí, con una organización espacial planificada y compleja, propia del esplendor de la época de Almanzor. Los expertos destacan que “el entorno histórico y topográfico del hallazgo coincide con referencias documentales sobre la ubicación de Madinat al Zāhira”, aportando un respaldo adicional a la propuesta.

El empleo de tecnología LiDAR ha permitido superar las limitaciones de las investigaciones previas, que se basaban en fuentes literarias y conjeturas, y ofrece por primera vez evidencias físicas concretas. La presencia de anomalías topográficas alineadas con estructuras urbanas, junto con la localización estratégica en relación al territorio cordobés, constituyen los tres fragmentos clave que sustentan la importancia del hallazgo:
  • Una superficie de 120 hectáreas identificada mediante tecnología avanzada
  • Restos de una trama urbana compleja, con orientaciones simbólicas
  • Vinculación histórica y geográfica con contextos reales documentados.   
Un avance crucial para la arqueología andalusí

La posible localización de Madinat al Zāhira representa un avance de gran relevancia para la arqueología española y para el conocimiento de la Córdoba califal. Hasta ahora, el paradero exacto de la ciudad de Almanzor era objeto de debate y conjeturas, con más de veinte propuestas planteadas a lo largo de los siglos. “El hallazgo abre una nueva vía para abordar uno de los mayores misterios de la Córdoba medieval”, afirmó Antonio Monterroso Checa.

La investigación, recogida por Historia National Geographic, marca un hito al fundamentarse en datos físicos y no solo en fuentes escritas. El hallazgo invita a futuras excavaciones y estudios que podrían confirmar la hipótesis y recuperar los vestigios materiales de una de las ciudades más legendarias de Al-Ándalus.

Fuente: Infobae

Gatos negros y brujería: la historia oculta detrás del mito

Descubre cómo los gatos negros pasaron de animales sagrados a símbolos de brujería y miedo, y cómo siglos de superstición, religión y folclore moldearon nuestra visión de estos felinos misteriosos.


Los gatos negros pasaron de animales sagrados a símbolos de brujería y miedo, y cómo siglos de superstición, religión y folclore moldearon nuestra visión de estos felinos misteriosos

Los gatos negros nunca han sido solo gatos. Sus ojos brillando en la oscuridad y su andar silencioso los convirtieron en símbolos de misterio, temor y fascinación. Pero ¿por qué se los asocia con la brujería? La respuesta se encuentra en un hilo que atraviesa la historia, la superstición, la religión y la cultura, desde Egipto hasta América Latina, y que revela más sobre nosotros que sobre ellos.


Bastet, Hécate y el inicio del misterio

En las antiguas civilizaciones, el gato negro era un protector. En Egipto, Bastet, diosa de la fertilidad y la luz, adoptaba la forma felina. Grecia veía en Hécate, la diosa de la magia, un vínculo con los gatos. En esas culturas, el felino negro encarnaba lo enigmático, pero también la protección, el poder de lo nocturno y lo sagrado. La oscuridad de su pelaje no era maldad, sino misterio: un espejo de lo desconocido que los humanos admiraban y respetaban.

La Edad Media: de guardianes a demonios


Todo cambió en la Europa medieval. En 1233, el papa Gregorio IX publicó la Bula Vox in Rama, describiendo rituales en los que los iniciados besaban a un gato negro para renunciar a Dios. El animal se convirtió en símbolo del Diablo y en vehículo de la bruja. La superstición se consolidó: el gato negro no era solo un felino, sino un intermediario del mal.

Durante la Peste Negra, esa imagen tuvo consecuencias mortales. Los felinos fueron quemados y sacrificados porque se creía que propagaban la enfermedad y que eran cómplices de brujas. En Metz (Francia), doce gatos negros fueron quemados vivos; en otras regiones, la matanza fue aún más extensa. La asociación entre gato negro y maldad se reforzó no solo por la religión, sino también por la necesidad de encontrar culpables, chivos expiatorios para el miedo colectivo.


La bruja y su sombra felina

En la tradición europea se contaban relatos donde los gatos negros acompañaban a las brujas como sus “familiares”, y se creía que dañar a un felino podía afectar, sin saberlo, a una persona acusada de brujería; esto también porque habia quiénes decían las brujas se convertían en los felinos de pelo azabache. El gato se volvió así no solo un símbolo, sino un espejo de lo temido: la transgresión, lo femenino y lo prohibido.

En el País Vasco, se cuenta que un gato de tamaño mediano entraba en aquelarres, era besado por los iniciados y participaba en rituales de magia. Otras leyendas narran cómo campesinos que dañaban un gato negro terminaban, sin saberlo, afectando a una mujer acusada de brujería. El gato se volvió así no solo un símbolo, sino un espejo de lo temido: la transgresión, lo femenino, lo prohibido.

Los rituales también incluían la utilización de partes del felino: pieles, grasa y sangre para preparar pócimas. No era superstición sin sentido: cada gesto tenía un valor simbólico, reforzando la idea de que el gato negro era intermediario de fuerzas que los humanos no podían controlar. Caro Baroja explica que estos relatos reflejan un miedo profundo a lo femenino, a lo nocturno, a lo desconocido, y cómo la sociedad proyectaba esos temores en un animal que podía ser acariciado en un momento y condenado al fuego en otro.

América Latina: leyendas que cruzan el Atlántico


Con la colonización europea, los mitos llegaron a América Latina. Aunque los gatos no eran nativos, se integraron en el imaginario local. Se les atribuían poderes misteriosos y vínculos con hechicería. En México y Centroamérica, se decía que los gatos negros acompañaban a curanderas y brujas, actuando como vigilantes o espíritus acechantes. Incluso hoy, en festividades como Halloween, su presencia evoca siglos de superstición, recordándonos la persistencia de estas narrativas.

Entre la historia y el simbolismo

Los gatos negros, en última instancia, no representan el mal. Representan nuestra historia, nuestro miedo a lo desconocido y a lo transgresor. La Iglesia medieval, los inquisidores, los cuentos populares y los etnógrafos como Caro Baroja nos muestran cómo la sociedad canaliza sus ansiedades y cómo las proyecciones humanas pueden marcar la vida de los seres más inocentes. Si bien no existe una fecha exacta ni un momento preciso en que los gatos se convirtieron en símbolos de brujería o del mal, este fenómeno es un hecho histórico: resultado de coincidencias, imaginarios colectivos y miedos compartidos que, al igual que el terror a lo oculto, reflejan la simbología de nuestras propias ansiedades. El gato negro es, quizá, la sombra que nos devuelve nuestra propia mirada, el enigma que persiste en la noche y en nuestra memoria colectiva.


Fuente: pijamasurf.com

Hallazgo científico que desafía las diferencias entre humanos y animales

Hasta hace poco, se sostenía que únicamente los seres humanos, delfines y elefantes africanos poseían la capacidad de identificarse mediante "palabras" propias. No obstante, un estudio reciente ha revelado la existencia de una nueva especie que también exhibe la habilidad de llamarse por su "nombre".


Este hallazgo se refiere a los monos titís, que fueron objeto de investigación y se ha comprobado que son capaces de utilizar vocalizaciones específicas para dirigirse entre sí. Los resultados de este estudio fueron publicados en la revista Science.

La investigación, llevada a cabo por un equipo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, determinó que estos pequeños primates emplean llamadas fuertes y agudas para asignarse "etiquetas vocales" entre ellos.

Los monos titís se comunican y se identifican por su nombre

Los monos titís tienen sus propios "dialectos", similares a los humanos para codificar nombres dentro de sus grupos familiares. Este descubrimiento se realizó gracias a la grabación de "conversaciones" naturales entre estos primates y sus interacciones con monos y un sistema informático.

"Estas llamadas no se utilizan sólo para autolocalizarse, como se pensaba hasta ahora: los tití recurren a ellas para etiquetar y dirigirse a individuosconcretos y cada mono responde de forma precisa cuando escucha su nombre'", precisó el investigador.

Este comportamiento de los monos titís se asemeja a la comunicación humana. "Estamos muy interesados en el comportamiento social porque creemos que es lo que llevó esencialmente a los humanos a ser tan especiales en comparación con otros animales", aseguró David Omer, autor principal del trabajo.

Los tití tienen la habilidad de etiquetarse unos a otros con llamadas específicas, lo que sugiere que han desarrollado mecanismos cerebrales complejos, potencialmente análogos a los que acabaron dando lugar al lenguaje en los humanos.